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ABC LUNES 9 10 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA OPERACIÓN CID (I) A mesa que ha elegido está bien a la vista en un concurrido restaurante. Que nos vean, los reservados son para conspirar Antes de que traigan la carta ha empezado a hablar, algo genéricamente, de las obligaciones de la actualidad: la negociación con ETA, el caos migratorio, la bronca de los medios, el estado interno de cosas en el PP. Está siguiendo el guión previsible, el liderazgo de Rajoy, el desafío de las municipales y autonómicas, la pugna sorda Aguirre- Gallardón, el examen de Piqué en las catalanas, y se le nota algo preocupado cuando habla del bloqueo parlamentario con el 11- M. De repente se pone serio y adopta un tono como más confidencial, más solemne. IGNACIO Hay una idea que está CAMACHO flotando en algunos círculos del partido con una creciente insistencia. Se trataría de reforzar a Mariano con una especie de caballo blanco que desequilibrase, por autoridad moral y política, las intentonas de tomar posiciones que se perciben claramente en algunos, y que el jefe no ataja por su peculiar forma, digamos permisiva, de manejar el liderazgo. Insisto: se trata de reforzar la figura del candidato, no de prepararle un sustituto de futuro que hiciese de cortafuegos de ambiciones. Aunque esa idea también circula, para qué nos vamos a engañar. Pero, hoy por hoy, te diré algo: a Mariano se le ve con ganas, y quiero decir también con ganas de seguir, incluso en el caso de una derrota corta en 2008 Pero precisamente por eso algunos vemos que sería muy bueno incrementar las referencias del proyecto, respaldarlas con un refuerzo significativo. Sí, claro, estoy pensando en Rodrigo, qué otro podría ser. Tiene una autoridad incontestable, un prestigio absoluto, y le bullen cosquillas de volver de algún modo. Todos los días habla con alguien de aquí, está perfectamente al tanto. Si me preguntas directamente si le gustaría volver, yo te diría que sí. No de cualquier modo, pero sí Mira, lo de Washington está muy bien, pero creo que ya lo tiene amortizado. Ya ha ido a todos los sitios que tenía que ir, con honores de jefe de Estado, y le pica el gusanillo de su país y del proyecto del partido. Tiene un problema, digamos, técnico, que es la pensión millonaria que le quedará si cumple un cierto tiempo en el FMI. Pero no es dinero lo que le falta. Además, hay algo que le preocupa: a su gente de aquí se le está pasando el arroz. Están cómodos, ganan dinero en la vida privada, pero tienen aún buena edad para la política y se están quedando fuera, salvo algunos que ha repescado Esperanza. Te lo digo sinceramente: Rato estaría encantado de que se le encontrase un sitio. Con Rajoy, ojo, no en vez de. No me preguntes si Mariano está en ello, sólo te puedo decir que conoce la idea, y supongo que le da vueltas. Y hay personas cerca de él que están dándole vueltas también. ¿Operación Cid? Por lo de Rodrigo, ¿no? jajajaja... bueno, él no está políticamente muerto, ni mucho menos, pero nos podría servir para ganar batallas... quizá la batalla decisiva L EL HOMBRE LAPA A discutida figura del seleccionador del combinado plurinacional puede servirnos hoy para trazar la etopeya del hombre lapa, ese espécimen hispánico caracterizado por su devoción numantina al cargo. Habría que comenzar especificando que Luis Aragonés, tan denostado desde que el combinado plurinacional cumpliera su destino de telonero irredento durante el pasado Mundial de Alemania, no ha hecho sino consolidar una trayectoria de infalible mediocridad heredada de sus antecesores en el cargo. Nadie podrá negar que la disposición del llamado enigmáticamente Sabio de Hortaleza a perpetuar ese legado ha sido plena, indubitable, casi granítica: juego espesote, sólo maquillado por esporádicas goleadas a potencias balompédicas del calibre de Lichtenstein o San Marino; cierta enternecedora contumacia en la repetición de los mismos errores de siempre; desplantes más o JUAN MANUEL menos malhumorados a la prensa, etDE PRADA cétera. Pero el caso de Luis Aragonés reúne sus ribetes de pintoresquismo. A diferencia de otros entrenadores maldecidos por cierta ojeriza irracional, Aragonés caía bien al respetable. Por supuesto, la simpatía que se le tributaba era también irracional: creo que en este impulso había un fondo de afecto condescendiente hacia al abuelete cascarrabias en quien se presume un corazón de oro. Sus cazurrerías eran celebradas como ocurrencias finísimas; y, además, en vísperas del Mundial de Alemania, empezó a proferir unas proclamas seudotesticulares o seudopatrióticas que hallaron su feliz síntesis en la acuñación de la roja para referirse a la camiseta del combinado plurinacional. Acuñación que quizá no fuera como para quedarse calvo del desgaste neuronal, pero que, desde luego, embraveció a la hinchada y propició uno de esos periódicos raptos de megalomanía que asaltan a los cronistas deportivos, empeñados en con- L vencernos de que aquella panda de señoritingos, que no sabían sino jugar al tiquitaca eran avatares de Pelé. Yo creo que el bueno de Aragonés llegó a creerse tamaño dislate; o siquiera que llegó a imbuirse de su poder sugestivo. Sólo así se explica ese aire como de boxeador sonado o astronauta en pleno alunizaje que se le ha quedado tras el varapalo alemán. Y, de repente, el abuelete cascarrabias se volvió un viejo resabiado. Anunció la dimisión con la boca pequeña pero luego se desdijo, alegando que ciertas connotaciones lo impedían (el hallazgo de las connotaciones tiene, desde luego, su retranca y su pillería) Es entonces cuando Aragonés decidió convertirse en un hombre lapa sin rebozo, un hombre lapa a calzón quitado y con balcones a la calle. Incluso se permitió sus bromas socarronas: durante años, mientras el delantero Raúl completó faenas pésimas o erráticas, como de gallo descabezado que sale al campo a correr sin ton ni son, lo incluyó a piñón fijo en su lista de seleccionados; apenas el mencionado delantero completó un par de faenas apañadillas, resolvió castigarlo. Aquí el hombre lapa alcanzó ese grado de seguridad arbitraria que otorgan la impavidez, la resistencia coriácea, el conocimiento de las condiciones de porosidad y adherencia de la roca que ha elegido para aferrarse... y cierta convicción de que en el país de las lapas quien dimite es un blando. Si aquí nadie levanta voluntariamente el culo de la poltrona desde tiempos de Amadeo de Saboya, ¿por qué ha de hacerlo el Sabio de Hortaleza? Yo creo que a este hombre habría que nombrarlo seleccionador vitalicio, en atención a sus dotes moluscas y su jeta de feldespato. Y al combinado plurinacional, antes de trocearlo en secciones autonómicas, que lo manden a batirse con la selección de Gibraltar; pero en terreno neutral, por favor, que a esos chicos los mandan al Peñón y son capaces de nacionalizarse gibraltareños para escaquear los impuestos que pagan en sus respectivas realidades nacionales.