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58 JUEVES 28 9 2006 ABC Sociedad Siete de cada diez profesores de Secundaria sufren agresiones físicas o verbales Más de la mitad de los docentes reconocen que están desmotivados para acudir a las escuelas sindicato CSICSIF revela que uno de cada cinco profesores de instituto se ha visto obligado a coger la baja médica por agresiones de los estudiantes M. J. PÉREZ- BARCO MADRID. Ejercer la docencia se ha convertido en una profesión de alto riesgo en las aulas de los colegios españoles. Los casos de agresiones a profesores se cuentan por doquier: un día las calles de una localidad malagueña amanecieron con carteles que mostraban la fotografía de una profesora de inglés y la inscripción se busca viva o muerta la casa de otro maestro, en Algeciras, fue apedreada en cuatro ocasiones en un mes; las ruedas del coche de una profesora de música de Ciudad Real aparecieron un día rajadas y el vehículo de una directora de un instituto de Gerona quemado; el padre de una niña de diez años propinó una bofetada a su educadora y un profesor de educación física fue golpeado por una estudiante de Secundaria con el palo de una escoba... Los ataques físicos a los docentes son una realidad, los verbales- -insultos, descalificaciones, faltas de respeto, -incontables. Y es que la violencia en colegios e institutos crece sin parar y en todas sus posibles manifestaciones. Al acoso escolar que sufren muchos estudiantes, hay que añadir los continuos ataques a los docentes, como revela de nuevo un informe presentado ayer por la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSI- CSIF) 12.376 profesores de Primaria y Secundaria de todo el país han alzado su voz para denunciar la situación que padecen. b Un informe del Agresiones a los docentes de primaria ¿Te han amenazado o te has sentido alguna vez amenazado? No 68 Si 32 ¿Te has sentido alguna vez menospreciado o has sufrido falta de respeto? No 17 Si 83 ¿Te has sentido alguna vez agredido verbalmente? No 53 Si 47 ¿Has sido agredido físicamente alguna vez? No 93 Si 7 CG. SIMÓN tudes negativas que muestran los estudiantes de forma habitual, de tal forma que ocho de cada diez encuestados declaran haber padecido este problema, sobre todo mientras imparten las enseñanzas en clase, pero también fuera del centro y del horario escolar. Y en este sentido apenas se aprecian diferencias entre Primaria y Secundaria, es decir, tanto lo hacen los alumnos de mayor como de menor edad. Sin embargo, en Primaria (con estudiantes de entre 6 a 12 años) algunos porcentajes se reducen. Por ejemplo, el 7 por ciento del profesorado ha sufrido ataques físicos y el 47 por ciento agresiones verbales. Claro que a edades tan tempranas no surgen tantos conflictos por parte de los estudiantes, aunque sí se hacen más relevantes los que proceden de los padres. La encuesta del sindicato CSI- CSIF demuestra que este tipo de situaciones ha pasado factura al profesorado. De hecho, el 62 por ciento declara haber alterado su vida habitual tanto en la esfera académica como en la personal. No en vano, casi la mitad de los docentes admiten estar desmotivados para acudir a su trabajo y un 12 por ciento reconocen que sienten miedo al entrar en las aulas. Pero el panorama causado por estas manifestaciones de violencia puede agravarse hasta el punto de solicitar una baja médica. Es lo que se han visto obligados a hacer uno de cada cinco profesores de Secundaria como consecuencia de algún tipo de agresión. Cuando preparaba las clases sentía sudores y picores al leer los libros, lo odiaba Más de tres meses de baja, y una terrible angustia, por el desgaste psicológico que le provocó el comportamiento de un grupo de alumnos, es el precio que tuvo que pagar Manuel Sánchez- -un nombre ficticio en esta historia real- -por conservar y seguir en su profesión. Es docente de un instituto de Aragón, del que no desea dar más pistas. Ahora cuenta su experiencia con la serenidad y claridad que da la perspectiva de un tiempo pasado y ya superado. La falta de respeto, decoro y disciplina por parte de varios estudiantes durante seis meses le condujo a una situación insostenible. Dice que ni siquiera tenía ganas de salir a la calle, quería aislarme. Cuando preparaba las clases sentía sudores y picores al leer los libros, lo odiaba Los estudiantes no le agredieron físicamente, tampoco le insultaron y nunca le amenazaron, pero le sometieron con actitudes más sutiles a un agotamiento psicólogico atroz. Cuando salía fuera de casa no sentía verdaderamente miedo, pero sí tensión e iba con cuidado afirma. Ahora recuerda las miradas desafiantes de aquel grupo de alumnos, sus faltas de puntualidad, cuando arrojaban papeles al suelo o bloqueaban las puertas del aula con palillos, su absentismo escolar, sus constantes interrupciones a los compañeros, sus comentarios jactanciosos en los pasillos... Y su propio esfuerzo por inculcarles un comportamiento respetuoso y civilizado con el resto y en cualquier situación, sólo mediante la palabra. No podía reprenderlos, ni elevarles la voz, nada más que enseñarles con la palabra. Asumía todos sus desplantes y faltas de respeto, las iba echando al saco, hasta que un día acudí al médico explica. Pero la presión venía por partida doble. Manuel era el tutor de ese mismo grupo de estudiantes y por eso recibía también las quejas de sus compañeros, los otros docentes del centro. Lo más que pudo hacer fue enviar cartas certificadas a los padres informando de la situación. Alguna madre incluso me reconoció que a veces no sabía qué hacer con su propio hijo Este año ha cambiado de alumnos. El trauma ya está superado, pero quizá no olvidado. Y tiene una lección muy clara: Los valores y el buen comportamiento se aprenden en el seno de la familia Comportamientos violentos Aunque las encuestas se realizaron en el mes de junio, es decir, en un momento en que la presión de los alumnos no dejaba tanta huella porque habían terminado las clases, los datos no resultan nada alentadores: uno de cada diez profesores de Secundaria ha sufrido alguna vez agresiones físicas y siete de cada diez, ataques verbales. De este modo, el 73 por ciento de los docentes han padecido durante su carrera alguno de estos comportamientos violentos, sobre todo por parte de alumnos de entre 12 y 16 años. Los insultos, descalificaciones, etcétera, se viven en las aulas con diferente intensidad. El 79 por ciento de los profesores lo padecen repetidamente, el 13 por ciento frecuentemente y el 8 por ciento, todos los días. La falta de respeto es otra de las acti-