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4 Opinión MARTES 10 10 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Sociedad, Cultura y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Nacional) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar PARODIA ENTRE SELECCIONES NACIONALISTAS IENTRAS que Fernando Alonso, Rafael Nadal, la selección de baloncesto y otros deportistas españoles compiten y ganan al más alto nivel, algunos políticos nacionalistas pierden el tiempo en organizar una parodia de partido amistoso que califican de internacional entre Cataluña y el País Vasco. Poco más de 56.000 espectadores- -muchos menos que en un partido cualquiera de Liga- -asistieron en el Camp Nou a un espectáculo de reivindicación política disfrazado de competición futbolística. El resultado era lo de menos: lo importante era escenificar una pantomima que suscita a la inmensa mayoría de los españoles (incluidos, por supuesto, muchos miles de vascos y catalanes) una mezcla de sentimientos entre la indignación y la vergüenza ajena. La apología de los terroristas y las alusiones de pésimo gusto a los símbolos nacionales fueron contempladas entre risas y abrazos por los presidentes de las respectivas comunidades autónomas, ignorando su condición de altos representantes del Estado en el territorio respectivo. Varios jugadores de uno y otro equipo apenas podían ocultar su malestar ante la manipulación de que han sido objeto, puesto que- -excepto algunos de segunda fila- -ningún deportista de elite se ha pronunciado con claridad en favor de la selección autonómica correspondiente. En definitiva, un espectáculo lamentable ante la complacencia de las autoridades políticas y deportivas, que, una vez más, prefieren mirar para otro lado cuando toca tomar decisiones en defensa de la Constitución y el ordenamiento jurídico. Durante la pasada legislatura, Zapatero decía que los gobiernos de Aznar habían llevado la cuestión territorial al nivel más alto de tensión. No se sabe qué opina el presidente del Gobierno, porque acostumbra a guardar silencio sobre cualquier cosa que pueda entorpecer su imagen de diálogo y buen talante, de la situación actual. El Estatuto catalán abre la puerta a una fórmula vagamente confederal frente a los principios de unidad, autonomía y solidaridad que establece la Constitución. Maragall, apurando sus últimas semanas en el poder, no puede hablar más claro. Ya dijo en su día que España era una realidad residual en Cataluña. Ahora, a propósito del absurdo partido del domingo, asegura que las selecciones nacionales son una obviedad desde el momento en que las Cortes españolas han aprobado que Cataluña es una nación. Es evidente que no era una cuestión teorética como pensaban los expertos del PSOE, ni una declaración de un preámbulo sin contenido jurídico, como decían los socialistas durante la tramitación parlamentaria. Nación llama a Estado y, por supuesto, a selecciones deportivas propias y a otras muchas consecuencias. Ibarretxe, por su parte, buscaba en el palco del Camp Nou esa mínimacuota de protagonismo que se le niega en otros asuntos de mayor calado. Pocas veces el deporte habrá salido peor parado: un estadio convertido en pretexto para un mitin independentista y un partido que no le importaba a nadie. M EL PP COMO ALTERNATIVA E L decaimiento del Gobierno tras la crisis de los incendios en Galicia, la llegada masiva de inmigrantes ilegales a las costas canarias y las incertidumbres morales y políticas en torno al diálogo con ETA han creado un estado de opinión pública en el que Rodríguez Zapatero ya empieza a ser vulnerable. Si en la primera mitad de su mandato y por aquello de la novedad, el rupturismo y el talante el prejuicio general le favorecía, desde agosto ese prejuicio se ha vuelto negativo y endosa al Ejecutivo una etiqueta de mal gestor, combinando pura desconfianza con la percepción realista de que España está mal gobernada. Sin necesidad de incurrir en catastrofismo alguno, los problemas que el PSOE anunció que iba a resolver se agravan: inmigración ilegal, inseguridad ciudadana, endeudamiento familiar, violencia de género, carestía de la vivienda... La situación económica vive de la inercia porque no ha habido medidas económicas de relevancia. La debilidad del Estado por efecto del Estatuto catalán ya se puede cuantificar en los próximos Presupuestos Generales del Estado. La tensión territorial no se calma, sino que se agudiza y se exhibe en el Nou Camp como un alarde independentista. Las encuestas no reflejan aún un vuelco en la intención de voto (sí una importante aproximación del PP, como recogía el barómetro de otoño de ABC) pero es evidente que el Gobierno no gana frente al PP las distancias que los socialistas habían calculado después de emplearse a fondo durante dos años con una estrategia orientada exclusivamente a la marginación de Mariano Rajoy. Por su parte, el presidente del PP ha comprendido bien la situación a la que se enfrenta su partido, consciente de que los fracasos de Zapatero no se transforman automáticamente en votos a su favor. Rajoy ha tenido el sentido de la oportunidad necesario para emplazar a su partido a dar, desde ahora mismo, respuestas, alternativas y propuestas concretas a los ciudadanos, después también de dos años de una dura labor de oposición, en la que la crítica al Gobierno ha ido paralela a un esfuerzo cons- tante por recuperar a su partido de la derrota del 14- M. En esta línea de oferta de alternativas se enmarcó la Conferencia sobre Inmigración, celebrada el pasado fin de semana y que permitió a Rajoy adentrarse aún más en un terreno abandonado por la ineficacia del Gobierno socialista, en el que los ciudadanos comparten más las tesis de Rajoy que de Rodríguez Zapatero. Si esta iniciativa que el PP ha tomado en materia de inmigración es la vanguardia de una nueva estrategia de acercamiento a las demandas sociales, de proximidad a los ciudadanos y de traducción política del pulso social, significará que los populares han sabido recuperar el pragmatismo y la eficacia que caracterizaron sus dos mandatos entre 1996 y 2004. Y será tanto más creíble esta iniciativa cuanto antes se desembarace de voces disonantes que pretenden lastrarla con planteamientos electoralmente contraproducentes y políticamente reprobables. Éste fue el mensaje central que envió Mariano Rajoy al Comité Ejecutivo Nacional de su partido, que se celebró ayer, mensaje en buena medida complementario del que pronunció a principios de septiembre ante la Junta Directiva. Ambas intervenciones- -que colocaron el 11- M en el espacio político que corresponde a un asunto judicial- -conjugan los elementos que hicieron de los gobiernos del PP los más eficaces de la democracia, porque, en ambas, Rajoy ha apelado a la solución de los problemas concretos de los ciudadanos, a ideas de sensatez y moderación en el gobierno del país, a la estabilidad institucional de un buen sistema democrático y, en definitiva, a los rasgos propios de una opción liberal- conservadora, perfectamente capacitada para englobar a todo el centro y la derecha españoles. Es la constatación, en suma, de que al Gobierno de España se llega con criterios políticos de amplio espectro, más eficaces para la defensa de los principios básicos de una opción de centro derecha (unidad nacional, cohesión social, valores morales) que la intransigencia y el radicalismo con los que desde fuera se intenta limitar la capacidad de interlocución de Rajoy. EL DESAFÍO INACEPTABLE DE PYONGYANG A explosión nuclear subterránea que ha ordenado el dictador que gobierna Corea del Norte representa un grave desafío a la comunidad internacional. Lanzando este órdago, Kim Jon- Il ha dado un paso que le sitúa manifiestamente al margen de las prácticas internacionales: con esta última e irresponsable provocación, contribuye a acelerar una nueva carrera de armamentos que puede extender incontroladamente las armas de destrucción masiva por todo el mundo. Hace un año, el régimen de Pionyang se comprometió a interrumpir sus actividades nucleares para romper esa promesa al día siguiente, y, después de probar una serie de misiles balísticos, exhibe ahora ante el mundo una explosión nuclear subterránea. Toda la paciencia y los llamamientos a la moderación de los miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas han sido desestimadas por un dictador, enfermo de megalomanía, que no tiene más objetivo que perpetuarse en el poder. La bomba atómica no ayudará en ningún caso a resolver los graves problemas cotidianos de una población sometida por la fuerza, depauperada y famélica. Al contrario, es a todas luces inmoral que el tirano haya dilapidado una riqueza de la que su pueblo carece con el único objetivo de hacer este alarde grotesco. Lo único de lo que los L norcoreanos necesitan defenderse es del sátrapa que los gobierna. No existe ninguna justificación razonable para que este país se haya dotado de un armamento del mayor poder destructivo y que solamente adquiere su pleno valor estratégico si existe la voluntad decidida de utilizarlo. A los europeos, Corea del Norte les puede parecer un país extraordinariamente lejano, pero la principal lección que cabe extraer de la crisis con Pyongyang es que es muy probable que las mismas actitudes condescendientes tengan los mismos efectos con los ayatolás de la República Islámica de Irán. En este sentido, Naciones Unidas, a la que acaba de ser entregado el dossier nuclear iraní, debe ser plenamente consciente del peligro que entraña subestimar las aspiraciones de Teherán, como ha sucedido con las de Pyongyang. Las bombas nucleares fueron un fenómeno del siglo pasado del que afortunadamente estábamos camino de librarnos. Sería lamentable que, después de haber sobrevivido a cuatro décadas de Guerra Fría entre las dos superpotencias, tengamos que vivir ahora bajo la amenaza de tiranos sólo porque la tecnología se haya hecho más accesible. Sencillamente, el mundo no puede tolerar un patio de monipodio con las más terribles armas jamás concebidas.