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ABC VIERNES 6 10 2006 Madrid 49 En cada barrio hay una serie de personas que ven pasar la vida detrás de montañas de periódicos, revistas y coleccionables. Son los quiosqueros de Madrid. Mañana es su día grande La vida en un quiosco TEXTO: CRISTINA ALONSO FOTO: DANIEL G. LÓPEZ MADRID. Aunque a veces cuesta encontrarles en el hacinamiento de periódicos, revistas, coleccionables, chicles, postales, películas y promociones de todo tipo que se esparce a su alrededor, están ahí. Ellos mismos se definen como los confesores o serenos del barrio. Vemos, oímos y callamos afirman. Algunos llevan más de medio siglo viendo pasar la vida catorce horas cada día, haga frío o calor, estén o no enfermos o de buen o mal humor porque muchas de sus persianas sólo se bajan, rigurosamente, tres veces al año: Sábado Santo, Navidad y Año Nuevo. Cuando mañana acuda al quiosco en busca de ABC, felicite a su quiosquero. Es el Día del Vendedor Profesional de Prensa. Enrique Fernández, presidente de la Asociación de Vendedores de Prensa y quiosquero desde hace 21 años, asegura que hay clientes tan despistados que en vez del periódico le han pedido dos barras de pan o un litro de leche. Su hogar se encuentra en la calle del Conde de Peñalver y lleva el quiosco en la sangre: Mi abuela empezó a vender prensa como voceadora después de quedarse mi abuelo y ella sin trabajo. Mi madre la imitó y ya en los años 50 consiguieron el puesto fijo de venta Inicia su jornada a las 7.00 y hasta las 20.30 no recoge el tenderete. Lo mejor, sin ninguna duda, asegura, es la relación con el cliente. De izquierda a derecha, José Isaac Martín, Enrique Fernández, María Teresa Caballero y Javier Escribano Complicidad con los vecinos Compartimos alegrías y penas, somos el confesionario de los barrios, te cuentan todo, enfermedades, problemas... necesitan desahogar y saben que somos gente de confianza explica Enrique. Y no sólo eso. Los vecinos también les piden que les guarden una copia de las llaves de casa, que le den un aviso al portero o que les recojan las bombonas de butano. Somos de los pocos negocios de toda la vida que quedan junto con alguna farmacia, lotería o tienda pequeña explican. Sesenta años lleva María Teresa Caballero, vocal de la asociación, atendiendo con alegría a sus clientes en Serrano, 104. Tiene 65 años. Aunque parezca que fallan las cuentas, no es así. A los cinco años sus padres ya la bajaban al quiosco. Me he criado aquí afirma. Aunque María Teresa está enamorada de su profesión, sabe que se ha perdido muchas cosas de la vida. Entre ellas, la infancia de sus hijos: No he disfrutado de ellos Su hija continuará con el quiosco una vez se jubile y ella, su madre, está encantada porque, aunque sabe que es una profesión dura, cuando un negocio es tuyo, por muy esclavo que sea, nunca te faltará de comer Los hijos de Enrique, sin embargo, no quieren ni pisar el quiosco de su padre: Un día le dije al pequeño que me El alcalde de Madrid recibe a los vendedores de prensa Como es habitual en los últimos años, el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz- Gallardón, recibió ayer en las dependencias municipales de la Casa de la Villa al equipo directivo de la Asociación de Vendedores de Prensa con motivo de la celebración del Día del Vendedor Profesional de Prensa, que se celebra mañana. Como manda la tradición, entregaron al alcalde un ejemplar de todos los periódicos que llegaron ayer hasta sus quioscos. Aunque mañana es un día especial para estos profesionales, su jornada laboral discurrirá con total normalidad. Sólo habrá una diferencia: todos los miembros de la asociación, con representantes de distintas organizaciones y entidades, se reunirán por la noche para cenar en el Palacio Municipal de Congresos. Es un día perfecto para reunirnos y compartir cosas, tenemos mucho que contarnos aseguran. Una de las preocupaciones de este colectivo es la reducción de los puntos de venta de prensa en la ciudad de Madrid. En 1.996 existían 1.200 lugares en los que adquirir un periódico. Hoy sólo quedan unos 900. ríamos tantos años, pero estamos en medio de una grave crisis. La venta de diarios está bajando y los gratuitos no fomentan, como nos prometieron, la lectura, sino que lo que han provocado es ver estos periódicos tirados por el suelo Una de las cosas que más emociona a José Isaac es ver cómo los hijos de sus clientes aparecen un día en el quiosco con sus hijos pequeños y les dicen: Mira, este señor es el que me dio a mí el primer capón porque le robaba periódicos o con este hombre esperaba yo a que mi madre llegara de tal sitio Tarea agotadora Se enteran de la muerte de sus vecinos cuando, tras unos días de ausencia, se dan cuenta de que ese hombre o esa mujer lleva demasiados días sin ir a comprar su periódico de siempre. Se quejan de que las promociones han convertido su tarea en agotadora con tantos puntos, cupones, reservas y encargos. Además, ya no saben dónde meter las casas de muñecas, trenes o pequeños armarios que venden por piezas. Ante la pregunta de si los quioscos desaparecerán algún día, al igual que ha ocurrido con otros negocios tradicionales, no saben muy bien qué contestar. Dios quiera que no, sería una pena Por si acaso, la Virgen del Rocío y un ángel- -regalo de un cliente- -velan desde hace muchos años el quiosco de María Teresa. echara una manita y me miró con una cara... eso es muy duro, papá me contestó. Por una parte me alegré, ni siquiera nosotros queremos que nuestros hijos lleven nuestra vida Lo peor, madrugar Javier Escribano y José Isaac Martín son también quiosqueros y miembros de la asociación- -vocal y vicepresidente respectivamente- Javier de 56 años, lleva casi tres décadas dispensando periódicos y revistas en la calle del Corazón de María desde que dejara su puesto como jefe administrativo de una editorial. No lo cambio por nada. Ahora soy independiente, aunque lo peor de todo es madrugar y tragarte todas las inclemencias del tiempo El frío le ha fastidiado las rodillas y los paquetes, un hombro. Su primera venta, allá por 1979, fue un periódico. No se me olvida, a las siete menos cuarto de la mañana añade. Cuatro décadas, una más que Javier, son las que lleva José Isaac en Víctor de la Serna, 31. La profesión es muy bonita porque si no no aguanta-