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30 MIÉRCOLES 11 10 2006 ABC Internacional Dos barcos atestados de norcoreanos se dirigían ayer a la ciudad china de Dandong, en el río Yalu, que sirve de frontera entre ambos países AP Pyongyang amenaza con lanzar misiles nucleares para forzar el diálogo con EE. UU. El régimen estalinista de Kim Jong- il insiste en su desafío, pese al aislamiento internacional rechaza el chantaje del régimen norcoreano mientras China, su aliado, advierte del impacto negativo que tendrá el ensayo nuclear en sus relaciones PABLO M. DÍEZ. ENVIADO ESPECIAL SEÚL. Sin recursos naturales, sin petróleo y sin dinero, el dictador de Corea del Norte, uno de los países más pobres y herméticos del mundo, no tiene absolutamente nada para mantenerse en el poder. Nada salvo, claro está, la tecnología nuclear que ha desarrollado durante los últimos años, que ya ha empezado a utilizar como su única arma diplomática. Tras la detonación de una bomba atómica el lunes, Pyongyang puso ayer sus cartas sobre la mesa para explicar los motivos que le han llevado a efectuar dicha prueba, condenada por la comunidad internacional. A través de un diplomático citado por la agencia de noticias surcoreana, Yanhop, y por la japonesa, Kyodo, el régimen estalinista amenazó con disparar misiles nucleares para forzar la negociación directa con Estados Unidos. Esperamos que la situación se resuelva antes de que se produzca un desafortunado incidente por el lanzamiento de alguno de nuestros cohetes planteó el diplomático norcoreano, quien b La Casa Blanca aseguró que todo dependerá de cómo actúe EE. UU. Con este chantaje, Corea del Norte confirmó lo que busca desde el primer momento: obligar a la Administración Bush a mantener unos contactos bilaterales con el fin de desbloquear las conversaciones a seis bandas celebradas en Pekín para lograr su desarme. Aunque el régimen estalinista se comprometió en noviembre del año pasado a renunciar a las bombas atómicas que aseguraba poseer desde febrero, el acuerdo encalló enseguida por la insistencia de Pyongyang en mante- ner su programa nuclear con fines civiles. Una posibilidad que Washington rechaza y que, junto a las últimas sanciones impuestas por unas supuestas acusaciones de blanqueo de dinero, han puesto a Corea del Norte contra la espada y la pared. Con su economía totalmente arruinada y con la población al borde de una nueva hambruna, este pequeño país, que permanece cerrado al exterior, necesita de la ayuda humanitaria para garantizar la subsistencia de sus 23 millones de habitantes. Pero dicha asistencia no llegará si Pyongyang no se pliega a las exigencias de la Casa Blanca, por lo que se ha lanzado a la desesperada a practicar la diplomacia atómica En este sentido, el diplomático no ocultó que el ensayo nuclear era una muestra de nuestra intención de sentarnos cara a cara con EE. UU. a la mesa de negociaciones al tiempo que insistió en nuestro derecho como nación independiente y soberana para llevar a cabo tales pruebas. Pero la presión del régimen estalinista sigue sin surtir efecto en Washington, que rechaza cualquier tipo de El nuevo primer ministro japonés descarta recurrir a las armas atómicas en el futuro P. M. D. SEÚL. Aparte de los peligros que entraña, por sí mismo, el arsenal atómico de Corea del Norte, otro de los riesgos es que desate una carrera armamentística tanto en su vecino del sur como en Japón. Ante este temor, el nuevo primer ministro nipón, Shinzo Abe, aclaró ayer que no habrá cam- bios en nuestros principios no nucleares El Parlamento del imperio del Sol Naciente aprobó una declaración de repulsa porque como único país que ha sufrido un ataque nuclear, Japón condena las acciones de Corea del Norte y le exige que abandone su programa atómico Para ello, el Go- bierno nipón no descarta la imposición de severas medidas económicas. Entre ellas, un bloqueo comercial y la no admisión en su país de ciudadanos norcoreanos. Unas medidas que también sopesa EE. UU. que en principio no se muestra dispuesto a utilizar la fuerza contra el régimen estalinista de Pyongyang. Mantenemos la opción militar sobre la mesa porque Corea del Norte debe saberlo, pero el presidente Bush ha dejado muy claro que quiere que este problema se resuelva pacífica y diplomáticamente reveló el embajador norteamericano en la ONU, John Bolton.