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48 Madrid MARTES 10 10 2006 ABC Expediente al restaurante que rechazó celebrar el banquete de una boda gay El servicio municipal de Consumo escuchará la versión de ambas partes ABC MADRID. El responsable de Economía del Ayuntamiento de Madrid, Miguel Angel Villanueva, ha ordenado a los servicios municipales de Consumo que abran un expediente informativo en relación con la negativa de un restaurante a celebrar el banquete de boda de una pareja homosexual. El restaurante La Favorita situa- MADRID AL DÍA YO PONDRÉ LA GUERRA MANUEL MARÍA MESEGUER do en la calle Covarrubias, rehusó acoger el banquete de boda de una pareja homosexual por política de empresa según explicó a Efe un portavoz de la empresa, que negó que hubiese existido discriminación. El expediente informativo dará tramite de audiencia a los supuestos afectados, si lo consideran oportuno, y a la empresa, y de resultado de ese expe- diente informativo se podría dar lugar a un expediente sancionador El responsable municipal de Economía no quiso anticipar plazos para la resolución del expediente hasta saber si los afectados están dispuestos a participar y subrayó que si no, ya actuaríamos de oficio De momento, no se ha recibido ninguna denuncia en el Ayuntamiento. o malo de los paralelismos es el masaje que indefectiblemente se aplica sobre la vanidad del asemejado de modo que lo que se pretende como reconvención o tirón de orejas termina siendo, dado el sentido moral de los personajes en cuestión, enaltecimiento y consideración. Pero ese es el riesgo. En los prolegómenos del conflicto hispano- estadounidense, la España de 1896- 98 vivió el acoso de un personaje dispuesto a medrar aún a costa de llevar a su país a una guerra. El punto de no retorno fue la publicación por el New York Journal de William Randolph Hearst, el Ciudadano Kane de Orson Welles, de una noticia falsa: El Maine partido en dos por una máquina infernal del enemigo (el enemigo era España) Cuando uno de sus enviados a Cuba para ilustrar el previsible desastre de España le sugirió a su patrón el regreso porque no había escenas de guerra que dibujar, respondió Hearst sin dilación: Quédese. Ponga usted las ilustraciones. Yo pondré la guerra Y la puso. En Estados Unidos fue llamada la guerra de Hearst La gran mayoría de los estadounidenses no quería ninguna aventura bélica y menos por el capricho de un periodista empecinado, amoral y embustero amparado por políticos medrosos y acomodaticios. El New York Journal de Hearst llegó a vender un millón de ejemplares diarios y cuando flojeaban las ventas, el tiburón del amarillismo amenazaba con títulos como Remember the Maine para revitalizarlas. Fue él también quien inventó un tipo de letra imposible para la época de manera que sólo dos palabras- -War sure (guerra segura) -ocupaban toda la primera página del Journal Numerosos hearst de medio pelo han proliferado desde entonces en occidente al socaire de la libertad de expresión. Algunos han terminado construyendo un gran imperio mediático, pero en la mayoría de los casos, especialmente en España, la épica de estos truchimanes es de plaza de pueblo y sus lemas, cacareos de gallinero. No parece que un nuevo Welles pueda interesarse por inmortalizar su presunta amoralidad ni por investigar sus evidentes ambiciones. Se trata simplemente de epígonos dispuestos a poner la guerra que se tercie si sirve a sus objetivos. Sin metáforas ni epopeyas. L