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4 Opinión VIERNES 29 9 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Sociedad, Cultura y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Nacional) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco G. Mendívil LIBER Y LA POLÍTICA DEL LIBRO E EL MIEDO DE EUROPA AL ISLAM AS sociedades europeas, tanto o más que sus autoridades políticas, deberían preocuparse muy seriamente por la debilidad intelectual y moral que les aqueja cada vez que se sienten amenazadas por el integrismo musulmán. La autocensura que la Ópera de Berlín se ha aplicado para suspender la representación de una cruenta versión de Idomeneo es un nuevo reflejo de ese mal europeo, ya exhibido en la lamentación colectiva por la publicación de unas viñetas sobre el profeta Mahoma o en la falta de respuesta- -y de convicción en la respuesta, cuando la hubo- -para defender la forma y el fondo del discurso de Benedicto XVI en Ratisbona. No sólo debería preocupar este encogimiento europeo ante el islam, sino el doble rasero que aplican los portavoces del multiculturalismo y del diálogo entre confesiones, sólo preocupados de las reacciones islamistas, pero indiferentes, cuando no complacidos, ante las protestas, pacíficas y sin amenazas, de muchos católicos por la película El Código Da Vinci o de otras obras artísticas que se recrean en ofender la sensibilidad cristiana. Evidentemente, no se trata de defender el valor creativo de una versión operística en la que decapitan a Jesucristo, Buda y Mahoma, sino de reivindicar tanto el derecho a la libertad de expresión y de creación como el valor de los mecanismos legales que existen en los estados de Derecho europeos para resolver, con la ley en la mano, los conflictos sociales. En esto mismo, en la capacidad de las sociedades libres para regularse legalmente con criterios racionales- -se compartan o no- reside una diferencia fundamental con quienes defienden la interpretación del islam como un código integral de conducta, personal y colectiva, social y política, lo que, a todas luces, es incompatible con la separación religión- Estado en que se basa la organización de las democracias occidentales. La automutilación europea frente al islam no responde tanto a una contención libremente decidida para preservar L el respeto a todas las religiones, sino, pura y simplemente, al miedo a la violencia integrista. Si los sectores más radicales del mundo musulmán no lanzaran continuamente sus amenazas contra Occidente; si el terrorismo integrista no fuera un peligro inminente y grave para los ciudadanos de cualquier país europeo; si Nueva York, Washington, Madrid y Londres no hubieran sufrido el golpe islamista, y si las comunidades musulmanes estuvieran realmente integradas en el código de valores políticos occidentales- -de los que legítimamente se benefician, empezando por la libertad de culto- es seguro que la dirección de la Ópera de Berlín nunca habría retirado Idomeneo de su cartel. No cabe esconder bajo la apariencia de una actitud de respeto al islam lo que es una cesión por miedo a ser agredidos, unida a las inexplicables aversiones de una parte de la sedicente inteligencia europea a reconocer la aportación del cristianismo a la construcción de Europa. La canciller Angela Merkel y otras autoridades alemanas han denunciado los riesgos de la autocensura y hacen bien, porque si se apela al diálogo como prevención de conflictos entre religiones y civilizaciones, difícilmente ese diálogo será fructífero si una de las partes ha interiorizado el miedo a la otra. Tampoco será así como Europa fomente a los grupos musulmanes moderados, que han hecho oír tímidamente su voz en la polémica sobre Idomeneo mostrándose dispuestos a asistir a la representación de la ópera de Mozart. Pero no es suficiente. El problema de la convivencia entre democracia e islam no se disputa sólo en Irak o en Afganistán. También empieza a tomar cuerpo en algunas ciudades europeas, donde comunidades musulmanes, como la turca en Alemania, han formado auténticas sociedades burbuja en las que imperan reglas propias que han desplazado a las que rigen para el resto de los ciudadanos, para quienes su identidad política como ciudadanos europeos es compatible con su fe religiosa. BATASUNA GANA EN ESTRASBURGO E L empeño del PSOE por llevar al Parlamento Europeo el proceso de negociación con ETA carece de justificación jurídica y política. A efectos de la Unión Europea, ETA es una organización terrorista cuya única presencia ante las instituciones comunitarias debería situarse en el marco de la cooperación policial y judicial. Por otra parte, la Cámara de Estrasburgo no está pensada para servir como eco amplificador en los asuntos internos de cada país miembro. De hecho, los eurodiputados que se empecinan en plantear cuestiones de interés particular ante sus colegas suelen ser relegados a una posición secundaria por los grupos parlamentarios, que no en vano están organizados por familias ideológicas y no por orígenes nacionales. Sin embargo, el Grupo Socialista ha conseguido su objetivo al trasladar a la Cámara Europea un proceso de paz de cuyo desarrollo aún no ha informado el Ejecutivo en el Congreso de los Diputados, sede de la soberanía nacional, pese a las promesas que en este sentido hizo el propio José Luis Rodríguez Zapatero. Es ahí donde debe plantearse el debate sin buscar la cobertura externa de un Parlamento Europeo que, sin pretenderlo, está sirviendo a los intereses y a la estrategia de ETA Batasuna. La tesis del PP sobre la inconveniencia del debate debería haber prevalecido en el seno del centro- derecha europeo, que se ha limitado a formular en la Conferencia de Presidentes- -equivalente a la Junta de Portavoces en nuestras Cámaras- -algunas objeciones menores en relación con el calendario. Pero incluso en este terreno simbólico sale ganando la tesis de Batasuna: el próximo 25 de octubre está fijada la fecha para una sesión parlamentaria que consagra la internacionalización de un asunto interno, otorga un estatus que no merece a una organización terrorista que sigue activa y plantea un lenguaje de diálogo y pacificación que sólo favorece a quienes se sitúan en contra de la democracia constitucional. El presidente del Gobierno incumplió su palabra de comparecer ante el Parlamento al exponer antes del verano sus intenciones en una rueda de prensa celebrada en el edificio del Congreso. Esta misma semana ha utilizado una pregunta pactada casi sin debate posterior para seguir manteniendo su confianza- -poco fundada- -en los planes y expectativas del proceso Cumplido el plazo que había fijado el propio Ejecutivo, el ministro del Interior no ha informado a los portavoces parlamentarios y ya ni siquiera se aventura a fijar un nuevo plazo. El secretismo se apodera de una materia que exige por definición que se informe con lealtad a la oposición y que se transmita a la opinión pública un mensaje con la garantía de que no habrá concesiones inaceptables. Es una mala noticia que el Parlamento Europeo sea utilizado como cámara de resonancia mientras el Congreso de los Diputados sólo sirve como decorado para hacer declaraciones sin derecho a réplica. SPAÑA es una gran potencia cultural, que cuenta entre sus principales activos con una lengua de primer rango internacional. Desde este punto de vista, la política cultural- -en particular, la política del libro- -merece una atención prioritaria que no siempre se corresponde con las urgencias del día a día. De ahí las expectativas que despierta en el sector editorial el proyecto de ley de la Lectura, el Libro y las Bibliotecas, cuya aprobación por el Consejo de Ministros se retrasa algún tiempo, según anunció la ministra de Cultura en la inauguración de la XXIV edición de Liber. Carmen Calvo ha presentado un aluvión de cifras para destacar la fortaleza del sector en España, pero no ha ofrecido una explicación satisfactoria ante un dato preocupante: cada año desaparecen en nuestro país muchas más librerías de las que se abren. Es cierto que se publican más de 80.000 títulos, muchos de ellos de tirada reducida y vida efímera, que se traducen en unos 320 millones de ejemplares puestos en el mercado. Según los expertos, es una cantidad excesiva que lleva a muchos libreros a practicar un proceso selectivo que reduce en la práctica la posibilidad de acceder a múltiples obras. También es llamativa la relativa debilidad del libro de bolsillo, que apenas supera el 5 por ciento de la facturación del mercado interior, en contraste con otros países europeos. El sector es fuerte, sin duda, pero convendría tener en cuenta algunos desequilibrios que pueden pasar factura a medio plazo. La excepción al precio fijo en relación con los libros de texto por vía de descuentos ilimitados pone en situación ventajosa a las grandes superficies o a las librerías importantes respecto a los establecimientos de dimensiones reducidas. Parece que la ley mantiene una línea de continuidad sobre el vigente decreto del año 2000, lo que explica la preocupación- -expresada en Liber- -de los libreros tradicionales, desbordados por la pujanza de empresas más poderosas. Se impone una política racionalizadora en el ahorro de costes, en particular en los procesos de distribución del libro. Las campañas de promoción de lectura y los espacios culturales en los medios de comunicación públicos son cuestiones que el Ministerio debe desarrollar con rigor y eficacia como elemento clave para la fortaleza de la lengua española como vehículo de cultura y comunicación. Liber es una feria que cumple con éxito su vocación de favorecer la difusión de la lengua española. De ahí la presencia de Colombia como país invitado, un reconocimiento merecido por la vitalidad del mundo de las letras en aquella nación. El Gobierno debería ser sensible ante las preocupaciones expresadas en este foro por los diversos sectores, respetando el beneficio legítimo de las empresas, al mismo tiempo que desarrolla la función cultural que cumplen el libro y la lectura. En este sentido, una red de bibliotecas públicas cercanas al ciudadano y dotadas de forma adecuada tendría que ser el eje de la acción administrativa de fomento de la lectura.