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2- 3 S 6 LOS SÁBADOS DE y más novias Aline Griffith, el día de su boda con el conde de Quintanilla, en 1947, línea simple en el escote, gran vuelo y cola. La evolución, 20 años después, en 1966, se muestra en otro traje de novia de los muchos que realizó para clientas españolas, esta vez con falda en forma de tulipa, corto por delante, largo por detrás y velo etéreo De la colección Guetaria Meye Allende, a la izquierda, y su hija Meye Maier, con uno de los trajes de verano donados a la colección de Guetaria y otro estampado, de dos piezas, de los años sesenta Yo me case a los dieciséis años- -cuenta otra de sus clientas, que prefiere el anonimato- -y quería un traje de princesa, así que me hizo uno con forma de tulipa de hilo, armado y bordado, más corto por delante que por detrás, con un casquete que me recogía el pelo muy tirante y del que salía un velo etéreo que lo rodeaba. Fui al taller en la Gran Vía, con mi suegra, que era una gran clienta suya. Le recuerdo muy bien, como a una persona extremadamente delicada y amable, pero a la vez de una enorme fuerza. Sabía exactamente, con una simple mirada, dónde había que rectificar Hasta el último detalle Clara Carvajal y Sonsoles Álvarez de Toledo son nietas de Margarita Salaverría, esposa de Jaime Argüelles y una de las diplomáticas que más lució sus colecciones por todo el mundo. Cuando Balenciaga cerró, ella era embajadora de España en Washington y, ante la mala noticia, exclamó: ¡Ahora ya nunca más volveré a ir bien vestida! Las dos, Clara y Sonsoles, han llegado en vaqueros a hacerse las fotos con sus trajes colgados en perchas. Pertenecen a una generación que lleva una vida diferente a la de sus madres y abuelas: trabajan, conducen, recogen niños en el colegio, hacen la compra... y cuentan en sus armarios con varios de los vestidos de la colección de su abuela. Ponerte hoy en día un Balenciaga es algo especial- -dice Sonsoles- Eres consciente de que llevas una pieza casi histórica. Es (Pasa a la página siguiente) periodista con los de modelo, por los que me pagaban bastante mejor. Las fotos salieron en portada al año siguiente, en el 47, y ese mismo año volvía a su taller para, ante su sorpresa, encargarle mi traje de novia: me casaba con Luis Figueroa, entonces conde de Quintanilla y todo un personaje internacional, a nivel social Tras la boda, la pareja inició su viaje de novios: ella, con las maletas repletas de modelos de la nueva colección. Balenciaga era el número uno del mundo sin lugar a dudas. En Nueva York- -continúa Aline Griffith- todo el mundo nos invitaba a cenas y partys pues querían ver los trajes y comprobar el nuevo largo de falda que proponía, porque lo había bajado hasta casi la altura de los tobillos. El último traje me lo hizo para la boda de Carmen Martínez Bordiú, en 1972, poco antes de morir. La verdad es que le conocí mucho. Era un verdadero genio del diseño, revolucionó la moda y, desde luego, toda la que quería sentirse especial y quedar bien se vestía en Balenciaga. Eso era así Quien tiene uno de sus modelos sabe que puede seguir llevándolo: mantienen su estructura, sus remates, su línea. Sus clientas se sentían especiales