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ABC VIERNES 6 10 2006 Espectáculos 65 Roberto Álvarez Burkard Antonio Dechent Michele Corella Eusebio Poncela Cardenal Giuliano della Rovere Paz Vega Caterina Sforza El secretario del Papa Alejandro era el único que se atrevía a contradecirlo aparte de sus hijos. Tomaba nota de todo, sin mancharse Fiel guardián de los Borgia, era el matarife que lo mismo valía para un roto que para un descosido. Poco hablador, salvo con las armas Perverso enemigo en la sombra de la familia, supo esperar su momento para convertirse en el sucesor de Alejandro, Julio II Pese a pertenecer a una familia enemiga de los Borgia, César la secuestra con la intención de doblegar su voluntad. Rodrigo Borgia (Lluís Homar) nacido en Xátiva, se convirtió en el Papa Alejandro VI en 1492 sión extendida para la pequeña pantalla El propio Hernández declaró que esperaba poder colocar todo lo rodado en una versión del director El director también habló de la actualidad del filme: Lamentablemente está vigente todo. El cine es fabricar una pequeña máquina del tiempo para que el espectador se transporte, pero durante el rodaje sigues leyendo el periódico y descubres que la ambición de poder, algo demencial que no llego a entender, sigue existiendo. Sobrecoge el alma que con tanta cultura sigamos relegando al tercer mundo a la aniquilación y que siga habiendo guerras por motivos religiosos ABC Los Borgia La familia ya no es lo que era España- Italia, 2006 Director: Antonio Hernández Intérpretes: Sergio Peris- Mencheta, Lluís Homar, Eloy Azorín JAVIER CORTIJO L argamente octogenario es el género borgiano en la gran pantalla, a pesar de que sea en la pequeña donde esta familia de pirañas y salmonetes se haya movido en sus mejores aguas. Precisamente ese es el principal rompeolas donde choca la presente adaptación. Y no tiene nada que ver (o sí) con que tenga financiación televisiva, sino que su naturaleza y su ADN están escritos sobre 625 líneas; y ojo que no es un reproche, ya que Mar adentro también lo padecía y ha resultado ser la película más laureada de la historia del cine español y parte del extranjero. Esto es, se deja ver (término que como el está muy bien para su edad aplicado a las mujeres que ya no cumplen los 35) se sigue con la comodidad de una digestión mullida y se abandona con nulo cargo de conciencia. Algo que, quizá, valdría para una reconciliación entre dos niñas gemelas de Milwaukee pero no para la leyenda de una de las familias más fascinantes, poderosas y corruptas de los últimos 500 años. Y eso que los mimbres son de primera: millones de euros para recrear la belleza caduca renacentista, un buen reparto (al menos, pizpireto) y un director solvente como Antonio Hernández, a pesar de tener en su mochila algún bodrio El gran marciano alguna medianía Oculto y algún filme ligeramente sobrevalorado En la ciudad sin límites Eso, y un guión que, por poner una comparación odiosa pero siamesa, aprieta más que Alatriste aunque no en la zona genealógica adecuada. Porque el solomillo de Los Borgia rodea el Aunque hueso del papado parezca del patriarca (impagable el, por otro lamentira, do, espléndido Lluís a los Homar al proclaespañoles mar ya soy Papa nunca se como si le hubiera nos ha dado tocado una bici en bien la mafia una rifa) y las riñas de los hijos varones, dejando de lado el nervio más memorable de la prole: Lucrecia, aquí encarnada por una bella María Valverde y su venenoso acento de Chamberí con sabor a chicle de pera. En vez de Borgia, lo suyo es más de Borja- mari (y Pocholo) para entendernos. Eso sí, muy acorde con la antigravedad mamaria de Sancha de Aragón. Serán las frutas. Además, personajes como los encarnados por Paz Vega o Ángela Molina pasan por ahí y de largo con pasmosa facilidad. En cuanto al protagonista Sergio Peris- Mencheta, y aunque recuerda a los superhéroes anacrónicamente hipermitaminados de algunos videojuegos de época decir que mantiene el tipo mal que bien. Siempre que no recordemos que su papel ya lo encarnó Orson Welles en El príncipe de los zorros y que Collin Farrell estuvo a puntito en un proyecto anulado por Hollywood. Y es que, aunque parezca mentira, a los españoles nunca se nos ha dado bien la mafia.