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80 Economía LUNES 2 10 2006 ABC UNA AYUDA OBLIGADA JOSÉ FERRER Presidente de honor de Freixenet P lanteemos económicamente la cuestión del motivo de la ayuda del Estado a la Iglesia Católica. Quedan ya lejos los tiempos del Concordato de 1851 que sirvió para restablecer la paz entre Roma y la Corte de Isabel II, al liquidar así el contencioso de la Desamortización, tan mal planteado mil veces, incluso por Marcelino Menéndez Pelayo y su desafortunada frase de inmenso latrocinio Ahora la cuestión se debe centrar en cuatro aspectos. El primero es de carácter inmaterial, como son los servicios. El atender la demanda de una población mayoritariamente católica, que exige ciertas ayudas espirituales para enconJUAN VELARDE trarse satisfecha anímicaFUERTES mente, obliga a disponer de sacerdotes y templos. No es la única demanda de este tipo, pero si el Estado considera, y hace bien, que ha de cubrir las exigencias de la contemplación de cuadros selectos, de escuchar música o de mejorar la formación cultural, que se plantean en forma de demanda casi coactiva, ¿por qué puede no atender otra exigencia, la de que existan templos para orar, sacerdotes para impartir los sacramentos, si la demanda es de millones de personas? En segundo lugar, la Iglesia se ha convertido en guardiana de un tesoro artístico gigantesco que sólo una política insensata incitaría a despilfarrar. La desamortización se llevó por delante desde templos hasta imágenes, desde la gran música religiosa- -al obligar a quienes la practicaban, para no morirse de hambre, a refugiarse en la música ramplona de los cafés- -a los documentos que no fue capaz de captar el Archivo Histórico Nacional. Lo que queda, que es ingente, y parte notable de la riqueza nacional, ¿no debe subvencionarse para su buena guarda? Tiene, por otro lado, una rentabilidad turística general nada despreciable para el cómputo de la economía española. En tercer lugar, la Iglesia se ha convertido en un mecanismo de ayuda a la política social extraordinariamente barato, sencillamente porque la mano de obra, pongamos por caso a las Hermanitas de los Pobres o las Hijas de la Caridad, recibe, comparada con los salarios del mercado, unos ingresos muchísimo más reducidos. ¿Qué sería de nuestra seguridad, qué sucedería en nuestra política social si se retirase el apoyo asistencial de la Iglesia, y hubiese de acudir el Estado al duro mercado? ¿Aguantaría nuestra realidad presupuestaria ese coste? El cuarto aspecto es el de la educación. Tras los estudios econométricos de Santín queda claro que la rentabilidad de la enseñanza concertada, en parte notable en manos de la Iglesia es más alta que la pública. Por otro lado, yo mismo he elaborado análisis, ya publicados, que muestran que es más barata que la pública. No se trata, naturalmente, de suprimir o frenar a ésta, pero sí de no perturbar a la concertada de la Iglesia. Por lo tanto, nada de considerar que con los recientes acuerdos hay generosidad por parte del Estado. Económicamente han de considerarse cicateros. El champán se vende más en España por el boicot al cava El patriarca de Freixenet, mejor empresario del año en Estados Unidos, da por zanjado el rechazo al cava y prepara las aperturas de los mercados indio y chino POR: JOAN CARLES VALERO BARCELONA. Es el oteador de nuevos mercados de Freixenet. De regreso de China, donde el cava se promocionará con ocasión de los Juegos Olímpicos de Pekín y la Expo de Shanghai, el patriarca de la empresa familiar prepara la incursión del grupo en India. Entre tanto, ha recogido en Nueva York el galardón Business Leader of the Year Award al mejor empresario del año, de manos de la Cámara de Comercio de España en los Estados Unidos. Un galardón que supone el reconocimiento de la presencia del cava en las celebraciones de todo el mundo y de que Ferrer haya sido el impulsor del aumento de las ventas de los vinos españoles en el mercado estadounidense. La relación de Freixenet con EE. UU. arranca en 1935, cuando su padre fundó tras la ley seca una distribuidora de vino español en New Jersey. Pero el sueño no se hizo realidad hasta 1984, cuando el primer grupo vitivinícola español inauguró una bodega en Sonoma (California) ¿Cómo nos ven a los españoles desde Estados Unidos? -Bien, aunque el Gobierno no tanto, porque consideran que el presidente despreció a su bandera. -Cuando España apoyó la guerra de Irak, las ventas de champán cayeron en EE. UU. y aumentaron las de cava. ¿Afectó luego nuestra retirada? -No hemos notado nada. A los franceses les afectó más. Por ejemplo, en las tiendas de San Diego, donde hay una base de marines, había carteles que aconsejaban la compra de productos españoles porque eran considerados de un país amigo, frente a los galos. -Por lo visto, el boicot es una actividad muy extendida... -El español es más visceral. ¿Cuándo venderá el cava más botellas en Francia que las que se consumen de champán? -Será difícil, porque el champán está muy introducido en Francia e, incluso, está creciendo en España en los últimos dos años, desde el boicot. ¿Relación de causa y efecto? -Influyen dos factores: que el español es más rico y está dispuesto a pagar un poco más, y que el boicot haya influido entre los consumidores de gama alta, que por 5 euros más opta por un francés. Resulta un tanto contradictorio, porque los españoles nos deberíamos sentir orgullosos de un producto nacional que tutea en todo el mundo al champán. Además, se dice que el cava es catalán, cuando para producirlo necesitamos botellas fabricadas en Guadalajara, Zaragoza o Vitoria, corcho extremeño, etcétera. ¿Teme un nuevo boicot? -El boicot lo damos por acabado. -Además de aceite, ¿qué otros productos canaliza Freixenet? -En España vendemos aceite desde hace tres años y nos va bien. Aunque fuera aún no lo comercializamos, es un paso a seguir que nos marca la aceptación de la dieta mediterránea. Otro producto es el agua mineral de gama alta. ¿Las reglas de la familia siguen siendo las de la empresa? -Sí, a pesar de los expertos. No cambiarán mientras la propiedad la tengamos mis hermanas y yo. Más adelante preveo que los doce herederos, que son primos, pueden entenderse bien porque han convivido mucho. Pero después vienen 40 primos segundos, y en la dirección de la casa no caben. Entonces será el momento de salir a Bolsa. ¿La paz en la guerra del cava mejorará su promoción? -Beneficiará a todos, porque no habrá una competencia tan exacerbada y agresiva, y las decisiones se tomarán con más serenidad. -El mundo del vino tiene el corazón partido entre la visión tradicional francesa de las denominaciones de origen y la apuesta anglosajona más flexible. ¿Por cuál se decanta? -Es necesario hacer ciertos ajustes. Los países del nuevo mundo del vino (Australia, Chile, Argentina) no tienen normas y eso les facilita su introducción en el mercado. Nadie les pone trabas. La denominación de origen o D. O. más bien dificulta la agilidad y la flexibilidad necesaria para atender al mercado. Las reglas de los consejos reguladores se deben cumplir para gozar del nombre de prestigio, pero deben ser más amplias y flexibles. ¿Qué da más garantías, una marca o la D. O. -Una marca, excepto cuando tienes detrás una denominación de origen como Rioja o Burdeos. ¿Ha sido acertada la creación de la nueva indicación geográfica Viñedos de España -Sí, porque en Freixenet tenemos la experiencia de que el nombre Vino de España vende, porque España es conocida, como la D. O. Rioja. Es más, en Freixenet hemos hecho pruebas, degustaciones y estudios de mercado y nos encontramos que el vino que más apetece es el resultado de una mezcla de todos los españoles. Viñedos de España puede facilitar la venta de vino español en todo el mundo y la canalización de los excedentes agrícolas. ¿El vino debe ser considerado algo sagrado y por eso se le erigen catedrales arquitectónicas? -Eso es fruto del enoturismo. Las bodegas se esfuerzan en construir edificios diseñados por los grandes arquitectos internacionales, como Ghery, Moneo, Calatrava... El grupo Freixenet prepara una nueva bodega en Rioja que la va a diseñar el japonés Toyo Ito. ¿El carné por puntos afecta mucho al consumo de vino? -Los estudios reflejan una caída del 7 en el consumo de hostelería y un crecimiento del 2 en el hogar. El restaurador se queja, pero afecta más a las bebidas de alta graduación y no tanto al vino y al cava. Además, en celebraciones como bodas, ya se va en autobús.