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30 9 06 EN PORTADA Balenciaga De nuevo, fuente de inspiración Con los trajes de la abuela Sonsoles Álvarez de Toledo (de pie) y Clara Carvajal, nietas de Margarita Salaverría de Argüelles, con dos trajes de la colección de su abuela, de los años sesenta, que siguen utilizando (Viene de la página anterior) impresionante mirar los acabados y el revés. Este traje rosa, palabra de honor en gazar, lleva un corsé absolutamente pegado que modela tu cuerpo y del que cuelga todo el traje. Es comodísimo porque se desliza perfectamente, no oprime, está seguro y eso que mi abuela era más menuda que yo De todos modos- -añade Clara, que se ha puesto un traje de tafetán negro, con escote y espalda en V- hoy tenemos cuerpos diferentes a los de nuestra abuela, somos más anchas de hombros y de cintura menos estrecha, pero estoy de acuerdo con Sonsoles en los remates, incluso añadía en los bajos monedas para que pesaran y tuviera buena caída. ¿Quién hace eso hoy día? Lo llevas con bolso Victoria Figueroa y Borbón, marquesa de Tamarit, recuerda que de niñas les hacía batas de falla para salir a saludar a las visitas, pero la revolución de la época fue mi traje de novia. Salió en el Tutler Me interpretó de virgen medieval, con velo de monja y además no quería que llevara ninguna joya. Me probé cuatro veces el traje, en dos de las cuales lo deshizo entero y, en una, a medias. No Tocado Blanca Suelves, con tocado de los 50, que persiste en su modernidad. A la derecha, cuerpo de seda bordado en pedrería y traje de guipur de la colección Allende, ambos en uso permitía el más mínimo fallo. Un día le pregunté por qué sus trajes me gustaban más en el desfile que puestos. El me contestó: eso es porque los llevas con bolso Piedy Rosillo de Espinosa de los Monteros es otra de sus clientas, que le recuerda casi fotográficamente: Mi madre le consideraba un buen amigo. Bajo su apariencia seria se escondía una persona entrañable. En sus comienzos, le visitaba en su casa de San Sebastián todas las temporadas; yo era una niña y recuerdo que me regalaban retales de tela para mis muñecas. Más tarde, en su casa de Madrid, ya la acompañábamos mis hermanas y yo para encargarnos trajes o abrigos. Impresionaba la solemnidad de los pases