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ABC MARTES 10 10 2006 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC EL INFORME DE LOS SERVICIOS SECRETOS SOBRE IRAK Cualquier valoración seria y útil sobre las consecuencias de la Guerra de Irak intentaría, como mínimo, aislar las consecuencias de la guerra de todo lo demás que enciende o ha encendido la ira musulmana... S una pena que no pudiéramos ver el Cálculo Nacional de Inteligencia (NIE, siglas en inglés) sobre Tendencias del terrorismo mundial antes de que fuera selectivamente filtrado a The Washington Post y The New York Times. El titular de The New York Times decía: Los organismos de espionaje dicen que la Guerra de Irak agrava la amenaza terrorista Pero no tenía citas del NIE, de modo que todo lo que nos ofreció fueron interpretaciones que los periodistas hacían de comentarios anónimos efectuados por funcionarios públicos, cuyos motivos y fiabilidad no podemos juzgar, sobre evaluaciones de los servicios secretos cuya lógica y razonamiento, así como los datos en los que se basan, no teníamos manera de conocer ni de calibrar. Basándonos sólo en la información ofrecida por la prensa, las opiniones del NIE parecen impresionistas e imprecisas. Tratándose de un tema tan importante, estaría bien disponer de respuestas a unas cuantas preguntas, como por ejemplo, qué significa concretamente que la Guerra de Irak ha agravado la amenaza terrorista Presumiblemente, los autores del NIE admitirían que se trata de una conjetura más que de una declaración de hecho, ya que los datos indican lo contrario. E como un intento occidental de conquistar al islam Y sin duda lo hacen. Pero para pasar de esa observación a la conclusión de que la Guerra de Irak ha agravado la amenaza terrorista hace falta responder a unas cuantas preguntas adicionales: ¿Cuántos terroristas nuevos hay? ¿Cuántos de los nuevos terroristas se deciden a serlo después de leer mensajes en Internet? Y de ésos, ¿cuántos están motivados por la guerra de Irak en vez de, pongamos por caso, la de Afganistán o las caricaturas danesas, o el conflicto palestinoisraelí, o porque se sienten irritados por la Familia Real saudí, Hosni Mubarak, o, más recientemente, los comentarios del Papa? A A ntes de la Guerra de Irak, Estados Unidos sufrió una serie de atentados terroristas: el bombardeo y la destrucción de dos embajadas estadounidenses en África Oriental en 1998, el atentado terrorista contra el buque de la Armada USS Cole en 2000 y los atentados del 11 de septiembre de 2001. Desde que empezó la Guerra de Irak, no se ha perpetrado con éxito ningún atentado terrorista contra Estados Unidos. Eso no significa que la amenaza haya disminuido debido a la Guerra de Irak, pero sitúa la carga de la prueba en quienes sostienen que ha aumentado. Probablemente los autores del NIE no quieren decir que la Guerra de Irak haya aumentado la amenaza real. De acuerdo con The New York Times, el informe no se pronuncia respecto a si es más o menos probable que se produzca otro atentado terrorista. Sus autores afirman más bien que la guerra ha aumentado el número de terroristas en potencia. Por desgracia, ni The Washington Post ni The New York Times ofrecen cifras que respalden esta afirmación. ¿Y el NIE? ¿O están sus autores simplemente suponiendo que, dado que los musulmanes se han indignado por la guerra, un porcentaje de ellos debe de estar uniéndose a las filas de los terroristas? A modo de mal sucedáneo para las cifras reales, The Washington Post señala que, según el NIE, miembros de células terroristas ponen mensajes en Internet describiendo la guerra de Irak lo mejor nuestros servicios secretos han descubierto el modo de examinar, medir y después clasificar los motivos que llevan a la gente a hacerse terrorista, aunque me inclino a dudarlo. Pero cualquier valoración seria y útil sobre las consecuencias de la Guerra de Irak intentaría, como mínimo, aislar las consecuencias de la guerra de todo lo demás que enciende o ha encendido la ira musulmana. ¿Pretendía el NIE efectuar ese cálculo? Semejante valoración requeriría también ciertos cálculos sobre qué aspecto tendría hoy la amenaza terrorista si la guerra no hubiera ocurrido. Por ejemplo, ¿han calculado los autores del NIE las consecuencias de los atentados del 11- S para el reclutamiento de terroristas, o el impacto de los atentados de Madrid y Londres? Ciertamente es posible que estos sucesos aumentaran el número de aspirantes a terroristas, al demostrar la posibilidad de conseguir un éxito sensacional. Por consiguiente, si hay un aumento general, ¿qué parte de ese aumento se debe a la Guerra de Irak o a las caricaturas danesas o a otros actos occidentales que en el islam se perciben como ofensivos, y cuánto se debe a la continua respuesta a los éxitos terroristas de Al Qaeda antes, durante y después del 11- S? Por último, una valoración seria de las consecuencias de la Guerra de Irak tendría que abordar el razonamiento del gobierno de Bush de que es mejor luchar contra los terroristas en Irak que en Estados Unidos. Esto podría ser o no cierto, aunque el argumento del gobierno parece ser de momento el más convincente. Pero un estudio serio tendría que comparar el número de terroristas implicados en Irak, y el número de los que puedan haber muerto en Irak, con cualquier aumento del número de terroristas activos fuera de Irak como consecuencia de la guerra. ¿Hace el NIE ese cálculo? Hay, además de todo ello, una cuestión de contexto. ¿Qué deberíamos hacer si creemos que ciertas medidas podrían inspirar a algunas personas a convertirse en terroristas en potencia? ¿Deberíamos abstenernos siempre de tomar tales medidas, o hay casos en los que tal vez queramos actuar de todos modos? Tenemos buenas razones para creer, por ejemplo, que la Guerra del Golfo de 1991, y la presencia constante de tropas estadounidenses en Arabia Saudí después de la guerra, han sido factores muy importantes en la evolución de Osama Bin Laden y de Al Qaeda. Estamos bastante seguros de que el apoyo estadounidense a los muyahidin afganos contra las fuerzas de ocupación soviéticas en la década de 1970 y principios de la de 1980 también contribuyó al aumento del terrorismo islámico. S abiendo esto, ¿diríamos ahora que cometimos un error en todos estos casos? ¿Sostendría un NIE que hoy estaríamos más seguros si no hubiéramos ayudado a expulsar a los soviéticos de Afganistán o a Sadam Husein de Kuwait? El razonamiento en ambos casos sería al menos tan sensato como el racionamiento sobre la más reciente Guerra de Irak. De hecho, la pregunta de qué acciones nos proporcionan más seguridad no puede responderse sencillamente contando el número de nuevos reclutas terroristas a los que pueden inspirar, aunque pudiéramos efectuar dicho cómputo con cierta confianza. Me preocuparía que la política estadounidense se guiara sólo por el temor a que nuestras acciones pudieran inspirar ira, radicalismo y violencia en otros. Como en el pasado, ése sólo debería ser uno de los cálculos en nuestra valoración de qué nos proporciona y qué no nos proporciona, a nosotros y al mundo, más seguridad. ROBERT KAGAN Miembro de la Fundación Carnegie para la Paz