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6- 7 S 6 LOS SÁBADOS DE Sargent y Sorolla han llevado a cuestas la etiqueta deformada de que son impresionistas de segunda o impresionistas provincianos se lamenta el comisario, Tomás Llorens Clotilde sentada de Sorolla (Museo Sorolla) Sargent, para la Biblioteca Pública de Boston (destaca como un excelente dibujante y hay buenos ejemplos en la exposición) Sorolla, para la Hispanic Society de Nueva York (ha viajado por segunda vez a España el Boceto para las regiones de España. Castilla Uno y otro, apunta el comisario, constituyeron sus mayores fracasos. Y es precisamente en las etapas finales de Sorolla y Sargent cuando sus trayectorias convergen: los dos tienen tiempo y recursos económicos para dedicarse a pintar para sí mismos. La biografía del valenciano Joaquín Sorolla y Bastida (1863- 1923) es de sobra conocida en España. Mucho menos, la de John Singer Sargent (1856- 1925) hijo de un médico norteamericano, que vivió buena parte de su vida en Europa. Viajero impenitente (recorrió España, Francia, Italia, Siria, Palestina... en 1914 acudió al frente en Francia como artista de guerra oficial. Retratista mimado de la alta sociedad británica y norteamericana (se lo rifaban Rockefeller, Vanderbitt, Roosevelt... le persiguió el escándalo: rechazó hacer el retrato de la coronación del Rey Eduardo VII y la presidencia de la Royal Academy. Su retrato de Madame X levantó ampollas en la época. Dos años separaron las muertes de ambos; esta exposición les acerca y reivindica como grandes maestros. Lady Agnew of Lochnaw de Sargent (National Gallery of Scotland, Edimburgo) La familia de Rafael Errázuriz de Sorolla (Colección Masaveu) Los retratos de grupo de Sargent y Sorolla reciben al visitante en la Fundación Caja Madrid. La mirada de ambos se vuelve al barroco, al retrato burgués decimonónico, a Rubens, Van Dyck... y una vez más a Velázquez. De nuevo, obras maestras de ambos, frente a frente: Las señoritas Vickers de Sargent, se mide con La familia de Rafael Errázuriz de Sorolla. Un duelo de lujo. En las salas contiguas, a un lado, las maravillosas acuarelas de Sargent; al otro, los fascinantes jardines sorollescos. Se reencuentran de nuevo (y ya muy Las señoritas Vickers de Sargent (Sheffield Galleries and Museums Trust, Sheffield) cerca uno de otro) en pinturas de figuras femeninas: La siesta de Sorolla, y Dos muchachas vestidas de blanco de Sargent, evocan una armonía similar. La muestra se cierra con dos proyectos que hicieron ambos, al final de sus carreras, en Estados Unidos: