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ABC LUNES 9 10 2006 Deportes 95 MOTOCICLISMO ACCIDENTE MORTAL EN EL CAMPEONATO DE ESPAÑA SUPERSPORT PERFIL El lado oscuro del sueño de ser Pedrosa Rossi era su dios y Dani, su ejemplo terrenal. Su padre corría rallys de asfalto y de tierra y le introdujo en un mundo, el de los motores y la gasolina, que caló hondo en un niño que, cuando tenía cinco años, se subió por vez primera a una moto. No sabía ni conducir una bicicleta. Pero desde que estrenó una minimoto, poco tiempo después, comenzó a competir porque en este mundo no vale pasearse: o se corre para ganar o te dedicas a la pesca. Rubén ha pagado el precio de tantos niños que vuelan al límite por alcanzar un anhelo que pocos hacen realidad. A los siete años (1996) era tercero en el Campeonato de España de minimotos, cuando Valentino Rossi debutaba en 125 y comenzaba a convertirse en su ídolo. Con diez y con once años se proclamó campeón de Cataluña de Scooters. Con trece (2001) empezó a disputar carreras de velocidad, en los 50 centímetros cúbicos, mientras Pedrosa se estrenaba en el Mundial y demostraba que el reto era posible. Pero Rubén era muy diferente a su paisano barcelonés. Alto (1,80) y con 65 kilos, esas medidas le hicieron tener las ideas claras desde un principio. Era muy grande para triunfar en 125 y supo desde joven que su porvenir se centraba en la categoría reina. La meta era el Mundial de Superbikes y su esperanza, MotoGP El camino previo era la cilindrada Supersport del Campeonato de España. Debutó en 2003. Al año siguiente fue seleccionado por Alberto Puig para la Copa MoviStar, al mando de una Honda 600. Ahora disputaba otra vez el Supersport, soñando con las Superbikes. Ayer, el destino le dio la espalda. La cruz de la moneda de una ilusión truncada. Rubén, en medio de la pista, es pasado por encima por una moto, mientras otros pilotos consiguen esquivarle AGUSTÍ NUBIOLA Tragedia en Montmeló: Rubén Torres muere arrollado en la pista Se cayó al comienzo de la carrera y sus rivales le pasaron por encima TOMÁS GONZÁLEZ- MARTÍN La carrera comenzó con malos augurios y finalizó en tragedia. Tres salidas necesitó la prueba de Supersport y la segunda fue fatídica. La primera arrancada quedó anulada porque algunos pilotos no estaban colocados en la parrilla cuando se dio luz verde a la categoría absoluta del Campeonato de España. Minutos después, el segundo banderazo fue perfecto. La emoción duró muy poco. Se transformó en terror. En la primera vuelta, con todos los pilotos en pelotón y buscando la cabeza, Rubén Torres (Rubí, Barcelona, 22- 8- 88) rodó por los suelos en un accidente múltiple. Concentrado, con las premisas de actuación bien presentes, intentó salirse del asfalto para evitar el accidente. No pudo. Había demasiado tráfico y muchos pilotos no le vieron. Una Yamaha le pasó por encima. Fue el golpe mortal. Otra moto le tocó inmediatamente después, pero su vida se había escapado antes. La competición fue detenida y una ambulancia le trasladó a la clínica del circuito de Montmeló. Allí fue estabilizado por los médicos y llevado urgentemente, en helicóptero, al Hospital General de Cataluña. Cuando llegó se encontraba, de nuevo, clínicamente muerto. Reanimado otra vez in extremis el milagro no se produjo. La relevancia de las diversas lesiones era imposible de superar. El informe médico del hospital es terrorífico. Hemorragia interna masiva, hemoneumotórax bilateral, rotura de traquea, hemoperitoneo y traumatismo craneoencefálico grave Su muerte se certificó a las cuatro horas y cinco minutos de la tarde. Mientras Rubén perdía la vida, sus compañeros abordaron la tercera salida de la carrera. Entre ellos, Jordi, su hermano. Estaba preocupado por el estado físico de Rubén, pero no conoció la trascendencia mortal de sus lesiones hasta el final de la competición. Un podio como homenaje póstumo Jordi ya había superado la trayectoria de su hermano a lo largo del campeonato y ayer confirmó esa evolución con el segundo puesto, un podio que significó el homenaje póstumo a Rubén. Sólo Javier Forés pudo con él. Pero mientras los pilotos habían luchado hasta el límite en la prueba, para la organización del Gran Premio de Montmeló era lo menos. Los dirigentes del Campeonato de España conocían la gravedad de la tragedia. Una muerte que acaba con el anhelo de un chaval que este año no disfrutaba de una buena temporada. Hace dos campañas, Rubén era uno de los veintidós elegidos que afrontaron la Copa MoviStar de Alberto Puig, uno de los bancos de pruebas que el director de Pedrosa dirige para sacar más conejos de la chistera rodante. Allí coincidió con Adrián Bonastre, uno de sus adversarios en el presente Nacional de Supersport. Ninguno de los dos ha llegado al Mundial, pero Adrián es el líder absoluto, con 84 puntos, una clasifica- ción en la que Jordi Torres es cuarto, con 51 puntos. Su hermano era noveno, con 25. Un chaval que adoraba las motos y los coches, todo lo que oliera a motor, además del esquí y la bicicleta. Un joven que cuando pasó el examen ante Alberto Puig, en 2004, se puso nervioso y se sorprendió porque las estriberas de la Honda tocaban el suelo al pasar por las curvas. Un niño que atacó aquella Copa MoviStar como la gran oportunidad. En aquel momento contaba con dieciséis años. Ahora, con dieciocho, no había hecho realidad su ambición y no lo tenía fácil, porque se necesitan apoyo económico y moto. Decía que Pedrosa es mi favorito, pero hay que reconocer que el mejor de todos es Rossi Su espíritu sí era inmejorable. Su hermano Jordi fue segundo en la prueba y no conoció la gravedad del accidente hasta que subió al podio