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4- 5 S 6 LOS SÁBADOS DE Meye Maier DISEÑADORA Sus trajes son pura arquitectura POR P. ESPINOSA DE LOS MONTEROS Meye Maier, a la derecha, en un baile de 1967, con un traje de su madre del año 38 en encaje negro Para homenajear al que fuera número uno de los diseñadores, dos superexposiciones con parte de sus trajes han coincidido en el tiempo: una en París, en el museo de Artes Decorativas, que durará hasta enero de 2007, y la segunda en Guetaria (Guipúzcoa) que se clausura hoy, con una muestra de catorce trajes, de la colección de Meye Allende, recientemente donada al Museo Balenciaga por su hija, la diseñadora Meye Maier. La colección de mi madre consta de 45 piezas, tres sombreros y una colección de fotografías. Es interesante porque va desde 1938 hasta 1969, o sea que es una colección completa hasta que Balenciaga cerró la casa, y en ella hay sastres, abrigos de sport, abrigos de falla de noche, mucho cóctel y trajes de dos piezas de verano, de hilo, vestidos de seda natural estampados. Es el armario de una mujer que se vestía de la mañana a la noche de Balenciaga y el estilo de una mujer discreta y muy elegante. La he donado entera, menos dos trajes que me quedo de recuerdo, uno de los años 60, negro de dos piezas, y otro que eligió mi hija, de los años 50, de cóctel de encaje marrón estilo griego ¿Cómo hablaba su madre de él, de las pruebas de la selección de modelos... -Mi madre no le conoció nunca personalmente porque ella iba a la Gran Vía, donde estaba Eisa, su casa en España, y allí le atendía Quinita, una prima de Balenciaga que era entonces una especie de relaciones públicas. Luego Felisa era la que probaba los trajes de fiesta, y los sastres los cortaba Juan. Para mi madre, el taller de Balenciaga era como un lugar sagrado, tenía reverencia hacia este personaje, porque era el sumum de la elegancia en todo, en los colores: cómo mezclaba el gris con el rosa, los marrones con los turquesas pálidos o colores aguamarina, el negro y el marrón... Luego estaba la maestría de los cortes. No sólo es que a mi madre le encantara Balenciaga, es que éste era un mundo que la colmaba y con el que se identificaba plenamente. Físicamente, mi madre se parecía más a las clientas america- nas que a las españolas, porque era alta, de espaldas anchas, de pierna larga, entre deportiva y glamurosa, y se adaptaba bien a este corte moderno y vanguardista. -Cuentan que hacía maravillas con una simple pinza... -Yo no opino igual, creo que los trajes de Balenciaga son arquitectura pura del corte, del conocimiento del corte. Por mi profesión conozco muy bien lo que es cortar y en un traje de Balenciaga a lo mejor sólo ves dos pinzas, pero si analizas el traje, está lleno de cortes y, aunque no son complicados, son cortes realmente inteligentes porque con un trozo de tela de 80 centímetros de ancho o de 90- -lo que tenían entonces los tejidos- él hacia lo que quería. Lo mejor de un traje suyo es lo que no ves, todo estaba escrito por detrás. Tapaba maravillosamente las costuras, y tenía obsesión por las man- gas. Por dentro tienen plomos en lugares estratégicos para dar caída, las cinturas siempre van marcadas con grogren que las refuerza por dentro, mientras que por fuera el traje era más amplio. Odiaba las cremalleras y si había alguna, está tan disimulada que ni se ve ni se nota, la ocultaba debajo de los brazos... Por dentro los trajes iban forrados con organza o crepe de China de seda natural, lo que le daba el volumen justo o la caída adecuada. Definitivamente, sus trajes son pura arquitectura, pero no una tela con dos pinzas, en absoluto. ¿Y cómo resultan ahora, acoplados a una chica joven? -A mí no me interesa nada eso, los trajes de Balenciaga son bonitos, pero yo siempre digo que el concepto de alta costura de esa época corresponde al de una mujer que vive en el lujo, que no es una mujer que anda por la calle sola, es el de una mujer que tiene chófer. Los cortes de manga japoneses no son para llamar a un taxi, ni para coger el metro. Evidentemente, cuando te los pones hoy sigues estando muy atractiva y yo me los he puesto en varias ocasiones, pero siempre advirtiendo que llevo un traje de Balenciaga como si llevara encima un Renoir. ¿Cómo va a ser la colección permanente de Guetaria? -Se ha hecho un esfuerzo maravilloso por crear este museo que va contener la mayor colección de ropa de Balenciaga, un proyecto completo. No sólo se enseñarán las piezas, sino que tiene muchas más posibilidades. Se va a inaugurar en la primera quincena de septiembre de 2007 y ahora, en noviembre, se presentará el proyecto en Madrid con la maqueta y todo su significado. Será un volumen de cristal y acero en el pueblo de Guetaria, donde nació Balenciaga. Creo que a él le habría gustado. Por otra parte, me parece importante donar la colección, pues es una fuente de conocimiento de la arquitectura de sus trajes y también sobre los tejidos que usaba; fue el primero en introducir tejidos del mundo masculino en la moda femenina. Impulsó también el mundo del bordado. Hacía verdaderas maravillas