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ABC VIERNES 29 9 2006 Internacional 33 Georgia detiene a seis oficiales rusos y provoca una crisis diplomática b Rusia retira a su embajador, acusa a las autoridades georgianas de actuar como criminales y amenaza con emplear todos los medios para liberar a los militares R. M. MAÑUECO MOSCÚ. La detención, por parte de la Policía georgiana, de seis oficiales del Ejército ruso acusados de espionaje provocó ayer la retirada del embajador ruso en Tiflis y una andanada de insultos y reproches hacia el Gobierno de Georgia. El ministro georgiano del Interior, Vano Merabishvili, sostiene que los oficiales apresados pertenecen al Servicio de Inteligencia Militar ruso (GRU) y recababan información sobre oleoductos, centrales eléctricas, vías de comunicación, armamentos, partidos de la oposición y acuerdos de cooperación con la OTAN. Según Merabishvili, uno de ellos, Anatoli Sinitsin, está implicado en un atentado terrorista cometido el 1 de febrero de 2005 en la localidad georgiana de Gori. Sin embargo, el ministro ruso de Defensa, Serguéi Ivanov, calificó ayer de inventadas todas las acusaciones y aseguró que la delincuencia en Georgia adquiere ya nivel de Estado Por su parte, Leonid Slutski, vicepresidente del comité parlamentario de Política Exterior, manifestó en declaraciones al canal de televisión ruso NTV que serán empleados todos los medios disponibles para liberar a los oficiales El Ministerio de Exteriores, que llamó ayer al embajador ruso en Georgia, anunció la próxima evacuación de todo el personal diplomático y aconsejó a la población abstenerse de realizar viajes a Georgia. El presidente del Consejo de la Federación (Cámara Alta) Serguéi Mirónov, no descarta que la actual situación pueda desembocar en un guerra El ataúd de María Fiódorovna Románova era enterrado ayer en la catedral de San Pedro y San Pablo, en San Petersburgo AFP María Fiódorovna Románova vuelve a Rusia 78 años después de su muerte Se casó con Alejandro III, y uno de sus hijos, Nicolás II, fue el último zar RAFAEL M. MAÑUECO. CORRESPONSAL MOSCÚ. Los restos mortales de la emperatriz María Fiódorovna Románova (1847- 1928) esposa del emperador Alejandro III y madre de Nicolás II, el último zar ruso, recibieron ayer sepultura en San Petersburgo junto a la tumba de su esposo, cumpliéndose así el designio que la propia emperatriz dispuso en su testamento. Su cuerpo había permanecido hasta ahora en la catedral Roskilde de Copenhague, ciudad en la que nació hace 159 años. El féretro llegó el martes a la antigua capital imperial rusa a bordo de un buque de la Marina danesa. El velatorio fue instalado en la capilla de San Alejandro Nevski, el lugar de culto preferido por la emperatriz durante los 53 años que vivió en Rusia. Ayer, el cortejo fúnebre recorrió las calles de San Pe- tersburgo y pasó frente a los palacios de Pedro I el Grande y Catalina II. El funeral fue oficiado por el patriarca de la Iglesia Ortodoxa rusa, Alexis II, en la suntuosa catedral de San Isaac. La comitiva tomó rumbo hacia la fortaleza de San Pedro y San Pablo, donde, finalmente, el cuerpo de María Fiódorovna descansó junto al de su esposo, hijos y nietos. Mientras, en el exterior, eran disparadas 31 salvas de cañón, las mismas con las que fue recibida cuando atracó el martes en el puerto militar de Kronstadt. A la ceremonia asistió una representación de la última dinastía real rusa, entre ellos los príncipes Dmitri y Nikolái Románov. Estuvieron también presentes los príncipes Frederick y Mary de Dinamarca, Constantino de Grecia, la gobernadora de San Petersburgo, Valentina Matviyenko, y el ministro ruso de Cultura, Alexánder Sokolov. María Sofía Frederick Dagmara, hija del rey danés Christian IX y Louise Wilhelmina von Hessen- Kassel, llegó a Rusia en 1866 para contraer matrimonio con el príncipe heredero, el hijo mayor de Alejandro II, Nicolás Alexándrovich, pero éste falleció de tuberculosis a los pocos meses y se casó al final con su hermano Alejandro. María se convirtió entonces a la fe ortodoxa. La emperatriz enviudó en 1894 y Nicolás, uno de sus seis hijos, accedió al trono. Fue el último zar ruso: él y toda su familia fueron fusilados en 1918 en Ekaterimburgo. Pocos meses después de aquel terrible suceso, María Fiódorovna, que vivía entonces en Kiev, partió de regreso hacia su tierra natal, falleciendo en 1928 en Copenhague.