Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
68 JUEVES 5 10 2006 ABC FIRMAS EN ABC éticos, este código deontológico del Cuerpo de Guardias Civiles no ha sido escritura de estantería. Estas normas han constituído, constituyen, más de siglo y medio de camino, de oficio por los cuatro puntos cardinales de España, y aún más allá, en distintos países de la Hispanoamérica hermana, así en guarniciones de estructura permanente en Cuba, Filipinas y Puerto Rico mientras fueron españolas; en Unidades desplazadas para pacificar y establecer cuerpos policiales modernos en Guatemala, El Salvador, Bulgaria, Rumanía, Mozambique o Haití cuando se demandó de España este compromiso; formando parte de destacamentos con misiones de paz o de contingentes supranacionales para imposición y custodia del respeto a los derechos humanos en Bosnia, Kosovo, etc. Esta ha sido y es la Guardia Civil de antes y ahora. De siempre. Hoy, 162 años después, la Guardia Civil es un moderno cuerpo de seguridad con presencia en los cielos y los mares del país, donde 73.000 hombres y mujeres, formados en las más recientes técnicas policiales, usuarios de últimas tecnologías para los servicios que las demandan, integran un amplio abanico de especialidades que le permiten un despliegue eficaz frente a todos y cada uno de los retos con que el crimen asuela a las sociedades modernas. La Guardia Civil en las tierras del interior, en las costas y fronteras, en los servicios de inteligencia, en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado, en la seguridad del tráfico, en la defensa del medio ambiente terrestre y marítimo, en misiones bajo amparo de Naciones Unidas o la Unión Europea, en organizaciones y foros policiales internacionales, en fin y sobre todo en la solidaridad y la entrega generosa a la ciudadanía. Hoy, 162 años después, este cuerpo abnegado y austero, que apuntala sus pasos en el sacrificio y la disciplina, este cuerpo, resiste los embates del tiempo, los modos cambiantes, porque articula el esqueleto de su oficio sobre pilares fundamentales del humanismo secular y lo más substantivo de la milicia. Seguramente ahí radique un importantísimo baluarte para mantener vivo el aprecio de los españoles de hoy y de siempre, arropando y dando el sentido último a una acrisolada vocación de servicio. Y todo ello desde la más inmaculada lealtad a la Constitución, lugar de encuentro para la igualdad y la libertad; enunciado superior y recinto cierto de la solidaridad de los pueblos de España. Hoy, para ese cuerpo dedicado a tareas de seguridad que es la Guardia Civil, su equipaje jurídico sentimental viene definido por una patria que sentir y amar; una Constitución que guardar y hacer guardar como norma fundamental del estado, un pueblo al que servir desde la protección del libre ejercicio de los derechos y libertades, desde la garantía de la seguridad ciudadana. Hoy, 162 años después, quiero recordar a nuestros conciudadanos que somos servidores públicos, que su bienestar es nuestro objetivo, que la convivencia en paz desde la consideración y el respeto guía nuestros esfuerzos. Que todos juntos hacemos cada día España. JUAN CARLOS RODRÍGUEZ BÚRDALO GENERAL DE DIVISIÓN DE LA GUARDIA CIVIL Y ESCRITOR ¿TIENE FUTURO LA COMO CUERPO? GUARDIA CIVIL sus virtudes esenciales. Finalizado su aprendizaje, el guardia civil es devuelto a su medio de procedencia, al ámbito rural, donde prestará servicio asistido por su uniforme, su saber y su conducta. Si así la recluta, de la intensidad y calidad de las exigencias formativas seguramente resulta esclarecedor el artículo que intercalaba el Diario de Barcelona de 28 de diciembre de 1844, es decir, sólo seis meses después de la fundación. El documento periodístico es éste: Dice haber observado en los guardias civiles ciertos actos de atención, ciertos modales que han sido tanto más de su gusto cuanto menos acostumbrado está hasta ahora a verlos en los dependientes que intiman órdenes en nombre de la autoridad... que en las puertas, para pedir el pasaporte a los transeúntes observan las mismas formalidades, y en el modo de presentarse en público hay cierta dignidad que indudablemente les conquistará el aprecio de las gentes honradas. Según tiene entendido, a los guardias civiles se les impone el deber de conducción siempre en términos atentos; se les educa, se les enseña hasta el modo de saludar. Así los quería el fundador. Y así dispuso principios referenciales como paneles colgados en los muros de la conciencia, pilares del frontispicio del honor como valor inspirador de vida y profesión. Y está claro que estos referentes Este Cuerpo articula su oficio sobre pilares fundamentales del humanismo secular y lo más substantivo de la milicia... A España decimonónica careció durante las primeras décadas del siglo de una institución general consagrada a la seguridad y protección públicas en los caminos y despoblados. La abundancia incontrolada de malhechores obligó al empleo de tropas del Ejército que guardaban con destacamentos ciertos puntos de las carreteras, escoltaban presos y convoyes, vigilaban algunos edificios, etc, medida que, aún beneficiosa, se mostró insuficiente. Tanto se agravó la situación, que el segundo duque de Ahumada, don Francisco Javier Girón y Ezpeleta, acertó a proponer el proyecto que, en 1844, por Real Decreto de 8 de mayo de la Reina Isabel II, y con el nombre de Cuerpo de Guardias Civiles, cristaliza y procura una institución militar de seguridad a la sociedad española, con presencia permanente en las zonas rurales del país. ¿Qué talante, qué extracción social se buscaba y qué profesionales se quería para la nueva institución? La respuesta emerge reveladora a poco que nos adentremos en la literatura corporativa, o sea, en las circulares que el L fundador del Cuerpo dicta al compás de los primeros despliegues de la implantación; circulares, algunas de tanta trascendencia, que se trasladan íntegramente a la Cartilla, ese corpus tan heterogéneo como plenario donde normas éticas se funden con disposiciones para el servicio, directivas técnicas para el uso de las armas o prevenciones para la vida en la casa cuartel. El historiador Martínez Ruiz apunta que la recluta y organización que Ahumada pretende se centra en tres órdenes diferentes: en primer término, diseña una tipología humana definida por un individuo con una talla algo superior a la media, no analfabeto, pues tendrá que leer y escribir, y que haya llevado una vida honrada. En segundo orden se quiere para la reciente institución una imagen nueva, distinta, definida por el buen porte, la cortesía y el comportamiento de sus miembros. En tercer lugar se marcarán unos perfiles éticos, una manera de vivir que podemos relacionar con la forma de entender la vida las clases medias del siglo XIX. Este retrato sólo tenía acomodo en un cuerpo de naturaleza militar, prototípico de MIGUEL TORRES PERIODISTA NOSTALGIA Y CRISPACIÓN N UNCA, en los treinta años que llevamos de democracia, habíamos llegado a unos niveles tan altos de nostalgia y de crispación como los que vivimos en la actualidad. Nostalgia y crispación se alimentan mutuamente en los libros que someten a revisión el franquismo, en la guerra contra las estatuas y las señales urbanas que recuerdan la dictadura, en las invocaciones a la memoria histórica, en la batalla de las esquelas de hace setenta años, en las series de televisión que rebobinan la moviola de las últimas décadas, en la interpretación de la gran tragedia del 11- M a la luz de posiciones irreconciliables. En la sobremesa de agradables y pacíficas cenas sociales estalla al final casi siempre la crispación que nos rodea, puesta en bandeja por los partidos políticos y potenciada por unos medios de comunicación altamente beligerantes. La nostalgia, hecha de regreso y dolor, ha sido siempre, por defini- ción, un anhelo del pasado idealizado y poco realista. Pero cuando se mezcla, como ahora, con la crispación, puede resultar un cóctel peligroso, un intento de querer rescribir el pasado pero con otra redacción. Ya no se trata de la tristeza melancólica originada por el recuerdo de un tiempo que suele coincidir con nuestra juventud, sino que existe el deseo de ganar batallas perdidas en su momento, o, para otros, de reafirmar la irreversibilidad de los hechos históricos. Golo Mann, un gran historiador, ya nos advirtió sobre la dificultad de establecer dónde termina la historia y dónde comienza el presente, y en qué manera hay continuidad entre la expiación del pecado de los padres y la culpa propia de los hijos. Somos por naturaleza seres obstinados en enfrentarse unos a otros Centenares de millones de europeos se vieron esclavizados por el comunismo al final de la segunda guerra mundial como consecuencia de los pecados nazis o fascistas, de sus padres. ¿Cómo diferenciar la historia del presente, cuando éste había nacido en el vientre de aquella? Nuestro presente, en España, viene determinado en gran medida por un pasado aún reciente y lacerante, y nuestra conducta no debe ser el resultado de los pecados que recibimos en herencia y los pecados propios. Hicimos un gran esfuerzo de concordia con la transición, pero ahora habría que retroceder mucho en el tiempo, a los últimos años de la Monarquía alfonsina y a los de la segunda república, para encontrar en las hemerotecas un nivel de beligerancia despiadada como el que vivimos ahora. Con el agravante de que la radio, un medio de comunicación prácticamente inexistente entonces, se ha convertido en abanderado de tendencias enfrentadas. De ningún modo podemos permitir que la nostalgia, el revisionismo y la crispación sean el motor de nuestro pensamiento. La reflexión sobre qué futuro deseamos para nuestro país y, en definitiva, para la calidad de vida de nuestros hijos y nuestros nietos, debiera ser la única meta y el crisol de todo pensamiento y toda acción.