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ABC MIÉRCOLES 4 10 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL GILIPOLLAS E CARMEN LA CIGARRERA, PREJUBILADA E S como si Don Juan, tras hacer voto de castidad, se hubiera metido a cartujo. Como si Fígaro, harto de cabezas a lo Mister Proper rapadas en casa, hubiera cerrado su negocio como Barbero de Sevilla, pegando el pelotazo al traspasarlo para un Starbucks Café. A Carmen la cigarrera, navaja en la liga, fuego en las pestañas, la que en sus muslos morenos liaba voluptuosamente los cigarros puros, la han prejubilado. Desmantelan la que desde 1620 fue Real Fábrica de Tabacos de Sevilla. El que quiera ver a Carmen, que se vaya a la Scala de Milán. A Carmen y a muchas cármenes contemporáneas de Sevilla, trabajadoras de Altadis, la han quitado literalmente del tabaco. Todo empezó por una copla premonitoria de El Pali. Cantó el traslado a Los Remedios de la Real Fábrica de Tabacos desde su edificio dieciochesco. El Pali evocaba: Ya ANTONIO no pasan cigarreras por la calle BURGOS San Fernando Por la calle San Fernando, instaladas en la Fábrica de Tabacos las facultades universitarias, pasaban las niñas de Filosofía y Letras, monísimas. La Fábrica de Tabacos se había ido a la burguesa Sevilla de Los Remedios, como un barrio de Salamanca junto al Guadalquivir. Y hasta allí se fue también la cofradía cuyo título recuerda a la periodística que tenía por hermano mayor a Jaime Campmany: Columna y Azotes. Era la cofradía de Las Cigarreras, cuya última salida de la Real Fábrica de Tabacos vio César González Ruano, quien la contó en un artículo antológico en ABC, testigo del mito de las últimas cigarreras. Ay, qué tiempos en que el tabaco era social, cultural y literariamente correcto. La mitología cultural del tabaco no se queda en las volutas cinematográficas de Humphrey Bogart. Don Alfonso XIII, gran fumador, alentó esa mitología. La única cofra- día sevillana que presidió Alfonso XIII una Semana Santa fue Las Cigarreras. En el sepia sentimental de las fotografías aún está Don Alfonso con su uniforme de capitán general, presidiendo el paso de la Virgen de la Victoria. Imagen de la España que fumaba: delante del paso, con su vara dorada, el Rey; detrás, las cigarreras con sus velillos de misa dominical, las que aún alcanzó a ver Ruano cuando acompañaban a su Virgen de la Victoria hasta la fábrica tabaquera de Los Remedios, que ahora cierran. Don Alfonso presidía la cofradía de Las Cigarreras y los fumadores le tocaban las palmas. Ahora su augusto nieto no puede ni encender un cigarrito en público, porque aquí no sólo han prejubilado a Carmen, sino que hasta al mismísimo Don Juan Carlos lo han quitado del tabaco. Algunos pintarán la prejubilación de Carmen como una saludable victoria de las dictatoriales leyes antitabaco. Servidor la interpreta en el marco (incomparable) de las falsías sociales al uso. El mismo día que a Carmen le cerraban la fábrica de Escamillo y de Don José, se anunciaba que entre 1995 y 2003 se ha duplicado el consumo de cannabis en España, y que 29.000 muchachos se fuman su buen pedazo de porro cada día. Y que en ese periodo se ha cuadruplicado el consumo de cocaína: 6.000 menores la esnifan cotidianamente. Pero, eso sí, encender un cigarrillo cada día es más difícil y está socialmente peor considerado. El fumador es un peligroso social. Si don Próspero Merimée volviera, probablemente haría a Carmen no cigarrera, sino traficante de chocolate al menudeo, que es lo que ahora se ve normal. En cuanto a la escultura de la Fama tocando la trompeta que desde 1758 remata la pétrea portada de la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, más políticamente correcta no puede ser. La escultura de la Fama no está tocando la trompeta. La Fama, siguiendo las leyes antitabaco y la permisividad y prestigio social de las otras drogas, está fumándose un porro trompetero tamaño XXL. STE Tony Blair junto al que se retrata con arrobo el presidente Míster Sonrisa, ¿no era el mismo que se hizo la foto de las Azores con Bush y Aznar? ¿No era el odioso izquierdista arrepentido que ejercía de lacayo del Imperio en sus mentiras sobre las armas de destrucción masiva? ¿No era el jocoso comensal que en las sobremesas de Moncloa se burlaba con el Hombre del Bigote de las masivas manifestaciones de rechazo a la guerra de Irak? ¿No era éste, en fin, el tipo al que el primer ministro de Defensa de este Gobierno, José Bono, trató delicadamente con un calificativo muy apropiado? ¿Cómo fue aquello que dijo Bono? Ah sí, ya recuerdo: Este Blair es un poco gilipollas... Pues he aquí al gilipollas en cuestión, el amigo IGNACIO de Aznar, el mamporreCAMACHO ro de Bush, convertido en mentor y consejero del proceso de paz Misterios de la política: ¿cómo puede dar consejos sobre la paz un adalid de la guerra? Ah, es que se trata de otra guerra. Y, sobre todo, se trata de que el que lo recibe con su sonrisa desplegada no es ya el líder que estaba detrás de las pancartas callejeras cuando Blair se reía de ellas en un comedor privado de Moncloa, sino el que aprieta el botón del timbre de ese comedor para que un camarero de uniforme sirva el café. Salto cualitativo esencial, desde cuya nueva perspectiva el antiguo paje imperialista se transforma en el Príncipe de Stormont que ilumina el camino para acabar con el terrorismo. No, no es doble rasero. Es doble moral, o más bien una moral política dobladiza que se pliega justo por el filo del poder. Sentado ese pragmático principio, el primer ministro británico se alza como avalista de la negociación con ETA y asesora a Zapatero sobre los delicados pasos que requiere un baile tan peligroso. Recordemos los que él dio en Irlanda: 1. Se negó a sentarse con los bandos en conflicto (dos, enfrentados entre sí) mientras continuase la violencia. 2. Concedió como máximo precio de la paz una autonomía inferior a la que el País Vasco posee desde hace más de un cuarto de siglo. 3. Practicó excarcelaciones a cuentagotas, y siempre que los presos beneficiados pidiesen perdón y abjurasen en público de la violencia. 4. Se reservó el poder de volver a encarcelar a quienes incumpliesen su compromiso. Y 5. Suspendió a la mínima contrariedad la precaria autonomía del Ulster, hasta hoy. Todo ello, con el respaldo de la oposición. A ese proceso se apuntarían muchos españoles, pero es dudoso que ETA lo aceptara. Por tanto, el consejo de Blair será más bien una oferta de mediación, que quizá ya lleve tiempo produciéndose. Y la foto conjunta, un respaldo a la internacionalización que tanto han perseguido los batasunos y sus siniestros mentores. A Blair, claro, eso le da igual. Él ya ha triunfado, está de retirada y quizás en su cordial media sonrisa brille un rictus de silenciosa revancha. El gilipollas de la guerra ha vuelto bajo palio como Príncipe de la Paz...