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32 Internacional DESAFÍO NUCLEAR EN EXTREMO ORIENTE MIÉRCOLES 11 10 2006 ABC Ni siquiera el ensayo nuclear de Pyongyang aleja a los turistas de la zona desmilitarizada que separa a las dos Coreas desde el fin de la guerra y se ha convertido en un parque de atracciones La última frontera de la Guerra Fría P. M. DÍEZ. ENVIADO ESPECIAL PANMUNJEOM. Se llama zona desmilitarizada pero es una de las regiones del mundo con más concentración de armas, soldados y minas por metro cuadrado. Y no es para menos, ya que se trata de la última frontera que queda en pie de la época de la Guerra Fría, separando todavía a las dos Coreas tras la guerra civil librada hace ya medio siglo. Desde el 27 de julio de 1953, cuando se firmó el armisticio que puso fin al conflicto sin llegar a firmarse un tratado de paz, una franja de tierra de nadie de cuatro kilómetros de ancho recorre el Paralelo 38 y parte por la mitad la península coreana. Al sur, se encuentra uno de los tigres asiáticos que más se ha desarrollado en las últimas décadas, mientras que al norte resiste a duras penas uno de los países más pobres y cerrados del planeta, dirigido con mano de hierro por el régimen estalinista que pilota el dictador Kim Jong- il. Entre medias, a 62 kilómetros al norte de Seúl y 215 al sur de Pyongyang, se levanta el puesto fronterizo de Panmunjeom, un área de seguridad conjunta donde los soldados estadounidenses y surcoreanos patrullan a escasos metros de los militares de Corea del Norte, separados sólo por una raya pintada en el suelo. En dicho lugar, donde se acordó el fin de las hostilidades y aún se sigue dialogando sobre la paz y la reunificación, la tensión en el ambiente se masca estos días más que nunca por el ensayo nuclear de Pyongyang. Con medio cuerpo oculto tras las casetas azules situadas frente al Museo de la Paz, los oficiales surcoreanos aguantan la impenetrable mirada de los hieráticos soldados del Norte en una especie de duelo silencioso que ya se ha convertido en un reclamo turístico. Un soldado surcoreano monta guardia junto al Puente de la Libertad que separa el sur del norte de Corea EPA Soldados de camuflaje junto a atracciones de feria Mientras el barco vikingo del complejo de Imjingak se balancea para solaz de sus ocupantes, en su mayoría turistas chinos, un camión del Ejército con soldados de camuflaje enfila hacia la zona desmilitarizada A pesar de las concesiones al negocio, la frontera entre las dos Coreas es uno de los puntos más calientes del planeta, como demuestran las patrullas con fusiles en ristre, las vallas que recorren el horizonte y el alambre de espino y las barricadas en las carreteras. Creo que la gente tiene miedo, pero nosotros no estamos todavía en alerta reconoce, mientras apura su hamburguesa en el McDonald s de Munsan, el soldado Summers, uno de los 28.000 militares de Estados Unidos desplegados en el país. Los surcoreanos de la frontera, campesinos que pasean por los caminos al atardecer, se han acostumbrado a su presencia como un elemento más del paisaje de la zona desmilitarizada Paralelo 38 Zona desmilitarizada Mar Amarillo Kilju COREA DEL NORTE Pyongyang Mar de Japón u Oriental ra de la República Democrática Popular de Corea y una enorme estatua del padre de la patria Kim Il- sung, en Imjingak hasta se ha instalado un parque de atracciones con unos carruseles y un barco vikingo, como el de las ferias, al lado de los aviones y tanques que participaron en la sangrienta contienda. Panmunjeom Seúl Campana de la Paz Junto a ellos, se erigen la Campana de la Paz y el Puente de la Libertad, que 12.773 prisioneros de guerra surcoreanos cruzaron en 1953 para volver a su casa tras el armisticio. Por su parte, muchos soldados norcoreanos prefirieron no regresar al opresivo país comunista, como se recuerda en las banderas y cintas conmemorativas colgadas en la valla que impide el acceso al puente. Tras ella, pasa un tren que se dirige a la estación de Dorasan, construida en plena zona desmilitarizada gracias al deshielo de las relaciones entre las dos Coreas por la reunión de sus presidentes en el año 2000. Aunque esta línea ferroviaria iba a seguir hasta Pyongyang y a enlazar luego con el Transiberiano para llegar a Europa, en la actualidad acaba a pocos metros de la estación ubicada en el lado norcoreano. Toda una metáfora de las relaciones entre ambos países, que han entrado en una vía muerta de muy difícil salida. Miles de personas Debido a su trascendencia histórica, miles de personas acuden cada día tanto el check- point de Panmunjeom como el cercano complejo de Imjingak, levantado a orillas del río que marca la frontera natural entre los dos países. Quizás hoy han venido menos, pero no dejamos de tener visitas explicaba ayer un guía local, un día después de que Corea del Norte hubiera detonado su bomba atómica. Y es que los encantos de la zona desmilitarizada son muchos: desde el Puente Sin Retorno donde ambos bandos se intercambiaban espías hasta el claustrofóbico tercer túnel, cuyo kilómetro y medio de longitud fue excavado por Pyongyang a 300 metros de profundidad para que su Ejército pudiera invadir al vecino del Sur. Aunque el régimen estalinista siempre ha negado esta acusación, Seúl des- COREA DEL SUR 200 km cubrió en los 70 otras tres galerías subterráneas con las que sus militares pretendían penetrar en el país. Otro de los puntos de interés es el observatorio del Monte Dora. Con unos prismáticos, desde aquí se puede contemplar cómo los campesinos se esmeran en sus faenas agrícolas en el primer pueblo norcoreano al otro lado de la frontera, Daeseondong. A pesar del polígono industrial y de las dignas viviendas construidas intencionadamente en esta localidad, escaparate propagandístico del régimen estalinista, su imagen dista mucho de la que ofrece el lado sur. Mientras en Daeseondong destacan una altísima bande-