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44 Madrid DOMINGO 1 10 2006 ABC Los grafittis que inundan la capital ocupan el equivalente al parque del Retiro El servicio antipintadas cuesta a los madrileños cerca de seis millones de euros al año b El color es lo de menos, lo importante, según cuentan, es dejar claro que han pasado por ahí. Suelen actuar de madrugada y su garabato es siempre el mismo CRISTINA ALONSO MADRID. Los 365 días del año. Siete días por semana. De 7 de la mañana a 12 de la noche. Sin descanso, los 100 trabajadores de los 50 equipos antipintadas recorren las calles de Madrid con una manguera a presión en una mano y un bote de pintura en la otra para tratar, aunque sólo sea por unas pocas horas, de hacer desaparecer grafittis de todos los rincones en los que los artistas urbanos encuentran la inspiración. Nuestra firma es un conjunto de varias cosas, a veces nace al juntar iniciales, otras de una palabra concreta que te guste... la mía es la primera sílaba de mi nombre y la segunda de la que fue mi primera novia explica un joven que siempre firma Anma -él se llama Antonio y su ex, María- -sobre cualquier trozo de calle. Su color de pintura favorito, el morado. Sólo en el año 2005, los trabajadores municipales limpiaron aproximadamente 1.245.000 metros cuadrados de pintadas y pegatinas- -una superficie equivalente a lo que mide el parque del Retiro- y retiraron 1.644 pancartas de la vía pública. Este servicio le cuesta a la ciudad 6 millones de euros anuales. Los grafiteros son más rápidos que nosotros, en ensuciar no se tarda mucho. Los peores focos están ligados a las zonas nocturnas y de carácter underground explica Luis Antonio Morales, jefe de departamento de explotación de limpieza urbana. Morales cuenta que el edificio del Tribunal de Cuentas, en la calle de Fuencarral, es uno de los más solicitados por los amantes del grafitti. Pintando me siento libre, es una forma de apropiarme de la ciudad, siempre que dejas tu nombre en un sitio ese lugar ya te pertenece. Si te borran, a volver otra vez confiesa un joven que prefiere ocultar su nombre, pero no su rúbrica: Si veis por ahí a un tal graco soy yo El Muelle, la firma de la movida Un dibujo de una espiral acabado en una flecha. Esa era la firma de Juan Carlos Argüello, pionero del grafitti en España. Más conocido como Muelle, antes de morir de cáncer a los 29 años su rúbrica se convirtió en una habitual de los escenarios de la movida madrileña. Nacido en Campamento, le llamaban con ese mote desde que en la escuela se hiciera una bicicleta con un muelle gigante recogido de un vertedero. En diciembre de 1985, diez años antes de morir y con tiempo suficiente para estampar su firma en centenares, quizá miles, de rincones madrileños, Muelle registró su logotipo en la propiedad industrial y, después, se le entrevistó frecuentemente en prensa y televisión. Muelle dejó de firmar en 1993 al estimar que su misión había concluido. Consideró agotado su mensaje En el décimo aniversario de su muerte se le rindió un homenaje al que asistieron muchos de sus discípulos. Y es que después le seguirían muchos otros, pero él fue el que puso de moda guarrear la ciudad. Pintando me siento libre, es una forma de apropiarme de la ciudad. Si te borran, a volver otra vez declara un grafitero hacia la calle del Pez, donde viven, después de comprar el pan. Colgados tenían que estar. Hemos tenido que pintar varias veces la fachada de mármol de nuestro edificio porque nos la han destrozado con sus pintarrajos. A muchos vecinos les ha pasado lo mismo y, encima, a pagarlo de nuestra cartera A su alrededor, todos los garajes y persianas de comercios exhiben multitud de firmas o pequeños dibujos. Isabel Rodríguez, portavoz de Asamblea Ciudadana del Barrio de Universidad (Acibu) asegura que los vecinos ya no saben qué hacer. Hace unos meses sacamos una campaña de concienciación dirigida a estos jóvenes, pero no ha servido para nada. Cada fin de semana seguimos viendo colas de chavales en los chinos del barrio para comprar los bo- El código ético del grafitti manda: está prohibido pintar sobre un dibujo ya hecho. Muchos comercios han tomado nota tes de pintura Ensuciar la calle resulta muy barato: 2,40 euros. Portales destrozados Calle de la Palma. Barrio de Malasaña. Junto a la estación de Metro de Tribunal. Una calle larga, estrecha y peato- nal sinónimo de nocturnidad para muchos jóvenes, y en este caso, también de alevosía. El portal número 9 de la calle tiene una puerta de un metro de ancho de madera antigua y un tirador dorado. El negro sobre el verde oliva de la puerta no se vería bien, por ello debieron de optar por el blanco. Enfrente, en un muro, prefirieron el color rojo. Un poco más allá, el fucsia. Toda la calle está reventada de pintadas. El color es lo de menos, lo importante, según cuentan, es dejar claro que han pasado por ahí. Suelen actuar de madrugada y su garabato es siempre el mismo. Ellos se denominan escritores Los vecinos les llaman gamberros Carmen y Rufino, matrimonio, se dirigían la mañana del pasado miércoles Tarea inútil Casi todos los días se pasa por aquí un camión para limpiar las fachadas que están sucias, pero es que no sirve para nada. Cuanto más limpio lo ven los chavales, más ganas les entran explica José, barrendero del barrio. Sin embargo, las gamberradas nocturnas no disgustan a todos. Ana, dependienta de una tienda de la calle de la Palma, está encantada con el motivo escogido por unos jóvenes para ensuciarle las puertas de madera de su tienda: Por lo menos me han hecho algo bonito y no lo de siempre Ana enseña orgullosa una enorme firma fucsia y negra de formas redondea-