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4 Opinión VIERNES 6 10 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Sociedad, Cultura y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Nacional) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar MÁS MENORES INMIGRANTES CADA DÍA A avalancha de inmigrantes ilegales- -trágica, como volvió a certificarse ayer con la desaparición de 20 de ellos en el mar- -no se corresponde sólo con un fenómeno cíclico favorecido por el buen tiempo. De un lado, se ha reeditado después de un año un asalto a la valla de seguridad que separa Melilla de Marruecos que, sin ser masivo, no deja de ratificar la escasa eficacia disuasoria de los acuerdos entre Madrid y Rabat. En segundo lugar, la extraña aparición de una barca en la costa balear acredita que el ingenio y el afán de supervivencia de las mafias es ilimitado y sólo equiparable a su capacidad de trazar asombrosas travesías alternativas. Y tercero, se afianza un nocivo fenómeno de efectos imprevisibles: la fuga, por decenas y en bloque, de inmigrantes de los centros de internamiento cuando ven próxima su repatriación. Pero debiendo constituir estas novedades otro motivo de preocupación para el Gobierno, lo más inquietante hoy es el permanente incremento de menores que llegan ilegalmente a España: casi 80 en los últimos tres días. A las dificultades de responder al drama que representa el desembarco de niños con la mirada perdida en el abismo de su propia angustia, se unen las carencias de nuestra legislación, que atribuye a las comunidades, y no al Gobierno central, la acogida y custodia de esos menores, lo que no en pocas ocasiones les aboca a recibir un trato desigual en función de qué autonomía les tutele. En este contexto, el Gobierno, más proclive a improvisar parcheos que a la política de Estado, ha publicitado entre críticas a las autonomías del PP, y no sin cierta frivolidad, su plan para descargar a Canarias de menores y enviarlos a la península, pero hasta ahora sólo lo ha hecho con una decena. Y son casi mil los que están en lista de espera. Parece razonable aceptar que el menor goce de un plus de protección. Parece razonable que las comunidades sobrecargadas de menores demanden más compromiso de otras autonomías, sean del signo político que sean. Y parece razonable que el Gobierno medie para su solución. Lo que no es aceptable desde ningún punto de vista es que las comunidades se enzarcen en pugnas de pésima imagen- -sea por míseros criterios economicistas, sea por estrictos intereses electoralistas- -ni que el Gobierno se aferre de forma sistemática a la excusa de que los menores no son de su competencia. Amagar con ponerse de perfil socava la credibilidad del ciudadano en los poderes públicos. A todos ellos, cada uno en la proporción que la ley prescribe, les es exigible un celo especial- -y un punto añadido de generosidad- -en el sostenimiento de los menores, a quienes las carencias propias del desarraigo les pueden arrojar a la delincuencia o a la mendicidad. Pero independientemente de tal exigencia, el Gobierno central es el responsable último y gestor principal de la política de inmigración, por lo que está obligado a arbitrar, con resultados, soluciones eficaces con las comunidades y no a obcecarse en fingir que gana una batalla que, según le recuerda Europa cada día, está perdiendo. L REPUBLICANOS DE OCASIÓN C ON motivo de su conferencia en Georgetown, a la que asistió el Príncipe de Asturias, el historiador norteamericano Stanley G. Payne afirmaba ante los periodistas que quien desee en España la Tercera República merece ir al manicomio El ilustre académico advirtió también sobre los riesgos de una mal llamada Segunda Transición y atribuyó este revisionismo a la izquierda radical, incluido algún sector del PSOE que prefiere ignorar unos antecedentes lamentables: según la certera síntesis de Payne, la Primera República colapsó al país y la segunda lo dividió en una guerra civil. Abierta la caja de Pandora sobre el sistema constitucional, surge en determinados ambientes políticos un debate artificial en torno a la forma de gobierno al que es ajeno la inmensa mayoría de los ciudadanos. La Corona como institución y la figura ejemplar de Don Juan Carlos I han jugado un papel determinante en el éxito que supuso para España el establecimiento de una democracia constitucional que sitúa a nuestro país a la altura de los tiempos, en el único lugar que puede y que debe ocupar en el mapa político internacional. Por tanto, sólo desde la mala fe o desde la más absoluta torpeza puede cuestionarse la eficacia de la Monarquía como elemento vertebrador en la historia de España y símbolo de la unidad y permanencia del Estado, como dispone con todo rigor el artículo 56 de la Constitución. La opción explícita en favor de la República forma parte del ideario trasnochado de una izquierda que ha perdido hace tiempo sus señas de identidad. Alcanza, sin duda, más eco del que merece porque el PSOE ha convertido a formaciones como IU y ERC en socios más o menos formales. No cabe reprochar al presidente del Gobierno (al margen de sus elogios al periodo 1931- 1996) acciones concretas que alienten tales planteamientos, pero es indudable que no se ayuda a la estabilidad institucional dando juego a unos aliados que se sitúan extramuros del sistema, a quienes se concede una ley tan innecesaria y sin sentido como la que pretende recuperar la mal llamada memoria histó- rica Tampoco ayuda- -al menos en el terreno semántico- -la simpatía que muestra en público Rodríguez Zapatero hacia una corriente de la teoría política contemporánea que se denomina republicanismo cívico expresión equívoca que no todo el mundo sabe situar en el contexto de la democracia deliberativa y otras doctrinas de moda en la izquierda actual. De ahí afirmaciones peregrinas como la de que tenemos un Rey muy republicano Un presidente del Gobierno no es un profesor universitario y debe medir al milímetro cada una de sus palabras. La derecha responsable y madura ha mostrado en todo momento un apoyo inequívoco a la Institución que la inmensa mayoría de los españoles identifica con los valores y principios constitucionales. Aunque razones de prudencia aconsejan que se ponga en práctica sin precipitación, el acuerdo de fondo sobre la reforma del artículo 57 en materia de sucesión es fiel reflejo de la convicción profunda que mantienen los principales partidos más allá del oportunismo coyuntural. Hay otro fenómeno preocupante. Pescadores en río revuelto pretenden obtener rédito para sus intereses particulares a través de críticas o insinuaciones más o menos explícitas. Ciertos comunicadores se aprovechan de la buena voluntad de sus oyentes o lectores en favor de una solución vagamente republicana a los problemas actuales, amparada a veces en insidias o acusaciones gratuitas. Tal ejercicio de populismo amarillo pretende crear un clima de opinión que no existe, pero siembra vientos con la intención de recoger en algún momento las tempestades. Conviene estar atentos a estos enfoques, ciertamente muy minoritarios en la derecha, que confluyen de forma significativa con el extremismo izquierdista. Es curioso que este ejercicio de erosión del sistema pretenda disfrazarse de progresismo como si- -a estas alturas- -república fuera sinónimo de democracia y monarquía de absolutismo. Contra los republicanos de ocasión, extraños compañeros de viaje de la izquierda más rancia y dogmática, debe oponerse la Constitución, la historia y la realidad social. SUBEN LOS TIPOS Y EL PETRÓLEO E L Banco Central Europeo subió ayer los tipos de interés hasta el 3,25 por ciento, la cifra más alta desde hace tres años y medio. Este anunciado aumento de 0,25 puntos es el quinto consecutivo en los últimos diez meses y, según Jean Claude Trichet, presidente del BCE, es previsible otra subida antes de finales de año, hasta dejarlos en el 3,5 por ciento. El objetivo principal que persigue la autoridad monetaria es atajar el riesgo que persiste de futuras tensiones inflacionistas, aunque en el área euro se han registrado descensos puntuales en la inflación- -hasta el 1,8 en septiembre en tasa interanual- y parece consolidarse la recuperación del crecimiento económico, con un aumento en el PIB del 2,6 en el segundo trimestre de este año, medio punto más que en el anterior. Estas cifras alientan un previsible freno en la actual subida de tipos durante el próximo año, tal y como dejó entrever ayer el presidente del BCE. Aunque los últimos datos sobre el precio del petróleo podrían añadir más presión inflacionista: ayer repuntó desde los 58 a los 60 dólares el barril de Brent ante el anuncio por la OPEP de un recorte en la producción. En total, pretende una reducción de un millón de barriles diarios, medida que apoya la mayoría de los once miembros de la organización, incluido el principal productor, Arabia Saudí. No obstante, los actuales precios distan aún mucho de los registrados hace tan sólo unos meses, cuando llegaron a rebasar los 80 dólares barril. La escalada de los tipos de interés puede atajar algunos males de nuestra economía, como la inflación y el alto consumo, pero tiene una inmediata repercusión en el bolsillo de los ciudadanos, especialmente en las hipotecas, en un momento en el que el nivel de endeudamiento de las familias se encuentra en su nivel más alto. En cualquier caso, la subida de ayer estaba descontada por el euribor, que en septiembre llegó al 3,715 por ciento, tras doce incrementos consecutivos en el principal indicador utilizado para fijar el tipo de interés de los préstamos hipotecarios. Aún con los actuales niveles de los tipos de interés, los expertos no observan excesivos riesgos de aumento en la morosidad de las familias, que permanece en tasas bajas. Tampoco ven los expertos muy probable una brusca desaceleración en los precios inmobiliarios, en los que, por otra parte, se observa, según los últimos datos, un ligero freno en los fuertes aumentos registrados durante los últimos años. En definitiva, una subida de tipos anunciada con la mirada ya puesta en diciembre, mes en el que el BCE podría dar una nueva vuelta de tuerca al precio del dinero.