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ABC JUEVES 28 9 2006 Internacional 33 El ministro de Educación, Alan Johnson, no descarta rivalizar con Gordon Brown por la sucesión apasionado discurso de Blair del día anterior y la felicidad con la que los delegados lo habían acogido. Por un momento había brillado el antiguo líder y muchos se preguntaban si no había sido un error haberle empujado a la próxima dimisión, sobre todo al constatar que Brown no es maestro en encandilar las audiencias En ese sueño seguían ayer por la mañana algunos blairistas como el ministro de Educación, Alan Johnson, quien no ha descartado rivalizar con Brown por la sucesión. Johnson aseguró que la aclamación a Blair podría retrasar su marcha hasta el verano. Real o no, la apreciación sí tiene que ver con la sensación generalizada de que el congreso ha supuesto un respiro en la presión sobre Blair. Tony Blair sonríe a Bill Clinton después de su discurso, durante la conferencia anual del Partido Laborista, ayer en Manchester AFP Clinton acude a despedir a Blair para agradecerle su relación con Washington Tras aclamar al primer ministro, el congreso laborista vota contra su política b Avalado por el ex presidente de Mociones contra el Ejecutivo De todos modos, por si alguien se había olvidado de los enfrentamientos internos en el Partido Laborista, los delegados en representación de los sindicatos lograron que se aprobaran dos mociones en contra del Gobierno. Una llamaba a detener el proceso de privatización de sectores del Servicio Nacional de Salud. La otra censuraba la poca atención que se viene prestando a las viviendas de protección oficial, si bien no competen al Ejecutivo. Blair y Brown habían presentado un futuro de reformas radicales, pero parte de la militancia ha acabado advirtiendo que no piensa asumir muchos más cambios. Está clara la línea roja entre nosotros y los tories dijo un dirigente sindical sobre los planes referidos a la sanidad. Estados Unidos, el Nuevo Laborismo pretende ser el estandarte de las reformas en Gran Bretaña, frente al conservadurismo tory E. J. BLASCO LONDRES. Bill Clinton no se ha querido perder la ocasión de participar en la despedida que el congreso del Partido Laborista ha dedicado a Tony Blair, meses antes de que el primer ministro británico abandone el cargo. En su intervención, Clinton animó a los militantes laboristas a proseguir la agenda de reformas de Blair y vino a respaldar de una forma indirecta la candidatura al liderazgo de Gordon Brown, cuya brillante visión para el futuro elogió. Clinton también agradeció a Blair su amistad personal en tiempos de sol y de tormentas y que haya preservado en todo momento nuestra vieja alianza trasatlántica El ex presidente norteamericano se refería, sobre todo, a los años en que ambos coincidieron al frente del Gobierno de sus respectivos países, pero con ello no dejaba de dar por buena la estrecha rela- ción que luego Blair ha mantenido con George W. Bush. En su llamada a mantener el programa del Nuevo Laborismo, advirtió que los laboristas deben evitar que los británicos den por garantizado que los cambios necesarios los seguirán aplicando los conservadores si llegan al Gobierno. Y si Clinton dejó el poder y pasó el testigo electoral a Al Gore, que perdió en las urnas frente a Bush, también podría ocurrir que el sucesor de Blair acabe vencido en las elecciones. La intervención de Clinton en el congreso tuvo lugar cuando el Partido Laborista aún seguía en la burbuja del