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104 Deportes JUEVES 28 9 2006 ABC El primer patronato de apuestas estaba en el Bar Callealtera de Santander. Su inventor fue Manuel González Lavín. Sus clientes, incluso extranjeros que llevaban boletos a México y Venezuela. El Estado celebró hace una semana un aniversario oficial pero lo cierto es que surgió en 1929. Y la primera prueba, con pago a Hacienda, data de 1931 La Quiniela tiene sesenta, pero nació con quince TEXTO TOMÁS GONZÁLEZ- MARTÍN MADRID. ¿Coqueta u olvidada? ¿Se quita años o se los quitan? España celebra ahora los sesenta años de una presumida dama, la Quiniela, que en realidad tiene setenta y cinco y probablemente sean setenta y seis. El organismo Loterías y Apuestas del Estado (LAE) festeja el cumpleaños de unas apuestas que oficialmente nacieron el 22 de septiembre de 1946 y que miles de personas jugaron desde 1929, aunque no haya constancia pública hasta el 22 de noviembre de 1931. Datos que demuestran que Manuel González Lavín fue su inventor y un bar de Santander, la sede de su explotación. Unas pruebas de una existencia anterior que Hacienda selló en esa fecha de 1931 con la aplicación de un impuesto del 10 por ciento. Porque se dio cuenta de que este juego era un negocio, después de su crecimiento escrito a mano, pero no impreso, desde 1929, también gravado con una mínima fiscalidad. La concreción de los orígenes del invento, con fe de vida desde 1931, se encuentra plasmada en documentos, apuestas, fechas, reglamentos, cartas de apostantes y nombres de los integrantes de la comisión de control y escrutinio. Datos que han sido conseguidos y analizados por Juan José Morón, presidente de la Asociación de Profesionales de Apuestas Deportivas, que ha dedicado años a investigar la vida, obra y milagros del juego más popular de España en el siglo XX. tada y nada más. No. En aquellos tiempos de autarquía, de teléfonos a pedales y de distancias imposibles, los González Lavín levantaron los cimientos de lo que hoy es el 1 X 2 con un reglamento impreso que regulaba el reparto de premios y contratiempos como la suspensión de partidos. El organigrama estaba dirigido por una comisión de control que precintaba los resguardos de los boletos, realizaba el escrutinio ante la presencia pública de cualquier desconfiado y admitía reclamaciones. Manuel Cos, Francisco Peral, Manuel Escudero y Antonio Balaguer, entonces futbolista del Racing, la integraban. Una comparación de aquel reglamento, editado en 1931, con el aprobado por el Estado en 1949, dueño del negocio tras la Guerra Civil, demuestra la capacidad e inteligencia de sus primeros diseñadores. Apuestas por carta pagadas con sello El primer reglamento de la Quiniela, junto a una apuesta de la Liga 31- 32 Escrutinio en lápidas de mármol Unas mesas de miedo. Se conservan en buen estado, en el Bar Callealtera en la actualidad cerrado. Son de hierro, con una tapa de mármol. Actualmente se encuentran colocadas boca abajo. para que visitantes como el investigador Juan José Morón no se asusten al verlas, pues estaban hechas con material de lápidas antiguas. Una apuesta de resultados y goles La confluencia de tres fuentes tan distintas como distantes, que aseguraban haber participado en sorteos de foot- ball entre 1929 y 1941, permitieron a este enamorado del 1 X 2 descubrir al pionero de una aventura que otros aventureros relataron con antiguos boletos, pagados y premiados. En primer lugar, compradores de gallos de pelea, provenientes de México, que presentaron apuestas relativas a la temporada 31- 32. En segundo término, marineros valencianos que transportaban manzanilla de Sanlúcar a Inglaterra, con escala en Santander, donde cobraron dinero por sus aciertos en las quinielas descontadas las tasas para Hacienda y para el Ayuntamiento. Y finalmente, religiosos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, que apostaban en los años 40 y 41. Una idea excepcional que Josefina González, una de las cinco hijas del inventor, Manuel González Lavín, confirmó a Juan José Morón con fotos, con boletos, con escrutinios, con repartos de premios, con la asistencia al patronato de apuestas y con la exposición de unos hechos históricos tan emocionantes como sensacionales. Manolo, el promotor, era el mayor de los tres hermanos que regentaban De los gallos se pasó al fútbol Los González Lavín organizaban en la zona posterior de su taberna peleas de gallos, de los que eran criadores, una sabiduría en las apuestas que traspasaron al juego del fútbol. Los marineros que exportaban los gallos a México y Venezuela sellaban boletos de la Quiniela, al igual que los valencianos que hacían escala en Santander con manzanilla de Sanlúcar, camino de Inglaterra. el Bar la Callealtera, Casa Sota situado en el número 22 de la calle Alta de Santander. De nuevo el 22, como un recuerdo de esa duplicación de patente. Porque allí, en la taberna de los hijos de G. Sota Manolo creó en 1929, con el estreno de la Liga, un juego que trascendió a su ciudad para extenderse por España e incluso por América, como relataron marineros de México y de Venezuela, cuyos barcos llegaban a Santander y regresaban con gallos de pelea entrenados en el patio de los Sota, especialistas en las pujas de las peleas de gallos. Esa sabiduría la traspasaron al foot- ball con una seriedad empresarial memorable. El promotor planificó una apuesta combinada- -resultados y goles- -de los cinco partidos de la Liga. Los primeros boletos que se conservan tienen esa fecha, 22 de noviembre de 1931. Aquello no era una porra bien mon- El éxito del juego extendió su popularidad gracias a los viajantes y a los marineros que regresaban a casa con boletos sellados e ilusiones por sellar. Las ganancias eran importantes. En un principio se destinó a premios el 95 por ciento de la recaudación. Hacienda sólo ponía sus zarpas sobre el cinco por ciento dedicado a la administración. Posteriormente, desde el famoso 22 de noviembre de 1931, el fisco captó el diez por ciento y los premios cubrieron el 85 por ciento. Era tal el triunfo de aquel entretenimiento que todos los organismos oficiales querían percibir su porción de la tarta. El primero, el Ayuntamiento de Santander, que veía el color del dinero escapándose por la calle Alta. Por fin, el 24 de enero de 1932, entró a beneficiarse del reparto con el tres por ciento. Los premios se redujeron al 82 por ciento. Un porcentaje que descendió al 80 por ciento el 13 de marzo de 1932, al cederse el dos para Beneficencia. Con una facturación cada vez mayor Manuel González Lavín Sellado de boletos en el Bar Callealtera sede del primer patronato de apuestas