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24 Nacional DOMINGO 1 10 2006 ABC Hoy se cumplen 75 años de la aprobación en España del voto femenino. En las Cortes se vivió una sesión parlamentaria tensa que acabó con una votación llena de paradojas Mucho contrasentido en una decisión histórica TEXTO: ALBERTO LARDIÉS MADRID. Una puñalada trapera para la República Así definió el socialista Indalecio Prieto- -mediante un grito en el Parlamento- -la histórica decisión por la que se concedió el voto a la mujer por primera vez en España. Y resulta que el Partido Socialista al que pertenecía Prieto votó a favor del sufragio femenino. Pero éste es sólo uno de los muchos contrasentidos que ocurrieron aquel 1 de octubre de 1931, hace exactamente 75 años. Si observamos ese hito en la historia de nuestro país desde la óptica de hoy, en estos tiempos de memoria histórica y revisionismo desenfrenado, cuesta entender que los partidos de izquierda más extrema, esos supuestos adalides de la igualdad, votasen en contra de que las mujeres accediesen al derecho al voto. Pero anteponer los intereses electorales a los principios o los valores es una prática habitual para los políticos de cualquier época. Eso es lo que hicieron partidos como Izquierda Republicana, cuya representante en el Parlamento, Victoria Kent- -una de las dos mujeres que compartían asiento en las Cortes con más de 400 hombres- afirmó que el voto femenino debía aplazarse ya que para defender un ideal (la República) la mujer debe convivir con ese ideal Vamos, que como la mayoría de las mujeres tenían una concepción más conservadora de la vida y supuestamente no votarían a la izquierda, era mejor esperar a que estuvieran más educadas Además, Kent finalizaba su intervención diciendo que no se puede medir a las mujeres españolas por el entusiasmo de algunas muchachas universitarias, tan entusiasmadas por la República. Si todas fueran así, yo me levantaría a pedir el voto femenino Vamos, que era malo que una mujer no universitaria votara y sin embargo todos los hombres votaban, pese a que muchos eran analfabetos. Vamos, en definitiva, que Kent hizo un discurso repleto de los complejos propios de quien ha interiorizado un machismo atroz pese a ser una mujer. Igualmente es un contrasentido que el Partido Radical votase también en contra del sufragio femenino, cuando precisamente la gran defensora del mismo fue una mujer que pertenecía a dicho partido, Clara Campoamor- -la otra mujer que había en las Cortes- Campoamor hizo, entre rumores e interrupciones de los señores diputados, un alegato a favor de la mujer que abogaba por la igualdad, afirmó que la mujer española es menos analfabeta que el hombre y concluyó diciendo que la mujer ha sido eliminada de los derechos políticos por haber sido detenta- Las mujeres votaron por primera vez en las elecciones de 1933 das las leyes por los hombres Al final se votó el dictamen sobre el sufragio femenino conjuntamente con la posibilidad de establecer la edad de votación en los 23 años. Ambas cosas se aprobaron con 161 votos a favor frente a 121 en contra. En plena votación, según consta en las páginas de ABC de ese día, cuando Campoamor se disponía a votar una espectadora gritó desde la tribuna: Eso es impropio de una mujer Al ser reprendida, la mujer cae en la cuenta de que se ha equivocado y dice: Yo creí que era la Kent Un contrasentido más en el momento de tomar una decisión tan justa como necesaria. LA HEROÍNA OLVIDADA EDURNE URIARTE E n esta época de escepticismo y de desilusiones ideológicas, aún siento, sin embargo, una profunda emoción cuando releo los debates que tuvieron lugar en las Cortes el 30 de septiembre y el 1 de octubre de 1931 y que culminaron con la aprobación del voto femenino, un día como hoy, hace 75 años. Me lo inspiran las palabras y el coraje excepcional de Clara Campoamor, la diputada que defendió el voto de las mujeres, que lo consiguió en contra de la incomprensión social y de las más feroces descalificaciones y que acabó repudiada y olvidada por una buena parte de sus correligionarios de izquierdas, acusada de haber facilitado el triunfo de la derecha en 1933 por el voto supuestamente conservador de las mujeres. Sus restos reposan en el cementerio de San Sebastián sin que las jóvenes españolas actuales hayan oído hablar jamás de ella. La amarga historia de Clara Campoamor no es excepcional en la historia del sufragismo. En realidad, todas las revoluciones de las mujeres se produjeron en medio de la misma oposición social, de las mismas contradicciones ideológicas. Y de la misma escasa colaboración de los hombres. Fueron revoluciones que cambiaron la vida de las mujeres, pero realizadas por las propias mujeres. Y con los obstáculos y rechazos de izquierdas y de derechas. Pero, luego, no siempre se ha contado bien esa historia. En parte, porque la ha contado el feminismo de izquierdas, al menos en nuestro país. Todavía hay muchos españoles que creen que el voto femenino fue apoyado y conseguido por la izquierda en contra de la derecha. Pero resulta que una buena parte de la izquierda estuvo entre quienes votaron No aquel 1 de octubre y una buena parte de la derecha entre quienes votaron Sí Y no creo que el rechazo de la izquierda, el que hizo que se retiraran de la Cámara antes de la votación socialistas como Indalecio Prieto, se debiera realmente a aquel supuesto pragmatismo según el cual las mujeres eran más conservadoras y facilitarían el triunfo de la derecha. Se debía al mismo motivo por el que el movimiento antiesclavista con el que colaboraron las primeras sufragistas americanas no apoyó el voto de las mujeres. O por el que las sufragistas inglesas se en- contraron con la incomprensión de los liberales. A unos valores sociales, culturales, morales que consideraban a la mujer un ser inferior que no podía tener decisión propia, independiente de la tutela del hombre. Y no hay que olvidar que el sufragismo fue el motor del movimiento feminista porque el derecho al voto era la punta de lanza del conjunto de derechos sociales reivindicados. Se trataba del derecho a la ciudadanía que entre gritos y abucheos reclamaba Clara Campoamor el 1 de octubre de 1931: Yo, Señores Diputados, me siento ciudadana antes que mujer y considero que sería un error político dejar a la mujer al margen de ese derecho Criticada e incomprendida, en 1935 escribió Mi pecado mortal, el voto femenino y yo Tanto tiempo después, aún queda algo de aquella incomprensión y quizá por eso Clara Campoamor resulta tan radicalmente actual.