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82 LUNES 2 10 2006 ABC Deportes El momento clave de la carrera: Schumacher adelanta a Fisichella y se coloca primero para irse a por una victoria que le da el primer puesto del Mundial Alonso pierde el maillot amarillo Michael Schumacher gana al español y deja el Campeonato del Mundo en empate en un Gran Premio de China decidido por la ruleta rusa de la lluvia y los cambios de neumáticos JOSÉ CARLOS CARABIAS ENVIADO ESPECIAL SHANGHAI. Ninguna imagen como el podio reproduce con mayor fidelidad lo que sucede en el escalafón de la Fórmula 1. La felicidad o la desdicha se catan al primer vistazo. Al margen de los saltos juveniles de Schumacher y el gesto serio de Fernando Alonso, el termómetro ayer en Shanghai fue la botella de champán. Cesaron los himnos, llegó el cava y el alemán corrió como una centella unos metros más allá a vaciar el líquido sobre la cabeza de su ingeniero de pista, el australiano Chris Dyer. El español envió desganado un par de burbujas hacia ningún lado y aparcó la ceremonia. En cumplimiento del protocolo habitual, lanzó la botella a sus auxiliares. El recipiente estaba lleno, cargado de tristeza, y las manos blandas del mecánico hicieron el resto. Se estrelló contra el suelo, en el epílogo de una mañana aciaga. La botella de Schumacher estaba, claro, vacía por completo. El hombre de rojo la agarró como si fuera un rebote de Gasol y Ferrari brindó por un día redondo. Pista mojada, pista seca La caza se consumó de forma imprevista, en una carrera estupenda que alimenta la idea que nació en Hungría. Tendría que ser obligatorio un manguerazo a la pista estilo Clemente para procurar diversión extra al aficionado. El péndulo de la lluvia, ahora moja, ahora seca, deparó una sesión intensa en la que Fernando Alonso fue el más rápido al principio y al final, en condiciones definidas. Con agua y con la pista seca. Patinó cuando hubo mezcla, ni frío ni calor. Cada vez que llueve, pasan un montón de cosas en la F- 1. Resulta gratificante comprobar cómo las variables de la naturaleza superan las previsiones, el rodillo de la informatización, la certeza de que dos y dos siempre van a sumar cuatro. El chirimiri equipó a los coches con neumáticos intermedios. Ni un calzado extremo frente a los charcos ni la suela lisa para el secarral. Las nubes sobre Shanghai debieron animar a Alonso, que puso precio a la victoria en la salida. Tomó la directa escopetado, impulsado por su pericia al volante y por la enjundia de los rivales que Schumacher tenía por delante, Button, Raikko- LO MEJOR LO PEOR La emoción que presidió la carrera, con cambios de líder y múltiples adelantamientos Los errores del equipo Renault en los cambios de neumáticos perjudicaron a Alonso nen y Fisichella. Fue visto y no visto. En cinco vueltas, veintidós segundos al alemán. Flotó entonces la impresión engañosa de que la Fórmula 1 carece de interés si no hay lucha. Aquella vieja máxima del deporte según la cual no hay gloria sin épica. Alonso hacía tan fácil lo difícil (una cadena de vueltas rápidas) que aquello parecía un desfile militar. La carrera fue adquiriendo su orden natural, el talento de los pilotos prevaleciendo sobre las circunstancias (Raikkonen y Schumacher escalaron puestos) hasta que el componente tecnológico tomó la palabra. La rueda delantera izquierda del R 26 de Alonso dijo basta. El garaje de Renault resultó ayer fatal para el español, que cambió sólo los dos neumáticos delanteros. Una práctica poco habitual. Salió para ingresar en una tortura. Las ampollas aparecieron en la piel de sus Michelín y en vez de evaporarse en cinco o seis giros, allí se quedaron. En vista de ello, Fisichella no cambió neu-