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44 Madrid JUEVES 28 9 2006 ABC El público aguanta pero no entiende que el Ayuntamiento sólo haya habilitado una oficina, en toda la ciudad, para tramitar las tarjetas de aparcamiento La espera es interminable en las oficinas del Servicio de Estacionamiento Regulado (SER) en la calle de Alberto Aguilera. Hacen falta hasta tres mañanas para resolver el papeleo en la única oficina que el Ayuntamiento ha dispuesto en todo Madrid Veinte horas a la cola para la tarjetita TEXTO: MARÍA ISABEL SERRANO FOTO: DE SAN BERNARDO MADRID. No hace falta ni entrar. Desde la calle se respira el mal rollo que hay dentro. Nervios, voces, enfados, cansancio, desvanecimientos... Estamos en el número 20 de la calle de Alberto Aguilera, la única oficina que al Ayuntamiento se le ha ocurrido habilitar, en toda la ciudad, para resolver los trámites administrativos relacionados con el Servicio de Estacionamiento Regulado (SER) Obtener la tarjetita para poder aparcar en su barrio le va a costar a Mercedes un mínimo de veinte horas. Nos echa la cuenta: El horario de oficina es de nueve de la mañana a una de la tarde. Cinco horas. Como yo ya llevo viniendo tres días, son quince. Pero como he estado aquí a las siete de la mañana para ser de las primeras en la cola para coger número y los papeles que hay que rellenar, son seis horas más. Total, veintiuna. ¡Y todo para que te den un papelito que vale poco más de seis euros! Todos los que están junto a Merce- des asienten con la cabeza. Están en la misma, y patética, situación. Es de locos. ¿A nadie, con un poco de sensatez, se le ha ocurrido poner oficinas como ésta en cada junta municipal de distrito donde hay parquímetros y SER? Yo vivo bastante lejos de aquí. He llegado a las siete y veinte de la mañana y es el tercer día que vengo. Ya he puesto una reclamación. No hay derecho a que nos tomen así el pelo a los madrileños se queja Reyes Hernández. Ayer tuvo que pedir en su empresa un día sin sueldo para poder ir a las oficinas municipales. Cuatro plantas de espera El calvario empieza en la planta baja del edificio de Alberto Aguilera. Aquí está la primera cola, la de obtener el número con que te van a atender cuatro plantas más arriba y los impresos que hay que cumplimentar. La fila, muchos días, da la vuelta a la manzana. En el interior, los resignados ciudadanos van esperando en otra fila que han formado en las escaleras hasta llegar a esa cuarta planta donde están los empleados municipales. Hay un ascensor, estrecho y muy solicitado, imposible para minusválidos y carritos de bebé porque, para llegar a él, hay que bajar cinco grandes peldaños. Los ciudadanos se entretienen como pueden leyendo periódicos, libros, revistas; con crucigramas o resolviendo sudokus... Y abanicándose, porque ayer hacía bastante calor dentro de este edificio, abarrotado de público y sin grandes alardes de refrigeración. Cuando llegamos a la cuarta planta el panorama es lo más parecido a una enorme lata de sardinas. Textual. Aquí arriba, unos pocos privilegiados han logrado ocupar los escasos asientos habilitados al efecto. Todos están pendientes de la pantallita donde aparecen los números a los que toca atender. ¡El mío, el mío! salta Roberto al ver su 287 parpadear a lo lejos. Aguantar de un tirón En realidad, hay dos filas. Una para las personas que tienen que tramitar algún cambio en los datos de su empadronamiento para conseguir la tarjeta de residente y poder aparcar en las calles de su barrio. La otra es para los vehículos industriales y profesionales que, como se sabe, disponen de cinco horas de aparcamiento gratuito al día en las zonas azules previo pago de unos trescientos euros al año. En esta segunda fila se encuentra Joaquín Perdices. Desesperado está el hombre porque lleva ya más de tres horas aguantando el tirón. Es la primera vez que hace cola y, como muchos de los que están a su lado, tiene claro que El calvario empieza en la planta baja, con la primera fila. Luego quedan cuatro pisos hasta las ventanillas