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ABC LUNES 2 10 2006 Cultura UN AÑO DECISIVO PARA EL PREMIO NOBEL 57 Nobel a Nobel Literatura de lengua española. Han obtenido el premio Nobel de Literatura los dramaturgos José Echegaray (1904, España) y Jacinto Benavente (1922, España) los poetas, Gabriela Mistral (1945, Chile) Juan Ramón Jiménez (1956, España) Pablo Neruda (1971, Chile) Vicente Aleixandre (1977, España) y Octavio Paz (1991, México) y los novelistas Miguel Ángel Asturias (1967, Guatemala) Gabriel García Márquez (1982, Colombia) y Camilo José Cela (1990, España) Premios que nadie recuerda. Nadie tiene ya en la memoria a galardonados como Echegaray, Eucken, Heyse, Hauptmann, Heidenstam, Pontoppidan, Spittler, Reymont, Deledda, Undset, Karlfeldt, Galsworthy, Bunin, Suillanpää, Jensen, Lagerkvist, Laxness, White, Johnson, Martinson, Elytis, Simon, Soyinka o la recientísima Jelinek. Olvidos flagrantes. Autores con elevadísimos merecimientos no han sido distinguidos, entre ellos, Proust, Joyce, Greene, Pessoa, Brecht, Anouilh, Woolf, Heidegger, Ionesco, Moravia, Jünger, A. Miller, Tennessee Williams... O, entre los de habla española, A. Reyes, Pérez Galdós, Ortega y Gasset, Cortázar, Rulfo, Alberti, Carpentier, Delibes y Lezama Lima, por la que alguien- -un guardián de la pureza ideológica o religiosa- determina los temas y el tratamiento de los mismos en consonancia con los valores establecidos El idilio de Vargas Llosa con la Revolución Cubana, que había sido recibida con gran esperanza, se rompió definitivamente cuando, a principios de los años 70, se perpetra el auto de fe contra el novelista y poeta Heberto Padilla, obligado a humillarse en una ceremonia de autocrítica ante la Unión Nacional de Escritores de Cuba, y a acusar a otros autores- -entre ellos, a su propia esposa, la poetisa Belkis Kuza Malé- -de actividades contrarrevolucionarias; escándalo que significó la ruptura con el castrismo de los hermanos Goytisolo, Edwards, Juarroz, Semprún, Claudín, Tàpies, Valente, Marsé, Barral, Castellet, Bryce o Donoso, por citar sólo artistas, escritores e intelectuales de nuestra lengua. Mario Vargas Llosa, que ya había dado muestras de distanciamiento con el régimen, dio el aldabonazo final al borrarse del jurado del Premio de las Américas. Para el novelista, las grandes religiones políticas del siglo XX han producido horribles patologías como las dictaduras totalitarias y el terrorismo urbano y guerrillero. A lo largo de treinta años ha repudiado las dictaduras, ya fueran de derecha o de izquierda, de Argentina y Chile a Nicaragua, así como al totalitarismo burocrático comunista. Adonde quiera que haya habido un prisionero político se ha escuchado su voz. do desciende de aquella pasión existencialista que finca su axis mundi en la figura de Jean Paul Sartre y, después de contradecirse en la moral de los límites de Albert Camus, se remansa en el pensamiento político del historiador de las ideas y filósofo Isaiah Berlin. La polémica imaginaria que Vargas Llosa sostuvo consigo mismo entre el marxista Sartre y el humanista Camus se resolvía en la actitud que el creador debía asumir ante el poder. El político y el artista quieren, a su modo, rehacer el mundo. El artista, por una obligación de su naturaleza conoce los límites que el espíritu histórico desconoce. He aquí por qué el fin del último es la tiranía y la pasión del primero es la libertad Para Vargas Llosa, Camus era un crítico de las revoluciones planificadas por la ideología, un rebelde cuyo pensamiento legitimaba moralmente el derecho del hombre a rebelarse contra la injusticia ¿Qué diferencia hay entre revolución y rebelión? Para Camus, el revolucionario es el que pone el hombre al servicio de la idea, el que está dispuesto a sacrificar el hombre que vive al que vendrá, el que se cree con el derecho de mentir y de matar en función del ideal En cambio, el rebelde- -continúa Vargas Llosa- -puede mentir y matar, pero sabe que no tiene el derecho de hacerlo y que, al hacerlo, amenaza su causa... Justifica los fines con los medios y hace de la política la consecuencia de una causa mayor: la moral El juicio final de Vargas Llosa sobre el revolucionario Sartre- -a quien admiró sin límites- -es demoledor: De Sartre se puede decir lo que Josep Pla dijo de Marcuse: Él ha contribuido como nadie a la confusión contemporánea Amos Oz y Vargas Llosa, hace dos años en Barcelona EFE De Nicaragua a Irak El derrocamiento de la dictadura del general Anastasio Somoza fue saludada con alborozo por los demócratas de todo el mundo. Los intelectuales occidentales también celebraron con alborozo el establecimiento de la dictadura sandinista, de orientación marxista y que estableció un régimen de partido único. Mario Vargas Llosa volvió a defender la democracia enfrentándose a la intelligentzia bienpensante europea y norteamericana a la que le encantan las revoluciones en Hispanoamérica pero no en París. En México, durante el gran encuentro internacional de intelectuales que organizó la revista Vuelta el novelista contradijo al anfitrión, su gran amigo Octavio Paz, cuando afirmó que el régimen priísta había sido una dictadura perfecta Más recientemente, primero criticó la invasión de Irak porque consideró que no estaba justificada, pero al visitar personalmente Bagdad, rectificó; de la misma manera que, al producirse la segunda intifada, recorrió Gaza y señaló los pecados de Israel, sin importarle haber recibido allí las mayores distinciones, pues antes también había soliviantado a la izquierda intelectual defendiendo el derecho judío a defender su Estado y a su gente. En fin, es probable que Vargas Llosa no acabe obteniendo el Nobel porque es una voz sumamente incómoda que dice siempre lo que le dicta su conciencia y lo hace siempre buscando la verdad y en defensa de la libertad, pese a quien pese. Polémica con Amos Oz, otro de los hombres que darían fuerza al premio LAURA L. CARO CORRESPONSAL JERUSALÉN. Lo que para Mario Vargas Llosa constituyó una crítica desde la obligación que los amigos de Israel tenemos de decir en voz alta afirmaciones como que los palestinos viven en Gaza en condiciones inaceptables, indignas de un país civilizado y democrático para el judaísmo se convirtió en una afrenta y una traición. Detrás de la que de muchos aseguraron se desenmascaraba por fin la judeofobia hasta entonces encubierta del escritor, a la altura de la de José Saramago o Noam Chomsky. La serie de textos publicada por el novelista peruano bajo el título Israel Palestina. Paz o guerra santa en los que recogía las impresiones, testimonios y experiencias adquiridas durante el viaje de varios días que realizó a mediados de Sartre, Camus, Berlin Dos hilos guían la evolución ética y política del novelista. El primero se inicia con una defensa sentimental de la guerrilla peruana de los 60 y de la Revolución de Sierra Maestra y conduce a un reconocimiento no menos sincero del liberalismo democrático. El segun- 2005 por Israel, Gaza y los territorios ocupados de Cisjordania poco antes del desalojo de los asentamientos ordenado por Ariel Sharon en la franja, rompió en parte el hechizo israelí en torno a la figura de Vargas Llosa. Capitaneados por el escritor Amos Oz, intelectuales como Abraham Yehosuha o David Grossman saltaron a denunciar las críticas del escritor peruano. Oz, fundador de los movimientos para la paz en Israel y defensor a ultranza del diálogo como solución al conflicto con los palestinos, dedicó duras palabras a las consideraciones de Vargas Llosa, interpretadas casi en clave de traición. Llegaron a pedirle que devolviera el premio Jerusalén, que mereció en 1995. Pero Vargas Llosa tuvo también defensores entre los intelectuales hebreos como Illan Pappe, Gideon Levy, Amira Hass o Meir Margalit. Cabe recordar que el novelista israelí Amos Oz, acompañado por Yehosuha y Grossman, criticó el uso indiscriminado de la fuerza durante la reciente guerra del Líbano, aunque al principio había declarado justificado el ataque ante las provocaciones de Hizbolá. En compañía de Yehosuha y Grossman, Oz ofreció una valiente y polémica rueda de prensa contra la guerra la víspera de que un hijo del Grossman pereciera en uno de los ataques de Hizbolá contra las tropas israelíes. De hecho Amos Oz, que ha hecho bandera del compromiso con la libertad y los derechos humanos, sería un candidato muy adecuado para dotar al Nobel del prestigio que los últimos años no ha aumentado, precisamente.