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6 Opinión DOMINGO 8 10 2006 ABC AD LIBITUM PROVERBIOS MORALES LOS NUEVOS ESPAÑOLES PINILLA ya era realista y mágico antes de que los latinoameriAMIRO Pinilla- -lo recordaba en esta columcanos inventaran el realismo mágico. A Pinilla, que na la pasada semana- -fue niño del Puerto Viefue marino, ni Algorta ni el Puerto Viejo lo trabaron jo de Algorta, que no es como el Puerto de Sanen los límites de un localismo patriotero: por el contrata María, sino todo lo contrario. El Puerto Viejo, un rio, lo precipitaron, a la manera del Aleph de Borges, simulacro de puerto pesquero, se construyó para la sobre la cartografía imaginaria de un mundo infinito. formación práctica de los prácticos del puerto de BilQuizá la titánica voluntad de contarlo y la secuela conbao, que también recibían, pese a su nombre, enseñansecuente de desfallecimientos baste para expliza teórica. Sobre el Puerto Viejo creció un falso car la intermitencia de su trayectoria vital y barrio de pescadores, con más aire de medina creativa. Tras Las ciegas hormigas, que ganó el marroquí que de pueblecillo cantábrico. El Nadal en 1960, Pinilla se exiló a una tierra de Puerto Viejo tuvo su pintor, Martínez Taubnadie, más allá de las fronteras del mercado, mann, acuarelista bohemio al que recuerdo desde donde fue levantando meritorios fracacon largas melenas lacias y un inveterado abrisos editoriales. Le tentó la literatura militante, go para toda estación, deambulando por el Guecuando lo verdaderamente suyo era otra cosa. cho de los años cincuenta. JON Uno de los pocos críticos universitarios que Sobre Algorta se ha escrito poca literatura. JUARISTI han valorado la narrativa de Pinilla, Ramón Un costumbrista de comienzos del siglo pasaBuckley, observó hace ya mucho tiempo que su rasgo do, Luis Ocharan Mazas, publicó una curiosa novela más destacado, el aliento mítico, discordaba del realissobre las broncas políticas de la baja Restauración en mo social dominante en su generación. Buckley llegó el casino local, El Alcalde de Tangora, y aparece asia insinuar incluso que las novelas de Pinilla no pertemismo (Algorta) en algunas obras de aquel tardío senecían al género novelesco, sino a una forma antinoguidor de Balzac, Juan Antonio de Zunzunegui, chivo velesca que denominaba romance épico deudora emisario de la sociedad literaria de la posguerra, que de una arcaica concepción cíclica del tiempo. Estoy de le amargó la vida convirtiéndolo en gafe oficial de una acuerdo con Buckley. En Pinilla hubo sin duda extratropa de gafes a cual más gafe. Creo que fue Zunzunevíos, tentativas fallidas de incorporarse a tendencias gui el autor de una descripción de urgencia de los baque, durante su fase más comprometida, le parecierrios de Guecho que no ha perdido del todo su exactiron preceptivamente modernas, pero supo elevarse tud: en Neguri recaló una alta burguesía de ciclo corde esa caída en el tiempo hasta su íntima verdad nunto, apresuradamente ennoblecida con títulos alfonsica olvidada y el tiempo lineal de la biología y de la nos y pontificios; en Las Arenas, una clase media ramhistoria ha tenido con él una generosidad paradójica plona y resignada. En Algorta, concluía Zunzunegui, y acaso vengativa. Su saga Verdes valles, colinas rojas todos eran hijos de picabilletes del tren de Las Arenas, lo ha sacado de las tierras de penumbra. Probablemenpero más chulos que los de Neguri. te, a sus ochenta y tres años, aquel niño de Algorta, del Nacer en el Puerto Viejo nunca fue un privilegio Puerto Viejo, haya recibido con una sonrisa agria la envidiable. A algunos, sin embargo, como escribiera noticia de la concesión del Premio Nacional de NarraAuden de la loca Irlanda de Yeats, los hirió en la poetiva del año 2006 a su epopeya de la guerra interminasía, y si no salieron literatos como Pinilla, salieron ble de los hombres del hierro contra los hombres de la personajes literarios, como el barojiano Valentín Solamadera. No importa. Ni siquiera este galardón empagaistua, cuya amistad añoro. De la almendra del Puerñará su grandeza. to Viejo sacó Pinilla un macrocosmos narrativo que M ARIANO Rajoy, en uno de sus escasos aterrizajes en las pistas de lo concreto, ha dicho que, en materia de inmigración, el Gobierno socialista no podía haberlo hecho peor Se queda corto el líder de la oposición. Treinta meses de experiencia nos demuestran que José Luis Rodríguez Zapatero es una espiral hacia la catástrofe. Dejando al margen las cuestiones económicas, que se mueven en otro plano y bajo distintas coordenadas, podría decirse con propiedad que, en el orden de las libertades, el entendimiento de la Nación y cuanto respecta al respeto de las esencias constitucionales, España está hoy peor de como estaba el 14- M y que si ello no salM. MARTÍN ta a la vista es por dos raFERRAND zones concretas: nunca el poder había utilizado con tanto talento y eficacia la máquina de la propaganda, el maquillaje de la realidad, y jamás la oposición se había comportado con tanta debilidad e incoherencia. Entre liberticidas anda el juego y de ahí la creciente distancia entre la ciudadanía y quienes dicen ser nuestros representantes por haber surgido de esos paquetes electorales con que nos engañan y nos engañamos. El asunto de la inmigración, que es al que íbamos, es la consecuencia de un parto de nalga. Vino mal, se atendió peor y el fruto está ahí. En sus orígenes, cuando España comenzó a ser foco de atención para los desesperados de tres continentes, en el aznarismo, el Gobierno reaccionó mal y no conviene olvidar que en los ocho años de José María Aznar se produjeron cinco- ¡cinco! -regularizaciones de emigrantes ilegales como las que ahora le reprochamos a Jesús Caldera. Conviene añadirle a la memoria del caso que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se ha limitado a seguir la inercia de sus predecesores sin más modificación notable que ir ajustando normas y conductas al volumen que adquiere el fenómeno. No parece que el problema migratorio sea para grandes formulaciones partidistas e ideológicas. Visto de fronteras para dentro- -hacia el exterior exige una acción internacional conjuntada- es uno de los, afortunadamente no muchos, que, por su gravedad e influencia cotidiana en la ciudadanía, requieren el consenso de las fuerzas parlamentarias. Resulta escandaloso, y denota bajeza por ambas partes, que el PSOE y el PP utilicen el caso para aporrearse entre sí. Es exigible el aparcamiento de cualquier tentación demagógica y, sobre el eje del interés de la Nación, propiciar un marco de integración para quienes, legalmente y no de otro modo, vengan aquí para ayudarnos con su trabajo al desarrollo y el progreso. Inmigrantes, sí; colonizadores, no. Una buena acogida a quienes, por el hecho de estar aquí, deben tener plenos derechos cívicos y asistenciales exige la contrapartida de su adaptación a los modos que marca nuestra cultura y exige la tradición. Los inmigrantes que no aspiren a ser nuevos españoles, no interesan. R