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ABC VIERNES 6 10 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA BRONCA PERPETUA A EL RECUADRO MOROS Y CRISTIANOS... SIN MOROS E veía venir. Y eso que no se cumple ningún aniversario redondo de las Navas de Tolosa, de Covadonga, de cuando Almanzor perdió el tambor en Calatañazor o de cuando Boabdil se pegó en Granada una pechada de llorar bastante importantita. Cautiva y derrotada la Historia Contemporánea con la Memoria Amnésica, la guerra civil no ha terminado: continuamos dándole al manubrio del ludibrio y comienza ahora la reescritura de la Edad Media de acuerdo con la praxis de lo políticamente correcto. De aquí a nada, del mismo modo que los republicanos han ganado ya la batalla del Ebro y los nacionales nunca entraron en Madrid, ni tomaron Teruel, ni ocuparon Barcelona, Rodrigo Díaz de Vivar será derrotado por la morisma, por lo que habrá que reeditar una versión políticamente correcta, no racista ni sexista, del Poema del Cid para uso de escolares, sin que las tierras de Castilla se ensanchen con galopada alANTONIO guna de silla de caballo cristiano. BURGOS Como en el corrido de Pancho López, lo que tenía que pasar pasó, y en esta España light del café sin cafeína, la cerveza sin alcohol, el yogur sin grasa, el helado sin azúcar, la tregua sin entrega de armas y el socialismo sin vergüenza, ya hemos inventado la fiesta de moros y cristianos sin moros: sólo con cristianos. Y no para uso interno de mi querida tierra zapatera de Elche y chocolatera de Villajoyosa, sino para la exportación. Aguanten la risa, por la gloria de Mahoma, que esto es muy serio: con motivo del desfile del Día de la Hispanidad por la Quinta Avenida, los moros y cristianos de Alcoy viajarán a Nueva York... pero sin moros. Con la excusa de que a las tropas de la morisma y cristiandad alcoyanas les pasa como a las Fuerzas Armadas españolas todas: que faltan efectivos. Y como no era cosa de reforzar las escuadras con los armaos de la Macarena, que no pintan allí nada, pues, ea, toma del frasco, por la Quinta Avenida de S Nueva York desfilarán los moros y cristianos sólo con cristianos. Cumpliendo así de paso las aspiraciones del presidente de la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas e imán de Málaga, que exige que las fiestas de moros y cristianos sean suprimidas en aras de la buena convivencia De la Alianza de Civilizaciones, vamos. No sé si para contemplar las aguerridas escuadras cristianas alcoyanas, pero la Quinta Avenida va a estar así, María, así, de bote en bote, de antropólogos y etnógrafos, para deslumbrarse ante la invención de la más insólita fiesta que vieron los siglos. A saber, los moros y cristianos sin moros. Que tienen que ser algo tan raro como una corrida de toros sin toros, una cofradía de Semana Santa sin pasos, un partido de fútbol sin balón, una carrera de caballos sin caballos, un concierto sin orquesta o un cine sin pantalla. Cuadratura del círculo absoluta, completamente del todo, que decía Agustín, El Chimenea de Cádiz. Sólo comprensible gracias a la legendaria moral alcoyana. De ahí también el interés añadido de los antropólogos. Mucha más moral que el Alcoyano famoso tienen los moros y cristianos de aquella noble tierra. Hay que tener mucha moral para organizar un desfile de moros y cristianos sin moros de ninguna clase. Incluso sin magrebíes, que es como en el lenguaje de lo políticamente correcto deben ser llamadas tales fiestas: de honorables magrebíes y despreciables cristianos que siguen al carca de Ratzinger. Esto es un primer paso. En el siguiente, veremos cómo tales fiestas levantinas serán autorizadas solamente si se asegura la victoria de la Media Luna sobre la Cruz, de los moros sobre los cristianos, como ya ocurre con la memoria histórica de la batalla del Ebro. Hasta llegar al fin último, que será reescribir la Reconquista como se ha reinventado la guerra civil. Ya verán ustedes cómo ríe Boabdil cuando los Reyes Católicos sean derrotados y, como el de la checa de Bellas Artes, nunca vayan a Granada. NDA por ahí un dirigente de la cosa islámica empeñado en que se supriman las fiestas de moros y cristianos, y no es descartable que en medio de la vigente epidemia de apaciguamiento y corrección política acabe saliéndose de algún modo con la suya, en cuanto encuentre un alcaldillo progre con mala conciencia dispuesto a darle la razón y someter ese popular festejo a algún complaciente revisionismo histórico. Después se cabrean porque el Papa les canta las verdades, pero es que hay musulmanes que llevan el gen prohibicionista en la sangre. Son incompatibles con la risa, con la diversión, con la alegría. Un defecto muy español, por otro lado; debe de tratarse de un sustrato heredado IGNACIO de la larga etapa de domiCAMACHO nancia árabe. En su ceñuda susceptibilidad envenenada de agravios imaginarios, ignora este hombre de Alá que las fiestas de moros y cristianos son las únicas confrontaciones sin saña que tienen lugar en esta España llena de demonios donde parece haber resucitado el duelo de los gigantes goyescos, clavados en el solar patrio para exterminarse a garrotazo limpio. Hay en esas verbenas de guardarropía un aire de parodia sin rencores, un soplo disfrutón que empuja a los dos bandos de pega a confraternizar en el guateque bajo el disfraz de una enemistad de mentirijillas que siempre acaba en la reconciliación de un jolgorio al ritmo de Paquito el Chocolatero En vez de prohibirlas, habría que promocionarlas por televisión, a ver si cunde un poco de su festiva camaradería en esta atmósfera enrarecida de crispaciones que domina el escenario de la vida pública. Porque esto es un sinvivir. Andamos los españoles peleándonos todos contra todos desde bien temprano el día, en la política, en la judicatura, en los medios de comunicación, en los foros de internet, en el fútbol, en la pareja, maridos contra mujeres, en la escuela, niños contra niños, y hasta en las esquelas mortuorias, difuntos contra difuntos, un celtibérico duelo fratricida a muertazos, que hasta ahí ha llegado la cizaña rencorosa sembrada por el Gobierno con su infausto empeño en rescatar la memoria enterrada del crimen cainita. Un cabreo generalizado y transversal, una bronca perpetua. Dicen los sociólogos políticos que este estado de encono es la mejor manera de mantener a los electores movilizados, y por tanto los dirigentes públicos azuzan la extenuante discordia para tratar de proyectarla hacia las próximas batallas electorales, pero lo que se está creando es un peligroso clima social de malquerencia, furia y odio, en cuya espesa humareda rupturista se ahogan los sentimientos de consenso, diálogo y encuentro que nos hicieron libres durante la Transición, allá en el Pleistoceno político. Sólo faltaba, pues, que por complacer a la santa ira islámica nos cargásemos las fiestecitas de moros y cristianos, esa amable patraña de disfraces que acaso sea la última palestra en la que todavía no nos estamos atizando los españoles con esa maldita ferocidad tan familiar y tan recurrente en nuestros fracasos.