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ABC JUEVES 28 9 2006 37 El Consejo de Estado avala el plan para hacer públicas las empresas que incumplan la normativa de seguridad Trinidad Jiménez se despide como concejal y asegura que me quedaba lo más bonito do del Senado, a muy poca distancia del lugar donde se produjo el crimen. La moto obra ya en manos de la Policía Científica, que está analizando las numerosas huellas encontradas en el vehículo. También está en dependencias policiales el Renault Clío azul marino que utilizaron como escondite los asesinos. Al parecer, el coche, que no figura como robado, llevaba aparcado en la escena del asesinato, junto a la discoteca Cool desde ese mismo día por la mañana. Una muestra más de que los atracadores sabían, por tanto, que José Manuel Mateo pasaría por allí, y le estaban esperando. Asimismo, el Grupo V de Homicidios, que está llevando la investigación, cree que el importante número de relojes de valor que la víctima portaba en sus muñecas incluso pudo delatarle si los asesinos no le conocían físicamente. En cuanto a la identidad de los autores de la muerte, se sabe que son de origen suramericano- -se está intentando concretar si colombianos- -y que, al menos, eran dos. Al menos, porque la Policía Nacional no descarta que una o dos personas más estuvieran compinchadas con los delincuentes, presenciaran los hechos e, incluso, le dieran apoyo cuando emprendieron la huida. Lo que está claro es que el golpe lo cometieron un hombre rubio- -que conducía la moto y llevaba puesto un casco- -y otro de tez oscura ataviado con un mono azul- -que fue quien, a cara descubierta, disparó al representante tras no conseguir arrebatarle las bolsas y le pateó en el suelo- Heredó el oficio de su padre y el amor al trabajo, al que dedicó más de la mitad de su vida. Ello le llevó a recorrer las carreteras cientos de veces y a hacer amigos en toda España. Así definen sus allegados al representante de joyería asesinado por resistirse a un atraco Murió defendiendo el derecho a ejercer su trabajo TEXTO: M. J. ÁLVAREZ ¡Me han matado! José Manuel no llevaba ningún tipo de medida de seguridad, algo bastante común en este gremio, del todo indefenso. Cuando recibió los tiros de manera cobarde, por la espalda, se aferró a sus maletines. Estaba harto de sufrir la violencia de los atracadores. ¡Otra vez no! gritaba, ya malherido, tendido en el suelo y perdiendo muchísima sangre. ¿Dónde están, dónde están? exclamaba a la Policía mientras era atendido, en referencia a las bolsas. Incluso llegó a gritar: ¡Me han matado! Poco después, le sobrevino un parada cardiorrespiratoria. Los sanitarios del Samur- Protección Civil pudieron mantenerle con vida hasta que llegó al Hospital Clínico San Carlos. Pero, antes de entrar en el quirófano, pereció. Era vecino de Torrelodones y aún no había cumplido 60 años. Deja viuda y dos hijos. Ayer por la noche, el cadáver de José Manuel continuaba en el depósito del Instituto Anatómico Forense. La necesidad de más pruebas- -como la realización de placas para determinar la trayectoria exacta de las tres balas- -retrasará la incineración del cuerpo hasta mañana. Será en el tanatorio de La Paz. Mientras, en el barrio, el asunto iba de boca en boca. Los vecinos se quejan de lo deteriorada que está la zona. Un comerciante lo tenía claro: Antes sólo te robaban, pero ahora llevan pistolas y te matan por nada Los vecinos, aseguran, tienen miedo. MADRID. Llevaba siempre en la mano su patrimonio. Su medio de vida. Y se la arrebataron de un plumazo. Murió por defender su derecho a trabajar y a salir a la calle tranquilamente Ése es el sentir de sus allegados, compañeros de profesión, amigos y de todos cuantos le trataron. José Manuel Mateo Redondo, de 59 años, el representante de joyería brutalmente asesinado en un tiroteo por resistirse a un atraco a plena luz del día y con numerosos testigos en la calle de Isabel la Católica (Centro) -entre la plaza de Santo Domingo y la de España- ha provocado una enorme consternación y ha dejado a su familia en estado de shock No se lo creen aún, están en una nube. No dan abasto recibiendo muestras de apoyo y condolencias. Tenía muchos amigos, los había hecho a base de kilómetros, con su mercancía a cuestas, el muestrario de los objetos de valor que vendía, un oficio al que había dedicado tres décadas: más de la mitad de su vida. Lo llevaba escrito en sus genes. Pertenecía a una saga familiar de tres generaciones dedicadas al mismo oficio: a la joyería. La inició su padre, del que aprendió el José Manuel Mateo ÁNGEL DE ANTONIO amor por el oficio, y la continuaron él y su hermano Fernando, con el que regentaba la empresa Garma, situada a 300 metros del lugar en el que se- garon salvajemente su vida. Ahora, el relevo a la tradición la había retomado su hijo. Tal vez acabe en él o quizá la sigan algún día sus nietos. Mayorista y miembro de la junta directiva de la Asociación Gremial de Joyeros, Plateros y Relojeros desde hacía una década, en ella se había granjeado el aprecio y el afecto sincero de sus colegas del sector. Siempre correcto, educado, entrañable y paternal. Y muy bien vestido le describían ayer en la sede de la entidad. En sus comienzos se dedicó a lapidar piedras preciosas, pero lo dejó para hacer lo que más le gustaba: ir con el muestrario a cuestas, de comercio en comercio. Importaba algunas piezas, aunque el grueso de su negocio lo realizaba en nuestro país. No tenía intención de jubilarse- era aún muy joven a pesar de que estaba a punto de cumplir 60 años y del primer gran susto que se llevó el día de San Isidro pasado, cuando, con un guión similar, otros dos sujetos le acecharon en el parking de la calle de Silva y le apuntaron con un arma en la cabeza. Al final se la abrieron, pero no se llevaron el botín porque la entrada y salida de vehículos les llevó a abandonar el lugar. Desde entonces, José Manuel Mateo se mostraba compungido y escéptico por la inseguridad, pero no estaba dispuesto a tirar la toalla. ¿Qué les van a hacer? Le han arrebatado su vida, pero no su dignidad. No es cierto que llevara el maletín amarrado a la muñeca ni que se aferrase a él por su valor económico, sino por lo que representaba: su profesión y el poder ejercerla con total libertad prosiguen sus íntimos. Ni su mujer, Reyes, ni sus dos hijos, una chica, licenciada en Químicas y el heredero de la saga son capaces de asumir el mazazo recibido. Están muy arropados ahora pero cuando todo pase... agregan. Más de la mitad de su vida, tres décadas, dedicadas en cuerpo y alma a su profesión, cargando con los objetos de valor que ello comporta, recorriendo el país de cabo a rabo para que le disparen por la espalda, explican indignados. ¿Qué les van a hacer si los cogen? La justicia no existe. Los delincuentes entran por una puerta y salen por otra. Es vergonzoso. No se puede permitir que acaben con la vida de una persona de una manera tan cruel y gratuita concluyen, airados.