Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 1 10 2006 Cultura 63 TEATRO El túnel Autor: Ernesto Sábato. Adaptación: Diego Curatella. Dirección: Daniel Veronese. Escenografía y vestuario: Rafael Garrigós. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Música: Pablo Salinas. Intérpretes: Héctor Alterio, Rosa Manteiga, Paco Casares y Pilar Bayona. Lugar: Teatro Bellas Artes. Madrid. LA TRAGEDIA DE UN HOMBRE RIDÍCULO JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN Héctor Alterio sión de su pintura. Es un oscuro viaje al fondo de sí mismo, el relato de una pesadilla en el que Castel recuerda encuentros, personajes y lugares: la turbadora María, su marido ciego, los peculiares primos que cuidan una finca en el campo, y las conversaciones con la mujer, los tortuosos interrogatorios, la obsesión por cerrarse a los momentos felices y perseguir continuamente la liebre improbable de una sospecha desquiciada, de una contradicción culpable... Castel es un personaje paranoico, al borde de la esquizofrenia, maniático, E rnesto Sábato publicó El túnel en 1948. En su primera novela mostraba ya las dimensiones de un universo atormentado por el peso de la culpa, marcado por una visión pesimista y angustiosa de la condición humana, un territorio que el autor recorre con un estilo absorbente, como prisionero de una alucinación. Un asesino, el pintor Juan Pablo Castel, narra las circunstancias del crimen que le atormenta: ha matado a María Iribarne, la mujer a la que amó con pasión desaforada y tal vez la única que pudo entender la desolada dimen- misántropo, en perpetua pugna entre su necesidad de amor y el miedo patológico a perderlo, lo que le conduce a un túnel del que nunca vislumbra la salida. Diego Curatella ha trasladado al teatro esa atmósfera obsesiva, que en escena tiene un sesgo de sarcasmo acentuado por la interpretación del gran Héctor Alterio. Como sucedía en Él de Luis Buñuel, al corporeizar los celos cervales del protagonista, lo terrible da un salto hacia lo risible. Y, así, el caso desesperado de Castel se transmuta en la tragicomedia de un hombre ridículo. Es una forma de aproximarse a la historia, que el público de la función salpica con sus risas y cierto sobrecogimiento. En esa línea, Alterio exhibe su amplio registro de matices, de inflexiones de voz, de capacidad corporal, y construye su Castel entre lo pavoroso y lo cómico, muy bien acompañado por el resto del reparto: Rosa Manteiga justifica que un hombre pierda por ella la cabeza, muy sólido Paco Casares y eficaz en su doble papel Pilar Bayona. En un montaje tan sencillo como apropiado, Diego Veronese dirige con equilibrado pulso la perorata de Castel y marca los ritmos de la presencia de los fantasmas que pueblan la memoria del pintor. Notable también la sobria escenografía de Garrigós y la iluminación de Cornejo. CLÁSICA ORCAM Missa Solemnis de Beethoven. Intérpretes: Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. Coro de la RTVE. Solistas: I. Siebert, A. Peebo, Ch. Genz, H. Claessens. Lugar: Auditorio Nacional, Madrid. BEETHOVEN COLOSAL ANTONIO IGLESIAS E TEATRO Leonor de Aquitania Autor: A. Méndez. Dirección: Mercedes Lezcano. Escenografía y vestuario: Ana Lezcano. Iluminación: Ángel Palomino. Intérpretes: Marta Puig, Daniel Muriel, Alfredo Cernuda y Mar Bordallo. Lugar: Teatro Galileo. Madrid. REINA MADRE J. I. G. G. F ascinante personaje Leonor de Aquitania (1122- 1204) reina, casada con dos reyes y madre de reyes, hábil navegadora por las turbulentas aguas políticas de su tiempo, en las que con inteligencia superó las barreras que en la época conllevaba su condición de mujer. Tanto interés despierta, que próximamente se estrena- rá un nuevo montaje sobre esta dama de rompe y rasga, y otro de El león en invierno de James Goldman, que recoge la tormentosa relación que Leonor mantuvo con su segundo marido, Enrique II Plantagenet. A. Méndez- -quien, según fuentes bien informadas, como se decía en tiempos, es el Jekyll autor que se corresponde con el Hyde actor Alfredo Cernuda- -se aproxima a la figura de la que fuera duquesa de Aquitania y Gascuña y condesa de Poitou retratándola en varias escenas de su vida, tras ser confinada en diversas fortalezas por Enrique II para que no ejerciera su influencia en la corte. Sirve de nexo entre los cuadros un enigmático y sentencioso carcelero (Daniel Muriel) con el que ella dialoga y que la acompañará hasta el final, cumpliendo un cometido que no debe ser aquí revelado. Leonor se encuentra también con Alais (excelente Mar Bordallo) la princesa de Francia prometida de su hijo Ricado (el Corazón de León de la III Cruzada) y que comparte lecho con el insaciable Enrique. A mi entender, el núcleo esencial de la obra es la pugna entre la mujer, la reina y la madre que mantiene consigo misma Leonor, y en la que prevalece la reina, como puede comprobar su hijo Juan (el conocido como Sin Tierra) que ve cómo su madre se inclina por Ricardo, y luego, cuando las circunstancias cambian, lo apoyará a él. Dos estupendas escenas en que Marta Puig y Cernuda tensan los registros de la astucia, el afecto, la ira, el despecho... Está muy bien escrita esta Leonor de Aquitania con sentido teatral y aliento poético, aunque tal vez necesitara algo más de vigor dramático. Mercedes Lezcano la ha dirigido con sobriedad, al servicio de la palabra. s su Opus 123 y, por ello, pertenece claramente a la época de superación de las tres clasificatorias del catálogo beethoveniano; es decir, cuando los contemporáneos mostraban su asombro ante la incógnita del rumbo que iba a tomar el genial músico de Bonn. En efecto, si lo imitativo resplandece como capital de un procedimiento, la enorme libertad de su escritura- -del coro, destacado protagonista de la colosal composición, la orquesta y el cuarteto solista, sobre todo, el conjunto vocal, auténticamente tiranizado en su sobrepasada tesitura aguda- convierten esta obra en una de las cumbres de la música religiosa de todos los tiempos. Para la inauguración de esta temporada la programó la Orquesta de la Comunidad de Madrid, con su coro y la colaboración del de la RTVE- -voces de firmeza admirable, que se denotaron en una unidad expresiva de muy altos vuelos- todos bajo la batuta (sin adminículo alguno, aclaremos) de Sigiswald Kuijen. Su versión, muy centrada en una subida atención a la partitura en su atril, logró no obstante una flexible respuesta de todos, de modo especialísimo de los grupos sinfónico y corales. Es dificilísima obra, yo no diría que de gran lucimiento solista, cuyo cuarteto lo formaron la soprano Isolde Siebert, indudablemente la más lucida por la perfección y seguridad de los agudos; seguida por la mezzo Annely Peebo, el tenor Christoph Gens y el bajo- barítono Hubert Claesens, voces de indudable categoría.