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ABC VIERNES 6 10 2006 Espectáculos 67 entrevista a MERYL STREEP actriz El diablo viste de Prada Yo no quería interpretar a un dibujo animado La actriz vuelve a la gran pantalla dando vida a un personaje real, Anna Winter, la directora de la revista de moda Vogue Una interpretación que le puede valer otra nominación a los Oscar TONI GARCÍA Cine entretenido y bien trajeado EE. UU. 108 min. Director: David Frankel Intérpretes: Meryl Streep, Anne Hathaway, Stanley Tucci E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Nominada trece veces al Oscar (y galardonada con dos estatuillas- -por Kramer contra Kramer y La decisión de Sophie y considerada una de las mejores actrices de todos los tiempos, Meryl Streep vuelve con más fuerza que nunca para enseñarnos el reverso tenebroso de la moda en El diablo viste de Prada donde interpreta a la malvada Miranda Pristley. La película le ha colocado en la primera línea para su decimocuarta nominación además de encender la mecha de la polémica. ¿El motivo? Que el personaje de Streep se basa en la poderosa e influyente directora de la revista Vogue Anna Winter, lo que no ha impedido al filme recaudar más de 150 millones de dólares sólo en Estados Unidos. -Muchos de sus compañeros de reparto dicen que su sola presencia les intimida, ¿qué hace usted para solucionar eso? -Eso se soluciona muy rápido, el primer día de rodaje me ven trabajar y piensan: Bah, no vale tanto la pena y a partir de ahí todo funciona como la seda. ¿Sabes? Los actores son sólo actores, y en esta profesión todo se basa en tratar de permanecer abiertos unos a otros, y nada más. Si haces eso acabas encontrándote en un nivel humano de comunicación y ya está. Lo que pasa a veces es que hay personas que creen que yo no tengo ningún tipo de inseguridad; pero, ¿quiere que le diga algo? todo el mundo es inseguro, y ya está. Lo repito de nuevo: todo el mundo es inseguro. ¿Cuál ha sido su secreto en todos estos años de carrera? -Ninguno, no hay secretos, sólo trabajo. El otro día vi un partido, creo que eran Pavlov y Agassi, y después del primer set uno de ellos, que iba perdiendo y lo estaba haciendo fatal, miró a su entrenador y empezó a hacer gestos con la raqueta como si ella fuera la razón por la que estuviera jugando fatal. La cambió, y después empezó a ganar un montón de juegos. Y ¡no! No era la raqueta, era él el que había cambiado (risas) Yo no tengo ninguna raqueta, así que mi secreto es que lo que hago intento hacerlo bien, si no hago un buen trabajo es culpa mía. -En el libro su personaje es mucho más cruel y mucho menos humano, ¿habló con el director al respecto? -Sí, por supuesto, no quería interpretar a un dibujo animado ni a una réplica de una persona real, sino a una personaje creado para esta película. Yo no quería interpretar a Anna Winter, sino que me atraía la idea de hacer un personaje nuevo, con un concepto muy particular de lo que significa la autoridad y David Frankel (el director) me dio mucha libertad para tratar de profundizar en ello. Meryl Streep, caracterizada como la directora de Runway Por esa misma razón me tomé la molestia de tratar de percibir la presión que puede sentir una mujer como Miranda Priestley con su posición y su influencia. ¿Conoció usted a Anna Winter antes del rodaje o alguna vez se planteó hablar con ella? -Nunca contacté con Ana antes del rodaje. Me la presentaron después en un pase benéfico, y lo cierto es que muy amable, vino con su hija y estuvimos hablando un rato. Por supuesto, y supongo que su amabilidad tenía que ver con ello, sabía que no la estaba interpretando ni imitando, sino que me había inventado un personaje completamente diferente. ¿Alguna vez ha tenido un jefe así? (Sonríe) Bueno, yo sólo he trabajado en dos industrias: el cine y la hostelería, cuando era camarera. Conozco restaurantes, directores y productores, y créame, he visto de todo. ¿Cree que usted y Miranda tienen algo en común? -Sin duda, y seguramente más de una. A mí me gusta trabajar duro, quizás no de un modo obsesivo como Miranda que ABC no puede irse de vacaciones porque le daría un infarto, pero cuando trabajo, trabajo duro y me gusta que todos trabajen tan duro como yo. Hay personas que no soportan eso y creen que es mejor pasarse el día sin hacer nada, y también hay personajes como Miranda. Yo, sin llegar a sus extremos, me inclino más por ella. ¿Haciendo El diablo viste de Prada ha descubierto algo del negocio de la moda? -Pues lo cierto es que sí, y es muy intrigante: si coges cualquiera de esas revistas de moda de 500 páginas, la abres por la mitad y te pones a leer uno de sus artículos, verás que normalmente el artículo no se acaba allí sino que te envía a otra página más adelante. Y ahí viene lo bueno: a partir de un determinado punto las páginas dejan de estar numeradas así que no hay manera de encontrar nada aunque te vuelvas loco mirando en el índice. ¿Y sabes por qué hacen eso? Porque así tienes que mirar cada página una por una, hasta llegar a lo que te interesa. ¿No es diabólico? (Risas) stamos ante uno de esos raros ejemplares de película muy vista y al tiempo única. Un producto que conecta al primer minuto con el público, que responde a una estructura y un desarrollo predecibles, que se mueve por lindes conocidas, pero cuyos encantos son tan irresistibles como la tentación para un pecador. Supuestamente es una película muy ligera, que enfoca a un mundo aún más ligero, el de la moda, que se centra en dos personajes antagónicos pero que se atraen: una joven recién llegada a una revista faro de la actualidad, del estilo y la moda, y su directora, una especie de Petronio desagradable, que martiriza a sus subordinados (o sea, al mundo entero) y que cualquier prenda de vestir cercana sin una marca fiable le produce una erupción más violenta que las del viejo Etna. El secreto de El diablo viste de Prada es que mira al mundo desde el mismo sitio que el cine americano más cano, pero con otros ojos, o al menos con otras dioptrías: mejores situaciones, mejores diálogos, meEn esta jores interpretaciopelícula no nes. Tal vez exagere hay grandes si digo que en la cima de este tipo de cine enpropósitos tre aquí y allí esté morales, Pretty woman aunque sí En esta película que unas cuantas firma David Frankel no hay grandes propómoralejas sitos morales, aunque sí unas cuantas moralejas al alcance de cualquiera, o sea, de todos. Moralejas sencillas, pero importantes: no te olvides de quién eres, que el trabajo no te deslumbre y te impida ver a los que te rodean y te quieren, que la lealtad es importante incluso con aquellos que no la merecen... en fin, cosas que sabemos, que solemos despreciar y que nos arrepentimos de ello. No habrá menos de diez mil películas que tratan asuntos de mayor calado con muchísimo más jactancia y complicación, pero ¿quién las ve y entiende? Nada de toda esta película resultaría tan eficaz sin la presencia de la gran Meryl Actriz, auténtica striper emocional (por decir algunas, Memorias de África Los puentes de Madison Las horas capaz de absorber todo lo que de drama y de comedia tiene esta historia en la que ella encarna a la mezquina Miranda Priestly, la directora, alguien que convierte la leche en yogur con sólo mirarla; pero que también le permite a la protagonista, la joven Anne Hathaway, escalar ese risco impracticable que es compartir plano y escena con Miss Streep, algo que también borda un escalador de primera, Stanley Tucci... Total, que usted puede ir vestido de lo que quiera a ver esta película, pero lo más probable es que no le pese ni ella ni la ropa. E