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66 Cultura JUEVES 28 9 2006 ABC DOCE DIAMANTES Las mejores películas de Audrey Hepburn, que ABC pondrá a disposición de sus lectores a partir del domingo, son buena prueba de que sus vestidos, perfumes y joyas marcaron estilo Una cosa de huesos y espíritu TEXTO: ROSA BELMONTE Cuando María Callas decidió dejar de ser una elefanta se fijó en Audrey Hepburn como ideal estético. ¿En quién si no? Audrey era entonces una referencia y lo sigue siendo hoy. Si a Balenciaga se le calificaba de profeta, a la actriz no, pero lo fue gracias a la invención de su aspecto, tan válido en los años 50 del siglo XX como en el siglo XXI. Cuando Glenn Close apareció, todo el mundo se preguntó que a dónde iba esa tía que se parecía tanto a Meryl Streep. De la misma manera, al llegar Audrey Hepburn a Hollywood, más de uno dudó de que pudiera andar con un apellido que ya tenía dueña. Y qué dueña. Tanto Glenn Cigarrillos, whisky, chocolate y televisión Su madre le había enseñado a mantenerse erguida, a cortarse con el vino y los dulces y a fumar sólo seis cigarrillos al día. Porque Audrey fumaba, en la pantalla y en la vida real. Su marca favorita era Will s Gold Flake. Cuando los cigarrillos británicos se retiraron por venenosamente alquitranados, se pasó a Kents. Nunca consiguió dejar de fumar. Audrey también bebía. Dos dedos de JB cada noche (a la vez que fumaba sus Kents) Y comía chocolate. Desde que el día de la liberación un soldado le dio un montón de chocolatinas, nunca prescindió del dulce capricho. También le gustaba la televisión. En un aparato enorme disfrutaba de La Ley de Los Ángeles su serie favorita. como Audrey vencieron las comparaciones. Es más, las dos Hepburn (Katherine y Audrey) son probablemente las estrellas con más estilo propio de la historia del cine. Audrey tenía como modelos a Elisabeth Taylor y a Ingrid Bergman. Salió otra cosa. Una cosa adorable. No es de extrañar que Melissa Hellstern le dedicara un libro con ese título: Cómo ser adorable, según Audrey Hepburn A nadie se le ocurriría escribir Cómo ser adorable, según Greta Garbo (o según Deborah Kerr) Adorable es Audrey. Elegantes hay más. Kay Kendall, Myrna Loy, Eleanor Parker... Pero Audrey iba más allá. Lo decía quién más sabía, Diana Vreeland, la sacerdotisa del estilo y la moda. La histórica editora de Vogue tenía su personal idea de la elegancia: Es una cosa de huesos y espíritu. Algo que tienen algunos animales como las gacelas. Audrey Hepburn y unas pocas personas más lo tienen Sabía la actriz que la eliminación era el secreto. Hay un par de fotos de Audrey con extravagantes capas de Valentino, tan exageradas como el traje de Eliza Doolittle en las carreras, tan poco Audrey. Es mucho más ella con los hábitos, aunque lo cierto es que en el ranking de monjas atractivas siempre le ganará Silvana Mangano. De buena familia Nada más lejos de la realidad que el cuento de My fair lady Audrey era una chica de buena familia. Hija de un banquero anglo- irlandés y de una baronesa holandesa. Cuna meneada. Según Donald Spoto, que en la biografía de Audrey Hepburn no ha sacado trapos sucios porque no los hay más allá de depresiones y porque la venera, los papás simpatizaban con el fascismo, aunque la baronesa se desilusionó durante la ocupación alemana de Holanda y se pasó a la resistencia, donde Audrey colaboró. La flacucha y Anna Frank tenían diez años cuando estalló en la guerra y ambas estaban en Holanda. Cuando, ya adulta, Audrey leyó el diario quedó impactada Aquélla era mi vida. No sabía lo que iba a leer. Me afectó tan profundamente que jamás he vuelto a ser la misma En 1992 (moriría una año después) según recoge Melissa Hellstern en su libro, le preguntaron por el mayor obstáculo al que se enfrentaba Unicef, y respondió que la guerra e incluso cargó contra los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas por vender las armas. Los niños volvían a ser lo más importante de su vida.