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34 Internacional LUNES 9 10 2006 ABC CHURCHILL LO RECOMIENDA orría el año 1945. Winston Churchill había perdido las elecciones tras haber ganado la guerra. Y como si de un arrechucho se tratase, el ex primer ministro británico decidió pasar la convalecencia en el hotel París de Montecarlo sometido a una generosa cura de Pommery Rosé 1934, un alegre champán para superar los malos tragos. De todos los Churchill que pasaron por la historia, yo me quedo con el de los últimos y lúcidos años: un estadista que, desde fuera del poder, volcó sus energías en la unión y reconciliación europea, en la creación de un eje francoalemán y en la creación de una Alianza Atlántica pese a las reticenALBERTO cias de EE. UU. Todo SOTILLO ello debidamente acompañado de Pommery Rosé. Pero en una cosa falló. Y es que no pudo convertir su ejemplo en norma para que, cuando pierdan las elecciones, todos los jefes de Gobierno de Europa sean obligados a pasar la convalecencia en un bonito hotel de costa sometidos a una intensiva cura de Pommery Rosé. Gracias a aquella generosa actitud, el partido conservador británico siguió siendo la fuerza política más importante del Reino Unido, donde no tardaría en recuperar el poder. No pudieron decir lo mismo sus sucesores. Desde que Tony Blair les arrebató el poder en 1997, varios efímeros líderes del partido tory han estado más obsesionados en entrar en esotérico contacto con el matriarcal fantasma de Margareth Thatcher que en recuperar el poder. Y nadie discute la valía de la dama. Pero no hay líder político que cien años dure, por más que todos lo sueñen. Y empeñarse en prolongar una función que ya ha terminado- -por magistral que sea- -sólo puede cabrear al personal. Ha tenido que llegar David Cameron- -que apenas era un preadolescente cuando Thatcher gobernaba- -para que los británicos se convenzan de que los conservadores pueden gobernar. Los anteriores líderes tories no carecían de dotes, pero todos parecían espectros de una película de Tim Burton. Todos, empeñados en rendir culto a la fantasmagórica, invisible, pero temible vigilancia entre sombras de Margareth Thatcher. Cameron prefiere convencer a sus compatriotas de que será él, y no una remota deidad del pasado, quien gobernará. Y que lo hará desde el centro político, que es ese lugar al que siempre termina acudiendo la gente sencilla que sueña con una vida sin sobresaltos. Fue una pena que, en su momento, Europa no se encontrase lo bastante madura como para instituir la norma Churchill: la obligada convalecencia con alegre Pommery Rosé para primeros ministros que han perdido las elecciones. Nuestro continente se vería libre de ese reiterado toque de lúgubres campanas, de ese aire político- fantasmagórico que impera en la escena política. La alternancia se aceleraría. y los huérfanos de líder no se eternizarían en la oposición. C Un iraquí llora junto al cadáver de su sobrina, de seis años, muerta en un ataque en la ciudad de Baquba AP Septiembre ha sido un mes negro para los soldados estadounidenses Los 776 heridos en Irak es la cifra más alta de los dos últimos años b Los expertos creen que el el número de heridos es un barómetro más fiable que el de muertos a la hora de evaluar el resultado de las guerras de hoy MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK. La pesadilla iraquí alcanzó durante el mes de septiembre uno de sus meses más negros, y desde luego el peor de los últimos dos años, con 776 soldados estadounidenses heridos en combate. Un récord que muy probablemente se bata este mes, ya que sólo en la primera semana de octubre han resultado heridos casi 300 soldados americanos. Apenas en los últimos tres días han muerto en la capital 13 soldados estadounidenses. Septiembre ha sido terrorífico, pero octubre puede ser el peor mes de la guerra declaró a la prensa americana John Pike, director del website GlobalSecurity. org especializado en temas de defensa. La cifra que convierte a septiembre en un mes negro no llega a ser la De los 2.714 muertos norteamericanos, 2.600 fallecieron después del fin de la guerra de 2003 Mueren 26 personas en un sólo día por la ola de violencia iraquí AP BAGDAD. Ayer murieron 26 personas en la última ola de violencia que afecta a Irak. Un suicida atacó un puesto militar a las 8: 45 horas unos 420 kilómetros al noroeste de Bagdad, según explicó el coronel de la Policía de Mosul. La explosión acabó con la vida de cuatro soldados y 10 civiles, que murieron cuando sus viviendas se derrumbaron tras la explosión. Otros cuatro soldados y nueve civiles más han resultado heridos. En Mosul, un grupo armado mató a una mujer que caminaba con su hijo de 5 años, que resultó ileso. Los militares estadounidenses habían vaticinado un incremento de la violencia durante las celebraciones musulmanas del Ramadán, algo que según el portavoz del Ejército estadounidense, el mayor general William B. Caldwell, desafortunadamente ha sucedido peor desde la invasión de marzo de 2003 al ser superada por el asalto a Falluya de noviembre de 2004, que dejó 1427 heridos en el lado americano, y el asalto en abril de ese mismo año en la provincia de Ambar, con 1.214 bajas mortales. Los expertos consultados por The Washington Post insisten en que el el número de heridos es un barómetro más fiable que el de las bajas mortales a la hora de evaluar el resultado de las guerras de hoy en día, ya que los avances en chalecos antibalas y vehículos blindados dejan muchos lisiados y pocos muertos. Aún así, la cifra de víctimas mortales estadounidenses llega ya a los 2.741, de los que 2.600 murieron después de que el presidente George W. Bush declarase victoria a principios de mayor de 2003. Frente a ello se encuentra la incuantificable cifra de civiles iraquíes, que hace dos años los estudios cifraban en cien mil, y que en los últimos meses alcanza la friolera de 1.500 muertos al mes. Para otear la generación de lisiados que dejará la Guerra de Irak en EE. UU. hay que referirse a los 20.887 soldados estadounidenses que han resultado heridos hasta ahora, de los que la mitad no han podido regresar a filas. Según el rotativo de la capital federal, por cada fallecido en combate ocho resultan heridos, en comparación a tres en Vietnam, donde murieron 58.000 soldados americanos en 16 años.