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38 Internacional MARTES 3 10 2006 ABC Mueren tres marines de EE. UU. en una operación militar en Irak b El Partido Islámico Iraquí (suní) La saga del congresista interesado en menores de edad y el último libro de Bob Woodward sobre la disfuncional guerra de Irak colocan a los republicanos y la Administración Bush en una vulnerable posición a cinco semanas de las elecciones legislativas informó del hallazgo de los cadáveres de 26 obreros que habían sido secuestrados el domingo. Todos presentaban signos de torturas ABC BAGDAD. Tres marines estadounidenses murieron el pasado sábado en el curso de una operación militar en la provincia de Anbar, en el oeste de Irak, según informó ayer el mando estadounidense en un comunicado. Un marine del Quinto Regimiento de Combate y otro de la Primera Fuerza Expedicionaria fallecieron el sábado como consecuencia de las heridas causadas por acción enemiga indicó el comunicado. Un tercer militar de la Primera Fuerza Expedicionaria murió el mismo sábado a causa de un accidente de tráfico ajeno al combate. Ayer, la policía iraquí encontró 76 cadáveres en diferentes barrios de Bagdad, el mismo día en que dos personas murieron y otras catorce resultaron heridas en varios atentados. El Partido Islámico Iraquí (PII) uno de los más importantes de la comunidad árabe suní de Irak, informó del hallazgo de los cadáveres de 26 obreros de una fábrica de alimentos precocinados que fueron secuestrados el domingo, en el oeste de Bagdad. Según un comunicado de dicha agrupación política, las víctimas, todas suníes, fueron halladas en la zona de Abu Dashir, en el sur de la capital. Los 26 trabajadores fueron secuestrados por un grupo armado que llegó a las instalaciones de la fábrica en tres coches, uno de ellos de los servicios de seguridad del Ministerio del Interior. Ayer también, fueron encontrados en distintos puntos de la capital iraquí los cuerpos sin vida de 50 personas con signos de torturas. La peor campaña P. RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. A cinco semanas de las elecciones legislativas del 7 de noviembre- -las primeras desde la llegada a la Casa Blanca del presidente Bush en las que los conservadores se arriesgan a perder su posición mayoritaria en el Congreso federal- -la combinación de un libro sobre el fiasco de la guerra de Irak y un nuevo escándalo sexual en Washington están colocando en una vulnerable posición al Partido Republicano. Más allá del tradicional retroceso que las elecciones de medio mandato suele deparar en Estados Unidos a la formación política que ocupa el despacho oval. Con un tono reminiscente del caso Lewinsky, la saga del congresista Mark Foley no se ha cerrado con la dimisión el viernes de ese político de Florida al trascender una serie de procaces mensajes SMS remitidos a un becario de dieciséis años. El caso se está complicando al saberse que los líderes republicanos de la Cámara Baja conocieron el año pasado este comportamiento sin hacer nada al respecto. Reproche de especial resonancia en la opinión pública de Estados Unidos al recordar a los no muy distantes casos de pasividad y negligencia formulados contra la jerarquía católica en varios casos de curas pederastas. Cuándo y qué sabían La oposición demócrata está exigiendo una pesquisa parlamentaria no solamente centrada en los SMS de contenido sexual enviados por el diputado Foley a becarios menores de edad sino también en la nula respuesta de los responsables parlamentarios de su partido. Insistiendo en formular las preguntas legendarias de Watergate cuándo y qué sabían los portavoces republicanos en la Cámara Baja sobre el comportamiento del congresista Foley, irónicamente famoso por liderar toda clase de iniciativas legislativas de protección de la infancia. Para intentar contener las ramificaciones de este caso, el Speaker de la Cámara de Representantes- -el republicano Dennos Hastert- -ha solicitado formalmente una investigación criminal al Departamento de Justicia. Y en busca de una coartada etílica, el diputado Foley ha anunciado ayer a través de sus abogados su ingreso inmediato en un centro de rehabilitación de alcohólicos, mientras el FBI y las autoridades de Florida han confirmado la apertura de pesquisas preliminares en busca de indicios delictivos. Ante estas circunstancias tan poco favorables para los conservadores, hay que recordar que los demócratas solamente necesitan conquistar quince escaños en los comicios de 7 de noviembre para hacerse con la mayoría en la Cámara de Representantes. Con Mark Foley, ex congresista republicano por Florida el riesgo de que el caso de los SMS sirva como munición a nivel nacional para cuestionar la ética de los republicanos que durante esta legislatura han acumulado cuatro dimisiones forzadas. Con el agravante de que los escándalos sexuales suelen convertir a cada votante en un experto inmediato sin necesidad de entrar en cuestiones o debates mucho más arcanas. Dentro de todo este crispado y reñido clima electoral, la otra gran fuente de apuros para la Administración Bush está siendo la publicación del último libro del periodista Bob Wood- AP Los demócratas utilizan el escándalo sexual para cuestionar los estándares éticos de la mayoría republicana El libro de Woodward sirve como canal para un llamativo ajuste de cuentas en la trastienda de Washington ward sobre la disfuncional guerra de Irak. El volumen State of Denial argumenta que el Gobierno de Estados Unidos deliberadamente oculta la verdad sobre la situación desesperada en Irak, teatro de operaciones en el que los soldados estarían sufriendo una media de un ataque cada quince minutos. Y presenta a un Bush absolutamente convencido de que esa intervención ha sido un acierto y empeñado en defender la gestión de su cuestionado secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. La Casa Blanca, tras haber respaldado otros libros anteriores de Woodward mucho más favorables, se ha visto obligada a calificar esta nueva entrega como un ejercicio de oportunismo tergiversador. Llegando a publicar un documento sobre los mitos publicados por Woodward, en el que se apunta como el presidente Bush ha venido reconociendo la existencia de problemas en Irak. La polémica del libro, que está sirviendo como canal para un llamativo ajuste de cuentas en la trastienda de Washington, también ha salpicado a Condoleezza Rice por haber recibido supuestamente de la CIA e ignorado una enfática advertencia sobre un inminente ataque contra Estados Unidos dos meses antes del 11- S.