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ABC VIERNES 29 9 2006 Espectáculos 69 FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN Tócala otra vez, Beethoven Agnieszka Holland presenta un interesante retrato crepuscular del músico encarna los últimos días del sordo de Bonn en una composición de este personaje apasionante, entre torvo, febril, perturbado y genial E. RODRÍGUEZ MARCHANTE SAN SEBASTIÁN. De Ed Harris podría decirse que practica el parapente con su profesión de actor y que se lanza sin miedo al vacío de retos como interpretar a Pollock o, como ahora, a Beethoven. Se calza en su cabeza despejada la melena brava del músico, vulnera la lógica de su propio gesto y desaparece Ed Harris por completo y no se vuelve a saber nada de él mientras dura la película. Un Beethoven torvo, febril, perturbado y genial ocupa su sitio, que es casi por entero este Copying Beethoven que presenta a la competición la directora Agnieszka Holland; y lo que no llena él, lo llena y rebosa una joven actriz, Diane Kruger, que se enfrenta con valor y éxito tanto ella como su personaje a esos dos seres monstruosos, Beethoven y el actor que se escabulle dentro, Ed Harris. La historia no es grandiosa, sino menuda, y alude a la relación de Beethoven con Anna Holtz, aspirante a compositora que va a Viena a trabajar con él, a ayudarle a escribir las partituras y a padecer sus arranques de genio y éxtasis. Holland, la directora, también los tiene y su película ofrece momentos altísimos, arrebatadores, en los que casi se pueden tocar las ideas, las expresiones y los sentimientos de b Ed Harris ellos; largas secuencias de tensión dramática y de intriga musical (la puesta en escena de la Novena, con él, sordo como una estatua, dirigiendo la orquesta mientras que ella, unos metros por delante, le da las pautas, las entradas, las intensidades... y cuando el inmenso coro ataca el Himno de la Alegría la sala entera del cine chisporrotea como un enchufe con el cable pelado) Es muy elocuente, también, el aderezo visual de la época y los personajes, en especial el de Beethoven, siempre entre trompetillas y embudos, y comiéndose el piano, para recoger sus reverberaciones y tactos a falta de otros sonidos... Son sólo pinceladas de los últimos días de la vida de Beethoven, pero queda un retrato realmente descomunal de un tipo que, para ser sordo, se escuchaba bastante a sí mismo. La otra película en competir era una iraní, Media Luna dirigida por Bahman Ghobadi, que ya ganó hace dos años la Concha de Oro por su excelente Las tortugas también vuelan En esta ocasión, Ghobadi se queda un poco más a ras de tierra con el relato de un viejo músico kurdo que ha de recorrer Irán en un autobús con diez de sus hi- Oliver Stone, ayer en San Sebastián jos para dar un concierto en el Kurdistán iraquí. El viaje arranca lleno de gracia y colorido, con una descripción de personajes muy fresca y un ritmo ágil, que se va frenando a medida que la cosa avanza y que desemboca en una segunda mitad ya despojada de esa gracia y frescura, para convertirse en algo entre metafórico y pesado al peor estilo de Kusturica. De todos modos, hay algunas secuencias de fábula, co- AP Cuando el inmenso coro ataca el Himno de la Alegría, la sala entera del cine chisporrotea como un enchufe con el cable pelado mo la de la cantante Hesho que vive con otras mil quinientas cantantes exiliadas (las mujeres no pueden cantar en Irán ante los hombres en público, qué cosa tan rara) y que los reciben en las laderas de un monte todas cantando un aria, o sea, mil quinientas señoras iranís, una sola voz... Al final, obtuvo un gran aplauso del público, aunque no parece muy probable que Ghobadi repita Concha este año.