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70 Espectáculos VIERNES 6 10 2006 ABC Serpientes en el avión Asquerosísimos y repelentes ofidios EE. UU. 105 m. Director: David R. Ellis Intérpretes: Samuel L. Jackson, Julianna Margulies, Nathan Phillips JOSÉ MANUEL CUÉLLAR T Elsa Pataky da vida a María, una joven madre que viaja con su bebé en un vuelo muy venenoso ABC Elsa Pataky debuta en Hollywood en un vuelo repleto de reptiles que están a régimen: Serpientes en el avión Ante tanta carne fresca a la carta, las bichas se saltarán el plan por unas horas para darse un atracón de vísceras regadas con un excelente cianti Sólo falta Aníbal Lecter... Colmillos retorcidos TEXTO: ANTONIO ASTORGA Contaba Miguel Mihura, un genio español que conquistó Hollywood, la peripecia de un centauro que llegó con retraso a la cita con una chica guapísima: Perdona que llegue tarde, pero es que se me ha olvidado la fusta A la cita con Elsa Pataky, las serpientes del avión no llegan tarde: lo hacen desde la bodega de la nave, ebrias de feromonas, dispuestas a zamparse a los feos, porque sólo hay un antídoto contra tanta sevicia por parte de estos bichejos repugnantes: la belleza. Coralillo, macanchillo, culebras ratoneras amarillas, mambas verdes, serpientes de agua, tierra, mar y aire, bichas de jarretera y top manta cincuates, cascabeles, mangroves, pitones, ofidios de Burma... toda esta mesnada de reptiles intentará hincarle los dientes a Elsa Pataky en su primer escarceo en Hollywood. Bella entre las bestias, como diría Wilder, la actriz transmite carnalidad vicio y deleite de la carne ya sea paseándose con una bata de metro circa de Madrid o leyendo con sus extremidades apoyadas sobre la pared mientras espera en una buhardilla parisina a un señor de Murcia. Una cuando comienza no lo suele hacer con el papel de su vida dice en carnalidad mortal y rosa Elsa Pataky, mientras porfía con este ejército procaz, escupidor, de dientes afilados, que intenta arrebatarle a su hija. Tan ovovivíparo paisanaje fue depositado en el avión por un gánster que quiere finiquitar a un testigo protegido que vio cómo ese hampón mataba a un fiscal... La película se rodó con verdaderas ser- pientes copionas vivitas y coleando, prestas a enroscarse en el cuello de Elsa Pataky. ¡Hay que tener mala leche y los colmillos muy retorcidos para intentar incrustarlos en la belleza que amansa a las fieras! odo lo malo que pensó sobre las serpientes y lo peor que te pueden hacer, clavarte los dientes en los ojos, meterse por tus partes íntimas, morderte en la yugular y seccionarte la carótida, engullirte entero y escupirte como si fueras una colilla, todo eso y mucho más es lo que uno se va a encontrar en esta película hecha sin un solo atisbo de sutil cortina, sin ahorro de sangre y con abundantes y repugnantes detalles. La idea de meter en un avión a un ejército de serpientes para que maten a un testigo de cargo, aunque de camino masacren a todo el pasaje, tenía cierta originalidad, pero ha sido llevada a cabo sin finura ni elegancia, a mogollón, de manera abrupta y basta, sin un mínimo de sutileza. Se ve en el trabajo un desmesurado interés por el tono comercial de la película, mucho tomate y mucha, mucha asquerosidad; y aunque está bien rodada y los efectos especiales son espectaculares, se echa en falta cierta sensibilidad, alguna hendidura artística que hubiera suavizado tanta bestialidad. En suma, se ha tirado por el lado tremendista. La peor pesadilla que pueda tener la gente que odia a las serpientes es lo que David R. Ellis te sirve en bandeja, en una bandeja llena de veneno y sangre, sin ahorrarte un matiz ni un plano. Todo a pura piel, escama a escama, horror sin filtrar. Lola Montes Cita obligada para amantes del cine: se pasará lista Alemania, 1955. 95 m. Director: Max Ophüls Intérpretes: Martine Carol, Peter Ustinov E. RODRÍGUEZ MARCHANTE lguien que puede recapacita una mañana y se pregunta: ¿por qué no? Como no hay una respuesta, resulta que vemos en pantalla grande Lola Montes una obra cumbre dentro de una filmografía preñada de obras maestras, la de Max Ophuls, cineasta de una elegancia extrema, hasta el punto de que nunca se sabe si ha movido la escena o la cámara. Lola Montes fue su última película, la que cerró una lista en la que están Carta de una desconocida La ronda Almas desnudas El placer Madame de... (siempre decimos las mismas, pero qué le vamos a hacer) Narra como nunca se había narrado la historia de una mujer de corte y A Cartel de Lola Montes escándalo, Lola Montes, que atravesó el siglo XIX como un cuchillo la manteca y dejando una estela de amantes y amados, que vive ahora atrapada en la jaula de oro de un circo desde el que recorre con la memoria los azares, el ascenso y el declinar de su vida amorosa, lo cual resulta no en imagen, no en texto, pero sí en impresión, sentimiento y estado de ánimo un algo así como los azares, el ascenso y el declinar de la propia Centroeuropa, exprimida también como un limón, aunque todavía le quedaran gotas ácidas y agrias que beber, o vivir. Si la narración es magnífica, insó- lita, pues se teje en la arena de un circo entre el oleaje y la espuma de los recuerdos, la puesta en escena es majestuosa, suntuosa, fastuosa, llena del color, de la vida y el movimiento propios del escenario circense, pero, al tiempo, calada de una melancolía, una pesadumbre, que sólo sabe explicarse en esa contradicción tan circense de la cara del payaso, la alegría y la tristeza. Cada plano, cada encuadre, su color, su tono, el movimiento musical de la imagen, el ruido de la escena con el contrapunto sereno del rostro de la actriz Martine Carol, la luz de la memoria y los grises y ocres de la realidad, el impudor del cronista, del historiador, del maestro de sala que pregona el pasen y vean y que interpreta con regusto también amargo Peter Ustinov... Hay en Lola Montes un absoluto toque de equilibrista en su contenido y en su envoltorio, ambos desmesurados, desbordados, barrocos, y con un completo desparpajo que lo acerca al concepto de modernidad en su sentido más perenne, ésa que reverdece con el tiempo y que salta por encima del otro más habitual de modernez En fin, que no debería pasar impunemente Lola Montes ante nuestras narices.