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60 LUNES 9 10 2006 ABC FIRMAS EN ABC FERNANDO COBO CALDERÓN ESCRITOR BREVE DISECCIÓN DEL PROGRE El progre es un revolucionario de cuarto de estar, un rebelde formal, cuyo belicoso discurso social se quedó anticuado, que la misma lucha de clases ya es anacrónica: hoy día, las clases sociales son clases económicas, y se trata a un patán millonario mejor que a un noble sin oro... L progre es un ciudadano de pensamiento rígido y tópico que se cree librepensador, para quien la izquierda y los obreros son siempre buenos y los que no piensan como él, malos, fascistas. Una criatura cómicamente maniquea rellena de tópicos y prejuicios sociales caducados, que diseccionamos a continuación. El progre es un revolucionario de cuarto de estar, un rebelde formal, cuyo belicoso discurso social se quedó anticuado, que la misma lucha de clases ya es anacrónica: hoy día, las clases sociales son clases económicas, y se trata a un patán millonario mejor que a un noble sin oro. El progre, a lo sumo, hace revoluciones en taxi, como dijo Umbral que hizo la de los Claveles en Portugal. El progre es, por supuesto, de izquierdas, un idealista parvulario o un resentido social, que cree que la gente de derechas son opresores que preten- E den explotar y reprimir al pueblo, y a él. Un votante visceral o simple, manejado por demagogos populistas, que vota siempre a la izquierda por muy mal que gobierne. El progre presume de tolerante. Y sí parece tolerante con las costumbres de los caníbales papúas y con todo lo sexual, pero no pasa ni media a quienes no comulgan con su ideología, cuyas mentalidades quieren purgar sus representantes en el poder, practicando una tolerancia de Inquisición sin hoguera a través de los mass media, esos grandes púlpitos mediáticos. No hay más que ver la cara de tolerantes de sus prohombres, como Pepiño Blanco o Llamazares. El progre tiene ojeriza a la iglesia, cuando ya ni marea predicando y nadie ha ayudado tanto a los pobres como ella. Y lo dice un agnóstico incurable. Quizá la izquierda persigue a la iglesia por ver en ella competencia doctrina- ria, pues la ideología es la religión desdiosada, desespiritualizada, y sin voluntad de bondad. El progre odia al privilegiado y al rico, si no lo es ya él. Hasta un niño vería que dicho odio sale principalmente del deseo frustrado de ser rico y privilegiado, del fracaso original de no haber nacido rico y con pedigrí, que el odio nace de la frustración de no tener lo que se ama. La Cultura del Pelotazo que instituyeron sus copensantes los socialistas, ese afán de enriquecerse sin escrúpulos, descubrió que no se odiaban por ser ricos odiosos y vivir como capitalistas. El progre se dice pacifista, aunque, curiosamente, nunca ví rostros más fe- MEDARDO FRAILE ESCRITOR VIDAS DE MÁS O MENOS N O deja de ser extraño- -y revelador también- -que el mundo de lo virtual le esté ganando terreno al mundo real, sobre todo para los que hemos vivido creyendo que lo virtual no tenía más que una existencia aparente y que solo en raras ocasiones podía realizarse. Hace años escribí un cuento titulado Tránsito en el que un abuelo que miraba la televisión, se levantaba de la butaca y su nieto le veía primero desaparecer y luego aparecer en la pantalla alejándose de este mundo por un campo de flores. Aquello era una muerte virtual, hoy casi realizable. Leo ahora que millones de personas frente al ordenador viven prácticamente detrás de la pantalla, en un espacio virtual que puede abarcar más de cien kilómetros cuadrados, donde hacen amigos, alquilan casas de campo, oyen conciertos, van al cine o al teatro, compran hasta pechos erectos y bíceps fornidos se ci- tan, se visitan, se pasean charlando por elegantes avenidas o ensayan cierto protagonismo con los talentos o manías que posean. Los Arctic Monkeys se han hecho ricos y famosos de la noche a la mañana en el mundo real solo con tres canciones en el mundo virtual, y Rupert Murdoch ha multiplicado su ingente fortuna comprando un espacio virtual archihabitado. A eso, cuando yo era joven, se le llamaba evasión y el que se evadía de cualquier compromiso serio solía hacerlo a cambio de algún valor y cierta compostura. Es claro que esos moradores del campo o de las ciudades de la apariencia no quieren saber nada de políticos, guerras, terrorismo, hambres, carencias terrenales a relativo corto plazo, como el agua a placer o el aire respirable, pero no estoy seguro de que su otra vida sea más deseable o mejor que la que otros vivimos. Para empezar, los virtuales eligen o eliminan lo que les interesa o no les interesa para vivir a capricho y los reales apechugamos con todo y tratamos, en nuestro pobre rincón apenas con espacio, de arreglar lo que creemos inmoral o injusto, aunque nadie, o pocos, nos hagan caso. Pero el hombre- ¡ay! -no tiene siete vidas como los gatos, ni puede huír de los peligros o asedios que, de un modo o de otro, le acechan. En el mundo virtual hay también pervertidos y delincuentes que citan con el engaño, como el torero al toro, al intruso ingenuo del nuevo paraíso. En ese juego hay mucho que perder, incluso el alma- -nos dicen. Una psicoterapeuta londinense especializada en ludopatía ha declarado que, muchos de sus clientes, han perdido la noción de las relaciones humanas, convertidas en otro objeto desechable de consumo, debido a los encuentros sexuales con pareja distinta que les facilita la red social de la informática. Second Life es el nombre que Philip Rosedale, su creador, ha dado a un espacio virtual. Su objetivo- -dice- es conseguir de mil maneras una vida mejor y más real Sin duda, se refiere a sí mismo, que gana cien millones de dólares al año. En los Evangelios se nos habla de alcanzar una segunda vida que tiene implicaciones más de acuerdo con la dignidad humana que la virtual. roces que los de los manifestantes contra la guerra de Irak. Y ecologista: defiende a los delfines y a los árboles más que a señores hambrientos, envenena las ciudades con su coche, o fomenta la tortura de millones de cerdos o pollos sometidos a una brevísima vida prisionera para poder devorarlos barato. El progre predica la solidaridad, y se pone siempre de parte de los débiles oficiales: palestinos, obreros, mujeres, jóvenes, inmigrantes, homosexuales, de todos los supuestos colectivos desfavorecidos que forman la inmensa mayoría, pues cree que los débiles y los pobres son siempre los buenos y los fuertes y los ricos los malos, cuando, justificados por la necesidad, los pobres son peores que los ricos. Piense que usted es más bueno si le va bien que si le va mal. Este Robin Hood de butaca presume de solidario, pero luego nada de compartir lo suyo, porque como matizó el cantante Víctor Manuel: Soy comunista, pero no tonto Los progres y sus gobiernos hacen buenismo por demagogia, no por amor al prójimo. La demagogia, adular a la mayoría, es muy rentable. El progre es el sobrino light y pelado del hippy, y tiene una fobia pueril a la autoridad. En su afán libertario de eterno adolescente rebelde y miedo de pequeño a ser pisado, el progre odia a Estados Unidos, padre- jefe del mundo, o elige a un presidente cuyo primer empleo es de presidente de Gobierno (político de criadero, sólo fué fugaz profesor asociado) con tal de derrocar al partido de un señor por tener cara de reñir y apoyar al Imperio contra un dictador genocida sin combatir, cuando gobernó mejor que nadie. Pues estos sensibles de pega odian la autoridad, pero quieren el poder a toda costa. Para mejorar y liberar al pueblo, dicen. El progre presume de defensor de la libertad. Pero, hoy, los gobiernos de izquierdas prohiben más que los gobiernos de derechas, desde fumar (quieren reglar, intervenirlo todo, por el bien del pueblo, claro) hasta para educar, pues en su inercia totalitaria incluso quieren intervenir el pensamiento, y patrocinan cultura manipulada por partidismo, cultura censurada, con el santo fin de convertir a todos al socialismo y la libertad, sometiendo con la demagogia y los mass media modeladores de cabezas. La demagogia es el bajo arte de conducir a los tontos, y a la izquierda le da un gran resultado para tener el poder. Y los progres, sedicentes progresistas, son más bien regresistas. Miran sin cesar al pasado, a la Guerra Civil y al difunto franquismo con revanchismo sin fin, a sus represiones juveniles o al plomizo Marx, intervendrían más la economía con el viejo sistema socialista, pero como empobrece al país y pierden las elecciones, copian el sistema capitalista a la derecha, la libertad de mercado. Y por aferrarse al trono con apoyos de separatistas, pueden provocar una regresión a la España troceada anterior a los Reyes Católicos. El progre es una cómica incoherencia. Otro día disecciono al facha, su oponente, criatura muy cómica también.