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30 Internacional JUEVES 28 9 2006 ABC TODOS SOMOS AZNAR ambién somos Ángela Merkel, aunque lo que me trae hoy aquí no es la férrea sensatez de la canciller alemana, sino lo último que ha dicho el ex presidente del Gobierno y la mano de palos que le han propinado el Gobierno Zapatero y la tropa de analistas que deambula por las diferentes tertulias. La canciller ha criticado la decisión de la Deutsche Oper de Berlín de retirar de la programación de otoño la ópera Idomeneo de Mozart, por miedo a los islamistas. Para quien no lo sepa, el montaje es una adaptación sui géneris de la obra original, dedicada a la relación del ALFONSO hombre con los dioses, ROJO en la que se incluye una escena en la que aparecen las cabezas cortadas de Jesús, Mahoma, Buda y Neptuno. La directora de la ópera ha tratado de justificar su timorata medida, alegando que a mediados de agosto recibió una llamada amenazadora, a lo que Merkel ha replicado rotunda: Tenemos que tener cuidado de no dejarnos intimidar por la violencia radical; no es tolerable una autocensura por miedo Ya me gustaría que entre nuestros políticos abundaran personajes capaces de identificar el problema y de llamar a las cosas por su nombre. Por eso me ha encantado lo de Aznar y eso que el ex presidente no figura en el panteón de mis héroes y me resulta bastante antipático. Preguntarse en voz alta, la razón por la que Occidente siempre debe pedir perdón y los islamistas nunca o subrayar que unos pueden permitirse el lujo de agredir y asesinar en nombre del fundamentalismo, y tú siempre tienes que disculparte, es tan obvio, tan de sentido común, tan evidente, tan natural, que hace sonrojantemente ridícula la algarabía montada en torno a esas palabras. Se puede elucubrar sobre lo que habría sido España si la Guerra Civil del 36 la hubiera perdido el bando nacional y especular si habría seguido el derrotero de Rumania o el de Italia, pero respecto a la Reconquista no hay duda. Sugerir, como hace el docto Juan Luis Cebrián que sin la insidiosa Reconquista ibérica, podríamos haber asistido al florecimiento de una civilización mediterránea, ecuménica y no sincretista, en la que convivieran diversos legados de la cultura grecolatina, lo mismo que conviven hoy las dos Europas, la de la cerveza y el vino, la de la mantequilla y el aceite de oliva es una mamarrachada. Sin la Reconquista, en lugar de un presidente como Zapatero tendríamos a alguien como el sirio Assad, a un Rey como Mohamed VI o a un turco como Erdogan. Y en nuestros pueblos, las chicas irían con velo. Quizá por eso, al igual que Aznar, debo reconocer que yo soy un firme partidario de Isabel y Fernando. La joven teniente Emily J. T. Pérez se convierte en la primera mujer graduada por la Academia Militar de Estados Unidos que pierde la vida en combate durante un inevitable destino en la guerra de Irak T Pionera en West Point, baja mortal en Irak PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. La biografía de Emily Pérez es una triste combinación de primeras veces. Estudiante de sobresaliente y atleta extraordinaria, esta diminuta joven afroamericana se había convertido en la primera mujer de color con uno de los más distinguidos puestos de mando entre los cadetes de West Point, luciendo múltiples galones y condecoraciones sobre su uniforme gris. A sus 23 años, la segunda teniente Emily J. T. Pérez también se ha convertido en la primera mujer graduada por la Academia Militar de Estados Unidos que pierde la vida durante un casi inevitable destino en Irak. Además, Emily Pérez figura como la primera baja en combate sufrida por la joven promoción del Army que empezó sus estudios castrenses justo durante el verano del 11- S. Un grupo de cadetes decididamente ansiosos por no perderse la llamada guerra contra el terror. Pero a los que el entonces responsable de West Point, el general William J. Lennox, solía pedir que ejercieran paciencia estratégica Desde septiembre del 2001, la Academia Militar del Ejército de Tierra de EE. UU. ha perdido en diversas acciones a cuarenta graduados. Los padres de Emily J. T. Perez junto al féretro de su hija. Abajo, la militar con el uniforme de gala en West Point AP Honores militares Al mando de un pelotón sanitario de la Cuarta División de Infantería, durante un despliegue en la zona de Nayaf, el todoterreno de la teniente Pérez fue alcanzado de lleno por una bomba el pasado 12 de septiembre. Este martes, con todos los honores militares, Emily fue enterrada precisamente en el cementerio de West Point, con espectaculares vistas al río Hudson y entre decimonónicos héroes militares estadounidenses que difícilmente hubieran podido pensar que algún día una joven mujer negra tendría derecho a compartir ese exclusivo camposanto. De entre los cotidianos obituarios de militares del Pentágono muertos en Irak y Afganistán, la historia de la teniente Pérez destaca por los testimonios de sus compañeros que la recuerdan por su filantropía, carisma silencioso y determinación. Pero también porque ilustra no solo una maquinaria militar al límite sino también el creciente papel de las mujeres en uniforme dentro de zonas de combate teóricamente masculinas, sin olvidar el enorme atractivo de la vida castrense para familias con limitados recursos económicos. Las Fuerzas Armadas de Estados Unidos han perdido un total de sesenta y cuatro mujeres en Afganistán e Irak Desde el 11- S, West Point ha acumulado en diversas acciones cuarenta bajas mortales entre sus graduados En el 2001, Emily se graduó con honores de un high school público a las afueras de Washington, en una zona más bien famosa por agresivas bandas juveniles, miserias y droga. La joven había demostrado siempre un activo interés por las ciencias médicas. Llegado a presentarse como donante para un doloroso trasplante de médula antes de ser destinada a Irak. Además de actuar como educadora voluntaria de SIDA para la Cruz Roja. Pero la prometedora historia de esta hija de una familia de militares no ha tenido un final feliz al convertirse en la mujer número sesenta y cuatro de las Fuerza Armadas de EE. UU. que pierde la vida en Irak o Afganistán. Durante su funeral, familia, amigos y compañeros han recordado como Emily Pérez no era una persona de retaguardia. Como ha destacado Faith Bell, la esposa del reverendo de la iglesia baptista frecuentada por la joven teniente en Washington, una de las cosas importantes para ella no era el miedo a la muerte sino el miedo a no vivir Con el dinero recibido por la muerte de su hija en Irak, la familia de la teniente Pérez quiere dotar una beca para ayudar a jóvenes afro- americanas o hispanas que compartan la misma pasión que Emily por la medicina.