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4 Opinión JUEVES 28 9 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Sociedad, Cultura y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Nacional) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco G. Mendívil LA VERDAD SOBRE AFGANISTÁN E ZAPATERO INTRANQUILIZA pesar de los últimos acontecimientos, de gravedad creciente, protagonizados por ETA y sus entramados políticos y de kale borroka el presidente del Gobierno declaró ayer en el Congreso que mantenía sus planes, principios y expectativas sobre el llamado proceso de paz como cuando ETA anunció el alto el fuego. Probablemente, el jefe del Ejecutivo pretendía contrarrestar así el devastador efecto que ha tenido en la opinión pública la aparición estelar de etarras armados en un acto público al aire libre, con final de descarga de fusilería, así como el aumento espectacular de la violencia callejera. Es probable, por tanto, que Rodríguez Zapatero, negándose a mirar de frente la situación, confiara ayer en sustituir la notoriedad de esta triste realidad de violencia impune por un nuevo ejercicio de voluntarismo sobre las posibilidades reales de que esta teórica tregua desemboque en el fin de ETA. Sin embargo, lo grave para la sociedad es que el presidente del Gobierno manifieste en sede parlamentaria que su criterio sigue siendo el mismo que hace seis meses, como si nada hubiera pasado en este tiempo. Por lo pronto, Rodríguez Zapatero demuestra tener en poco aprecio las condiciones establecidas en la resolución aprobada por el Congreso de los Diputados en mayo de 2005, así como las que él mismo y su partido han ido asumiendo públicamente para garantizar a las víctimas y a la sociedad en general que el desarrollo de este proceso sólo tendría lugar en ausencia total de violencia terrorista. Si el presidente del Gobierno pretendía tranquilizar a alguien con su insólito acto de optimismo, ha conseguido lo contrario, es decir, extender la preocupación por un Gobierno petrificado en un discurso que ETA ha ido reventando poco a poco, a golpe de comunicado, hasta llegar a la lectura pública del comunicado en el que, con el punto final de siete tiros al aire, anunciaba su voluntad de continuar la lucha armada para conseguir la independencia. La peor noticia que podía recibir la opinión pública es que el presidente del Gobierno mantiene sus planes y expectativas intactos, a pesar de que ETA ha demostrado qué es y para qué le sirve una tregua. La voluntad inequívoca de los etarras es seguir la lucha armada. Sus objetivos siguen siendo la inde- A pendencia y la anexión de Navarra. Rechazan la ley de Partidos Políticos, el Estatuto y la Constitución. Es decir, rechazan, una a una, las condiciones que el Congreso de los Diputados aprobó hace año y medio para autorizar al Gobierno a dialogar con los terroristas. Incumplidas esas condiciones, no sólo es temerario que Rodríguez Zapatero diga que sus planes están intactos, sino incompatible con la autorización parlamentaria en la que se ha venido amparando para legitimar el proceso de negociación. Si este proceso arrancó con un comunicado de ETA que anunciaba el alto el fuego permanente este proceso ha de darse por terminado con el comunicado en que la banda manifestó que seguía con la lucha armada para alcanzar la independencia. En otro caso, Rodríguez Zapatero, más allá de nuevos actos de optimismo impostado, debería explicar por qué le sirve el primer comunicado etarra y no el último, y por qué ahora le parecen compatibles la extorsión, las amenazas y la violencia callejera con el diálogo con los terroristas. Comprenderá el presidente del Gobierno que si dice mantener sus expectativas como hace seis meses es porque considera asimilables por el proceso de paz todos y cada uno de estos actos de violencia, lo que, a su vez, legitima a Mariano Rajoy para pedirle que la firmeza a la que apeló ayer en el Congreso se traduzca en acciones concretas contra ETA y sus entramados, plenamente activos en manifestaciones, ruedas de prensa y kale borroka La política de declaraciones retóricas resulta ya ineficaz para sostener ante la opinión pública la viabilidad de este proceso de diálogo con ETA. La solución no consiste en aferrarse a un optimismo inverosímil, ni en confundir a la sociedad con la idea de que a la paz únicamente se llega a través de este proceso, de forma que quienes se oponen a él sólo buscan la vuelta del terrorismo homicida, porque las demás modalidades terroristas están actualmente activas. Semejante maniqueísmo, exhibido ya por el PSOE para imputar a Rajoy el probable fracaso de este proceso de negociación con ETA, no sólo inmoraliza aún más el discurso de los socialistas, sino que también hace más difícil la necesaria rectificación delGobierno y el reencuentro con el PP en el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo. TRAMPA PLURINACIONAL P OR la mañana, una enmienda de BNG al proyecto de ley del Estatuto de los Ciudadanos Españoles en el Exterior sirvió al PSOE para admitir una definición de España como Estado plurinacional que choca frontalmente con la Constitución. Pocas horas después, llegaba el cambio de criterio- -obligado por la gravedad de lo aprobado- -y el anuncio de que el texto será corregido en fases ulteriores del procedimiento legislativo. Bien está la rectificación, pero sería mucho mejor reflexionar y detenerse un momento a pensar antes de cometer errores de este tipo, que serán siempre aprovechados por el nacionalismo radical, en un contexto tan complejo como el actual. Zapatero impulsa una política de mutación constitucional, en virtud de la cual el Estado autonómico se desliza hacia un esquema vagamente confederal. El reconocimiento de Cataluña como nación en el preámbulo del Estatuto y de sus símbolos propios como nacionales es fiel reflejo de esta concepción. En el fondo, las trampas semánticas esconden un fraude a la Constitución que se ve modificada en aspectos sustanciales sin seguir el procedimiento previsto en el Título X, que exigiría el acuerdo del PP y, en casos tan trascendentes, la disolución de las Cámaras y un referéndum obligatorio. Dadas las circunstancias, la téc- nica parece consistir en dejar de lado la Norma Fundamental y adaptar poco a poco el ordenamiento jurídico a un plan político que nadie ha sometido a la decisión de los ciudadanos. La idea de nación no es una cuestión teorética como decían los expertos del Gobierno en su dictamen sobre el proyecto del Estatuto catalán. Un Estado plurinacional conlleva la aceptación de una diversidad de poderes originarios, en contra de la rotunda expresión del artículo 1.2, según el cual la soberanía nacional reside en el pueblo español del que emanan los poderes del Estado El modelo territorial vigente está fundado sobre la base de que autonomía no es soberanía (como dijo el TC desde sus primeras sentencias) El singular esquema que están poniendo en marcha el PSOE y sus socios implica reconocer que ciertas comunidades tienen derecho a decidir sobre su futuro, de modo que se diluye el principio sustancial según el cual España es la única nación y el pueblo español, el único poder constituyente. Es lógico que el PP anunciara su recurso ante el TC aunque, por fortuna, parece que no será necesario. Los emigrantes sienten su españolidad desde la lejanía y no sería justo utilizarlos como pretexto para introducir principios contrarios a la Constitución y a la realidad social. STE mes de noviembre se cumplirán cinco años de la caída del régimen talibán y la Alianza Atlántica todavía no ha podido extender su presencia a todo el territorio afgano debido a la morosidad y a las reticencias políticas de muchos países miembros. Por el contrario, los grupos de terroristas que permanecían agazapados han aprovechado el tiempo para reconstruir sus redes y se han convertido en un adversario activo y letal. Prácticamente no pasa un solo día sin que lleguen noticias de un ataque suicida o una emboscada contra las fuerzas de la OTAN. Por su parte, el Gobierno afgano que preside Hamid Karzai no ha logrado consolidar su autoridad sobre los viejos señores de la guerra ni las mafias que han extendido el tráfico de droga hasta cotas inéditas. Ante la lentitud con la que se consolidan los trabajos de reconstrucción, la población pierde poco a poco su confianza en la capacidad de las fuerzas occidentales de llevar estabilidad y progreso a este atormentado país. Las tropas de la OTAN han logrado recientemente importantes victorias tácticas durante su despliegue en el sur del país, pero sería un error considerarlo un elemento tranquilizador. En realidad, el jefe supremo aliado, el general Jones, tuvo que hacer una petición urgente de refuerzos ante la intensidad de la resistencia que oponían los talibanes, a la que afortunadamente Polonia ha respondido con el envío de un batallón de reserva. En Afganistán, la experiencia nos demuestra que todo lo que podemos esperar es que las cosas empeoren, a no ser que los países aliados estén dispuestos a cumplir con su deber. Debemos ser conscientes de que nuestra renuncia a llevar a cabo con éxito la misión de estabilización a la que nos hemos comprometido llevaría consigo la victoria de las fuerzas que nos han declarado la guerra. Los terroristas talibanes no hacen distinciones entre los soldados que forman parte de una misión con respaldo primigenio de la ONU o los que no, ni entre norteamericanos o europeos. Si en algún momento el Gobierno pretendió compensar su actitud en Irak trasladando su compromiso a Afganistán en busca de una misión menos espinosa, ya ha visto que fue un gesto inútil, puesto que mientras en Irak la situación ha derivado hacia un conflicto civil en el que las tropas extranjeras no son ya el objetivo prioritario de la violencia, en Afganistán la situación se ha tornado muy compleja y el peligro recae directamente sobre las fuerzas de estabilización, incluidas las españolas por más que se insista en que operan en zona tranquila El Gobierno haría bien en explicar con claridad cuanto antes la necesidad de nuestra presencia allí, antes de que los acontecimientos acaben por minar el apoyo político y social que esta misión requiere, y debe dejar claro que en Afganistán se combate contra el terrorismo y por la defensa de la libertad de nuestras sociedades.