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ABC VIERNES 29 9 2006 73 FIRMAS EN ABC CARLOS PARAMÉS MONTENEGRO ELOGIO DE LA SOLIDARIDAD La fachada cantábrica gijonesa simboliza una apremiante invitación a la adhesión a las causas o las empresas de otros A fachada al Cantábrico de la ciudad de Gijón exhibe tres monumentos muy diferentes: El elogio del horizonte La madre del emigrante y Solidaridad El primero está situado en el extremo más occidental del litoral, allí donde Eduardo Chillida legó a la tierra asturiana uno de los más singulares testimonios de su genio. El escultor donostiarra eligió para su Elogio del horizonte una atalaya sobre el mar tras examinar otras alternativas en terrenos dedicados en el pasado a instalaciones militares. Y restos de derruidas casamatas y cureñas de cañones obsoletos prueban en el Cerro de Santa Catalina la utilización con fines bélicos de tan fascinante paisaje. El elogio es un monumento para compartir. Bajo sus alas de hormigón, junto a sus sólidos muros en los que vibra la originalísima música que arranca de sus profundidades el recio soplo del Noreste, los visitantes se apiñan para sentir juntos el aliento de solidaridad que supo infundir Chillida a esta irresistible invitación a empaparse de la magia del horizonte. Y es que hay algo en absoluto compatible con el egoísta disfrute personal, algo hondamente unitivo y agrupador, en la contemplación de este monumento. A sólo unos centenares de metros de distancia, en la zona que todos los gijoneses llaman El Rinconín Ramón Muriedas esculpió en bronce su Monu- L mento a la madre del emigrante El pueblo soberano- -el que lo sea no garantiza el acierto de todas sus decisiones- -lo ha rebautizado con un término de la tierra La lloca La loca del que me atrevo rotundamente a disentir. Esta mujer de elevada y señorial presencia no muestra síntomas de locura o sinrazón, es, me parece, la imagen misma del desamparo y la soledad. Avizorando la mar por si regresa el que se fue, el personaje de Muriedas es una petición dolorida de ayuda, de solidaridad para poder soportar el peso de una larga ausencia. Y en el extremo más oriental, justo donde arranca el Sendero litoral del Cervigón Pepe Noja ha contribuido a realzar el paisaje, levantando en acero inoxidable una escultura que ha denominado, muy justamente Solidaridad pues a pesar de su traza abstracta, es con sus relucientes tubos entrelazados, la fiel imagen de uno de los más entrañables gestos de afecto y unión que podemos ofrecernos los seres humanos, el del abrazo. Y así, si quisiéramos hacer de los mensajes de estas tres esculturas una síntesis que los fundiera podríamos decir que la fachada cantábrica gijonesa simboliza un Elogio a la solidaridad una apremiante invitación a la adhesión a las causas o las empresas de otros -que a esto llama el diccionario solidaridad algo siempre insuficientemente presente en la vi- da colectiva de los españoles. En el mismo verano de la entrada en vigor del insolidario Estatuto Catalán, nuestra Patria ha sido escenario de hermosas manifestaciones de esa virtud cívica. La de los bañistas de la playa tinerfeña de La Tejita, sorprendidos un día por la llegada de un abarrotado cayuco en el que pudieron descubrir a un grupo de seres humanos sufrientes, reales, cercanos, incomparables con los tantas veces contemplados en las imágenes casi de ficción de las pantallas televisivas. Y se volcaron para acogerles y ayudarles. La reacción de ese grupo de bañistas les honra y nos conmueve. Del mismo modo los incendios de Galicia dieron numerosas oportunidades para hacer salir de muchos corazones los más nobles sentimientos de amor por los demás: gallegos y otros españoles cogidos de la mano para combatir el voraz fuego que lo destruía todo, poniendo en peligro vidas y haciendas, cortando carreteras, asolando bosques, aniquilando cultivos, cercando viviendas, ennegreciendo el paisaje verde y risueño hecho de pronto cenizas, desolación y muerte. En la recta final de agosto la tragedia ferroviaria de Villada suscitó también en los habitantes de este pequeño pueblo de Palencia otra reacción colectiva y admirable, para tratar de paliar las AMADOR GRIÑÓ ESCRITOR EL MACHO BONITO C OMPLETAMENTE divertida, me contaba mi hermana que al escoger unos pendientes para mi sobrina de quince años, fue rápidamente reprendida por su falta de información suntuaria contemporánea con la escueta frase de: esos no, mamá, no ves que son de chico. Parece ser que el famoso hombre oso peludo, desaliñado y sudado, ha pasado de moda, y apenas una parte del sector gay lo reivindica como fetiche erótico. Está bien visto y asumido socialmente que los hombres dediquen una cantidad significativa de tiempo y dinero en el cuidado corporal, impensable tan sólo hace diez años. La cosmética masculina se ha popularizado en los segmentos económicamente más fuertes como los deportistas profesio- nales, artistas, actores, o jóvenes empresarios. Según la revista Men s Healt- España, en su edición de abril del 2006, el 60 por ciento de los españoles se ha depilado alguna vez, y la marca Biothern Homme, que pensaba vender dos mil unidades del primer reductor abdominal para hombres, ha vendido 40.000 unidades en tres años, y ya en el extremo de este nuevo vector o nicho económico, Jean Paul Gaultier, fiel a su estética masculina tipo modelo de Pierre et Gilles o de Querelle, ha lanzado al mercado un cubo de polvos mate (poudre) brocha suave incluida, para uso exclusivo del hombre. Reconozco que el tamaño del cubo (de 8 x 8 x 8 centímetros) imposibilita cualquier intento de llevarlo en la americana por si se precisa de un retoque rápido en el baño. Seguramente que- da aún camino por andar hasta su popularización, a pesar de que el producto se ha diseñado específicamente para diferenciarlo de las redondas y femeninas polveras, llenando el estuche de ángulos, estos polvos son machos, y su brocha de aplicar nos recuerda la de afeitar de toda la vida. Estamos en la onda del triunfo de lo delicado o femenino, si se prefiere decirlo así, a través del macho bonito, del metrosexual Son el beautiful people, asisten regularmente al gimnasio, se maquillan suavemente, se depilan, se tatúan en puntos escogidos, usan pendientes de brillantes, piercings, collares y joyas específicamente diseñadas para chicos, y todo ello, sin que oficialmente merme su masculinidad. Asisten regularmente al gimnasio, se maquillan suavemente, se depilan, se tatúan... consecuencias de un terrible descarrilamiento. Y siendo lo ocurrido en Villada tan loable como los otros ejemplos mencionados, ninguno de estos gestos de solidaridad ha tenido efectos significativos: no han servido para abordar globalmente los problemas de la inmigración, ni para poner coto a la destrucción masiva del campo gallego ni para aliviar el sufrimiento y el dolor de las víctimas del accidente ferroviario y sus familiares. La solidaridad tiene sus exigencias y sus reglas. En una noche de agosto, en el puerto asturiano de Lastres vi cómo un equipo solidario remataba con éxito una pesca de cebo para surtir a un barco, a punto de hacerse a la mar. El barco estaba amarrado al muelle y había media docena de pescadores asomados a la borda; a un centenar de metros un pequeño bote con dos tripulantes iluminaba con un foco las aguas turbias del puerto en las que bullían numerosos pececillos, que, fatalmente atraídos por la luz, iban a dar irremisiblemente a una red, largada por babor de la embarcación. Una vez allí el equipo de a bordo los recogía con unos calderos, de los que, según su especie, pasaban a tres o cuatro depósitos diferentes. Al trabajo en común contribuían también dos hieráticos y silenciosos marineros, que, desde el muelle, mantenían firmes las estachas dadas a tierra y tensaban los extremos de la red. En respuesta a mi pregunta, ratificando con su acento su traza de inditos peruanos, explicaron la finalidad de la operación: capturar carnada para la costera del bonito. Algo que concluyó con el buen fin que se explica porque el suyo fue un trabajo de equipo, planificado, sujeto a reglas, en este caso dictadas por la experiencia, con la adecuada aportación de recursos y personas, preocupándose todos y cada uno por el interés de los demás. Son muy hermosos los gestos de solidaridad, pero un país como España al que se le acumulan ingentes problemas de variada condición- -su estructuración territorial, el justo reparto del presupuesto, el reto de la inmigración, la cada vez más dramática falta de agua en numerosas zonas, por poner algún ejemplo- -no le basta con una serie de gestos aislados, surgidos de su admirable ciudadanía. El actual sistema político español ha servido para demostrar que hay determinadas necesidades públicas que se sirven mejor desde instancias más cercanas al ciudadano, pero para los grandes problemas de la nación, esos que exigen grandes dosis de solidaridad, ofrecida espontáneamente o impuesta con la vis coactiva del Poder, será necesario contar con un Estado fuerte, el único capaz de que se hagan verdad las palabras del poeta: Por los comunes provechos, dejad los particulares ¿Elogio de la solidaridad- -contribución generosa de los mejores de nosotros? Sí, pero cuando no venga gratis et amore el Estado ha de saber cómo exigirla y ha de contar, para ello, con las normas legales, los poderes y las competencias necesarias. El lograr que sea así es uno de los problemas más urgentes de la nación y de la sociedad españolas.