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8- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE El retroceso de los glaciares En todas las cordilleras y en los campos de hielo subpolares y polares existe homogeneidad suficiente en la evolución glaciar desde la gran última glaciación hasta hoy. En la actualidad es casi simultáneo el retroceso glaciar mundial. Se puede, pues, afirmar la presencia de fenómenos globales de enfriamiento o calentamiento climático, que no pudieron ser sino naturales en la mayor parte de este período. El clima terrestre lleva experimentando modificaciones espontáneas y muy fuertes de frío y calor a lo largo de todo el Cuaternario, dando lugar a las grandes glaciaciones y las fases interglaciares intercaladas. Lo cual deja claro que tanto las tendencias climáticas menores y medias como las más extremas y duraderas se pueden modificar e invertir por sus propios mecanismos. Pero incluso desde los tiempos postglaciares hasta hoy ha habido numerosas oscilaciones moderadas en las masas glaciares. Hay que aceptar, pues, que en la Tierra el clima no es estático. Para explicar, en todo o en parte, las causas del retroceso propio de nuestra época se ha apelado a las actividades humanas contaminantes, inductoras de un calentamiento global que tendría su repercusión en las masas de hielo del planeta. Así, la primera expresión de la idea del efecto invernadero es ya histórica pues procede del año 1896, aunque su difusión sea bastante reciente. El actual retroceso corresponde en realidad a una aceleración de la recuperación térmica que sucede a un anormal enfriamiento que ocasionó previamente un avance histórico espontáneo y limitado de todos los hielos terrestres, denominado Pequeña Edad del Hielo activo sobre todo entre los siglos XVI y XIX. La tendencia suavizadora posterior, que se inició en Europa hacia 1860, se aceleró desde 1990 y sus consecuencias en pérdidas de hielo natural son crecientes. Por sus fechas, este proceso y su aceleración presente son atribuidos al calentamiento global derivado en una proporción que se supone significativa de la expansión industrial histórica. De ser así, ello conduciría a un planteamiento de esta cuestión no sólo como un cambio de la naturaleza sino como un asunto de responsabilidad moral de quienes somos sus huéspedes humanos. EDUARDO MARTÍNEZ DE PISÓN Catedrático de Geografía Física de la Universidad Autónoma de Madrid Balcón sobre el Aletsch. Este es el glaciar más grande de los Alpes, aunque, como todos, pierde extensión año a año Hay quien prefiere las caminatas sobre el glaciar, a partir de dos horas de duración, en las que se puede llegar hasta la Plaza de la Concordia, un lugar de unos seis kilómetros cuadrados donde confluyen tres lenguas de hielo. Otra forma de patear la zona aguarda en las laderas en las que empieza a crecer una abundante vegetación. Nuestra opción nos lleva desde el mirador de Moosfluh, al que se sube en teleférico, hasta Riederalp, junto al bosque de Aletsch. En total, unas dos horas a paso ligero, bastante más si contamos las paradas para degustar el paisaje. Los bordes del glaciar están siendo conquistados de forma progresiva por la vegetación, un bosque joven de alerces y abedules, de arándanos y rododendros. De pronto, el único ruido que se escucha es el de las cascadas. Una hora y media después de la salida, llegamos a ProNatura, el centro de interpretación de la región, instalado en un edificio singular, la casona en la que se instaló en 1902 el millonario inglés Ernest Cassel. Este banquero de la City fue quizá el primer turista en estas montañas, un ejemplo de la actividad de los viajeros británi (Pasa a la página siguiente) En muchos pueblos de estas montañas está prohibido el acceso de los coches quiera puede llegar a la primera parada, a cualquiera de los miradores sobre el glaciar. Y dejarse llevar por el asombro. En el horizonte, el Jungfrau (4.158 m. el Finsteraarhorn (4.274) y un pico accesible para el común de los visitantes, media hora de ascesión hasta el Bettmerhorn (2.872) En un alto para saborear las vistas, Petra, guía de habla hispana en Bettmeralp, apunta que Louis Agassiz (1807- 1873) recordado por sus trabajos sobre las glaciaciones, dejó dicho que no hay otra cadena como los Alpes cuyos valles tengan una forma tan favorable para la formación de glaciares La segunda fase para recorrer la región requiere más esfuerzo.