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ABC DOMINGO 1 10 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA LOS AMIGOTES T SILENCIO EN MI NOMBRE, NO U N cartucho de rabitos de pasas es un explosivo mucho más efectivo que, ¿cómo es, el bórico, el perborato o el permanganato? (Desconfíe de las imitaciones) La memoria es un ejercicio absolutamente revolucionario, dadas las actuales circunstancias de España. Tomo un cartucho de rabitos de pasas y en este domingo de octubre realizo un ejercicio de memoria en esta nación amnésica. Con un inciso lírico. Sevilla tuvo que ser la que convocara esta manifestación con un recorrido tan poético, por muy malos tiempos que corran para la lírica. Nunca había visto una manifestación por un itinerario poético de versos de Rafael de León. La manifestación va desde San Telmo, donde una dalia cuidaba Sevilla en el Parque de los Montpensier, hasta el Costurero de la Reina, donde la leyenda no daba puntada sin hilos: el pabellón morisco donde María de ANTONIO las Mercedes leía las secretas cartas BURGOS de amor que le mandaba Alfonso XII, pues son los niños primos hermanos. En esta ciudad de versos dorados del otoño, recuerdo revolucionariamente que hubo un día en que la gente también se echó a la calle. Para detener a unos asesinos terroristas que acababan de descerrajar cuatro tiros a un médico de Aviación en su consulta privada. La Policía pudo apresarlos. Cuentan que uno de aquellos heroicos gudaris, uno de aquellos abnegados luchadores de... ¡anda ya con el cuento del envergue, Igor Solana, que te jiñaste por las patas abajo! Sigo recordando. Aquella misma ciudad, con sus democráticas autoridades socialistas a la cabeza, se echó a la calle luego, para expresar su dolor por aquella muerte que los asesinos habían hecho, trayendo el que llamaban problema vasco hasta la sombra de la Giralda. La misma sombra de la Giralda que amaneció tan triste cuando a sus pies mismos, una madrugada de sangre, los asesinos de la ETA no tuvieron en cuenta la ordenanza municipal de decibelios y rompieron el silencio de la noche con los tiros que le descerrajaron al concejal Alberto Jiménez Becerril y a su mujer, Ascensión García Ortiz. Y luego, la ciudad entera, con sus democráticas autoridades socialistas a la cabeza, se echó a la calle, en silencio, bajo la lluvia, para expresar su dolor y su condena de la muerte de los inocentes. Me resisto a creer que aquella ciudad sea esta España de los silencios cobardes, del interesado olvido de las víctimas del terrorismo. Espero que hoy, a mediodía, de la dalia de San Telmo al hilo de plata de la memoria del Costurero de la Reina, se demuestre que aquella España, la de Ermua y de Miguel Ángel Blanco, sigue existiendo. Que todo aquello no quedó en el olvido, ay, qué dos cruces. Mucho hablar del mal llamado proceso de paz, pero aquí hay otro proceso mucho más claudicante, cobarde y sibilino. Una rendición mucho más ignominiosa y penosa. No es del Estado, es de la sociedad. Es el proceso de silencio. Los niños, los poetas, los locos y los delegados del Gobierno dicen la verdad. Y el jerarca de Sevilla, con los famosos decibelios, ha cantado la gallina acerca de la ruindad de este proceso de silencio. Vosotros, los de entonces, ya no sois los mismos. Queréis poner sordina al dolor de España. Queréis unas víctimas del terrorismo silenciosas como el anuncio del aparato de aire acondicionado. Los queréis callados. Sin dignidad, sin memoria, con cierre centralizado en las cuatro puertas del dolor. Sevilla es la ciudad del silencio sonoro. En la Madrugada cofradiera se puede ver la Hermandad del Silencio. En las tardes de abril se puede escuchar la música sin pentagrama del silencio en la plaza de los toros. Experta en silencios, esa ciudad que un día se echó a la calle para detener a unos asesinos, alzará su voz. Contra el proceso de silencio. Rendición en mi nombre, no. Silencio en mi nombre, no. EST elemental de confianza política: si usted tuviese la posibilidad de estrechar lazos con George Bush, Tony Blair, Durao Barroso o Nicolas Sarkozy, por un lado, y Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales, Mohamed Jatamí y Mamud Ahmadineyad, por otro, ¿a quién elegiría? Le ha costado poco decidir, ¿verdad? Pues espere, que ahora viene la segunda pregunta: ¿daría usted su confianza a un gobernante que eligiese la segunda opción? Vale, bingo, acaba usted de retirar su apoyo al presidente Zapatero. ¿A que es realmente sencillo? Puesporsencillo queparezca, estos son los amigos internacionales de nuestro jefe de Gobierno. Bueno, concedámosle que no le caen personalmente bien, pero se trata de los tipos con los que España esIGNACIO tá estableciendo contacCAMACHO tos preferentes. Con el resultado conocido: uno expropia los yacimientos, otro contrata etarras para su gabinete, el de más allá ceba una bomba atómica. Son lo mejorcito de cada casa. Puede que el trío de las Azores pecase de soberbia y errase el blanco, pero al lado de toda esta gente se dirían unos auténticos caballeros. Dime con quién andas, y te diré qué clase de dirigente eres. Rodríguez Zapatero es el presidente menos europeísta de la democracia. Adolfo Suárez también tenía veleidades no alineadas y le pegaba abrazos a Arafat, pero al menos entonces no formábamos parte de la UE. Zapatero no parece haber comprendido aún el alcance del compromiso que significa estar en la Unión, porque sólo le importa la política doméstica. Por eso se lo tuvo que explicar el otro día Sarzkozy, con arrogancia hiriente, hablando de inmigrantes: Si son regulares en España pueden entrar en Francia. Por eso tenemos que decidir juntos. Esto es Europa, créanme Zapatero viaja poco, cancela visitas porque está cansado o espera noticias de ETA, y se le ve incómodo ante la nomenclatura europea. Su esquema ideológico es el de la progresía de los años ochenta, antes del debate de la OTAN y, por supuesto, de la caída del muro de Berlín. Una mentalidad de guerra fría con vocación de no alineado; un imaginario de póster del Che Guevara y pañuelito fedayin. La Alianza de Civilizaciones viene a ser la cobertura retórica de ese situacionismo tercermundista; el presidente sabe que eso aún vende en una España fuertemente contaminada de antiamericanismo, a la que le tocaba los hígados la imagen de Aznar con los pies encima de la mesa de Bush, y prefiere ese mercado interior de votos prejuiciosos y radicales antes que la confianza de los líderes europeos con los que se tiene que jugar los cuartos, las opas, las subvenciones y los fondos de cohesión. Hugo Chávez podrá comprar tres patrulleras, pero no va a decidir las ayudas para el olivar, el vino o la remolacha. Con esa diplomacia de chompa y kufiya, el Gobierno nos aleja del ámbito en el que se toman las decisiones cruciales para un país desarrollado, y a cambio sólo logra sacar pecho de lata con unos amigotes a los que nadie les compraría un coche de segunda mano.