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ABC SÁBADO 7 10 2006 Cultura 59 MITOS VASCOS JOSÉ MARÍA POZUELO YVANCOS Ramiro Pinilla, de ochenta y tres años, en su espacio de trabajo ABC Me duelen los 900 crímenes y la actitud de medio País Vasco mirando a otro lado El escritor bilbaíno Ramiro Pinilla obtiene el premio Nacional de Narrativa b El autor de Las cenizas del hie- rro última entrega de su testamento Verdes valles, colinas rojas dice que a los de ETA les mueve lo mismo que a los que no matan ANTONIO ASTORGA MADRID. Niño del Puerto Viejo de Algorta, chupatintas en una fábrica de gas de Bilbao, cuentista infantil, novelista policiaco de quiosco- -pasión que ha vuelto a empuñar- biógrafo por encargo miserablemente pagado Ramiro Pinilla perdió el ojo derecho y todo su cabello en tan sólo un día por una gran desgracia familiar. En los últimos veinte años ha creado sus cien años de soledad vasca: Verdes valles, colinas rojas (Tusquets) una magna epopeya que principia con la industrialización, continúa con la explotación de los obreros y desemboca en la creación de la gran burguesía. Dividida en tres volúmenes- La tierra convulsa octubre de 2004; Los cuerpos desnudos mayo de 2005 y Las cenizas del hierro noviembre de 2005- la tercera entrega fue reconocida ayer con el premio Nacional de Narrativa por un jurado presidido por el director general del Libro, Rogelio Blanco. Pinilla no se declara nacionalista, pero creo que no ofendo dice. Es demócrata, aunque ahora demócrata se declara todo el mundo, hasta los fascis- tas matiza. Y es muy tolerante, pero intransigente. ¿Por qué? Porque no claudico de mis ideas, ni de mi pensamiento, comprendo al otro y me pongo en su lugar declaraba ayer a ABC desde la casa de su hija en Sevilla, donde conoció la noticia del premio: Este galardón consagra un libro, que culmina mi trilogía. Un premio sirve para unos meses de ruido en la prensa, pero en el futuro queda el libro o no queda Mi libro no es un panfleto ¿A quién le aconseja la lectura de su trilogía? Pinilla responde sin dudar: A la gente que tuviera paciencia. Y a los nacionalistas de la fe ciega, que descubrirán que se puede disentir de una ideología sin ofender Pinilla distingue entre dos tipos de nacionalistas: El lúcido, que ve sus propias contradicciones, y el fanático, que abraza una fe ciega ¿Cuántos nacionalistas lúcidos y cuántos nacionalistas fanáticos hay en el País Vasco? Los mismos que hace años- -responde- Un cincuenta por ciento de un lado y otro cin- Como el hombre no puede vivir sin delirios, el hombre nunca tendrá solución dice el autor vasco cuenta del otro. El lúcido no está ofuscado por una fe y es capaz de ver las contradicciones de su propio nacionalismo. Por desgracia estamos rodeados de fe. La fe nacionalista vasca es ciega. Se ve la patria como el valor supremo. Y los valores supremos son otros. La razón no abunda en el nacionalismo vasco, ni en el nacionalismo español, ni en las religiones. Desearía y trabajaría por que el nacionalismo no existiera. Todo nacionalismo o fe- -religiosa o política- -es negativo a. Mi libro no es un panfleto contra nadie; en él muestro mi pensamiento ¿Qué le duele de los verdes valles de su País Vasco a Pinilla? Me duelen- -dice- -los crímenes, los más de novecientos crímenes que se han cometido y la actitud de medio País Vasco mirando hacia otro lado. En el fondo, a los de la ETA les mueve lo mismo que a esos que no matan. La razón es la misma, pero unos matan y otros no Dentro de unos días publicará La higuera (Tusquets) que sitúa en Gecho, durante la Guerra Civil, cuando un grupo de falangistas recorren las casas de los rojos matando a la gente: los sacaban, les pegaban un tiro y a la cuneta Como ficción incorpora la historia de un tipo solitario que decide cuidar una higuera tras acabar la guerra. Se llama Rogelio Cerón y es uno de los falangistas que fueron casa por casa para llevarse a fusilar contra las ta- as cenizas del hierro novela de Ramiro Pinilla que acaba de recibir el premio Nacional de Narrativa, es el tercer volumen de una trilogía, de dos mil páginas, con el título común de Verdes valles, colinas rojas Hay que celebrar que en los tiempos de desmayo que corren, un autor, que antes fue Nadal y finalista del Planeta, entregue una obra de tanta envergadura, tras haberse dejado durante veinte años de mercados literarios, premios y otras zarandajas (que son casi las únicas imperantes hoy) Ramiro Pinilla se marchó a escribir la obra de su vida. Es una novela ingente, desmesurada. Que haya tenido una editorial, Tusquets, que creyera en ella es un azar asimismo feliz para ambos. Tales rarezas dan sentido a la literatura. Hay otro ingrediente que hace más importante esta obra: quizá la llamada cuestión vasca, que tanto nos ocupa y preocupa, no tenga mejor manera de ser explicada que como lo hace este friso de cien años de soledad que ha visto nacer el nacionalismo vasco, con sus mitos, desde el altar encontrado a las luchas entre el valle (industrial y socialista) y la colina (agrícola y ancestral) durante más de un siglo. Entre medio de la Historia, fluyen las historias de una saga familiar de hombres de la madera frente a hombres del hierro, personajes que con su tragedia bajo el brazo van dibujando el perfil de un asunto identitario que el discurso político oficial simplifica y que la literatura convierte en complejo entramado de ambiciones y destinos. L pias del cementerio a varios de los hombres de Gecho. En una de sus visitas, Cerón se tropieza con la mirada de odio de un niño que se resiste a que le arrebaten a su padre. Esa mirada despierta de inmediato en la imaginacion del falangista la sugestión de que ese niño, cuando crezca, lo matará. Cerón vigilará estrechamente la vida de ese niño, intentará alejarlo de Gecho, tutelar sus estudios para evitar la maldición, el retorno del pasado, la culpa... Sobre el proceso de paz abierto por Zapatero, Pinilla opina: La clave es que el presidente del Gobierno debe darles facilidades a los terroristas para ofrecerles una salida digna ante sus bases. La táctica de Zapatero tiene que consistir en ofrecer una salida digna. Zapatero no piensa claudicar Centrándose en todas las fes del Planeta, el escritor concluye: El hombre necesita agarrarse a algo. Somos cobardes, necesitamos apoyaturas, mitos, delirios. Como el hombre no puede vivir sin delirios, el hombre nunca tendrá solución