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62 Cultura MIÉRCOLES 27 9 2006 ABC AP REUTERS El Museo Munch expone la Madonna y El grito antes de restaurarlos tras su robo Según adelantó en rueda de prensa Ingebjörg Ydstie, directora del Museo Munch de Oslo, desde el miércoles 27 y durante cinco días consecutivos los ciudadanos y turistas noruegos podrán admirar los cuadros Madonna y El Grito antes de que sean restaurados. La inesperada exposición se debe a la enorme demanda del público por ver el estado en el que se encontraron esas pinturas tras el robo del que fueron objeto y el hecho de que su puesta a punto tardará, como mínimo, un año. Para dar ocasión a todos los interesados a visitar el museo se mantendrán abiertas sus puertas desde las diez de la mañana hasta las siete de la tarde, informa Carmen Villar Mir. Entre 20 y 30 personas por vez podrán acceder a la sala donde se exponen las pinturas, que, dados los daños que han sufrido, deberán permanecer en posición horizontal en unas vitrinas dotadas de condiciones térmicas especiales. FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN Steve Buscemi y Lola Dueñas: otro tándem para el premio de interpretación Delirius de Tom DiCillo, y Lo que sé de Lola de Javier Rebollo, le devuelven el buen tono a la sección oficial de competición b La película de Rebollo es rara, la cuenta un fulano que parece que se hubiera caído de un ovni y le permite a Lola Dueñas hacer una buena jugada por su banda E. RODRÍGUEZ MARCHANTE SAN SEBASTIÁN. La sección oficial vuelve al primer plano del programa con dos películas, una más o menos americana, de Tom DiCillo, y otra más o menos española, de Javier Rebollo. Delirius está protagonizada por Steve Buscemi, que es un tipo que no se refleja en los espejos y que tiene un don especial para enturbiar el aire que le rodea; Buscemi es un actor grande, de boca grande y ojos grandes, y cuando interpreta un personaje, sea cual sea, siempre dará la impresión de que se ha colado sin pagar en la película y que, además, se va a comer los bocatas del catering Algo completamente distinto ocurre con Lola Dueñas, también protagonista, pero de la otra película, Lo que sé de Lola donde es ella quien lo da todo, como casi siempre que esta actriz aparece en una pantalla. DiCillo es un cineasta neoyorquino que sabe retratar esa ciudad muy a ras de suelo y encontrar allí, al pie justo de las cloacas, algunos de sus personajes, pero esencialmente a Les Galantine, un fotógrafo de famosillos que logra re- unir en sí mismo todo el catálogo de las peores cutrerías de la profesión periodística, desde el coleccionismo de canapés y bocadillos en las fiestas (a las que no le han invitado) hasta la rapiña, el chantaje, la mentira y el pisotón a su Steve Buscemi y Tom DiCillo, protagonista y director de Delirius TELEPRESS propia abuela con tal de obtener una exclusiva de tercera categoría. No es difícil partirse de risa viendo a este Les Galantine, con la cara de pez abisal enfermo de Buscemi, con su traza de haber conseguido salir de la lavadora mientras centrifugaba y con ese perpetuo gesto de acidez de estómago, ni es difícil entender la soledad, la fragilidad de ese perdedor absoluto que recuerda al Dustin Hoffman de Cowboy de medianoche De todos modos, y a pesar de la sordidez, DiCillo nos endosa un cuento de hadas, la tópica transformación de la rana en príncipe, un personaje que interpreta Michael Pitt. Aunque lo importante es lo otro, lo sórdido, el reflejo de una ciudad gris, una sociedad ridícula, una profesión de válgame Dios y unos famosos para venderlos al peso a una hamburguesería. La película de Javier Rebollo es rara, pues nos la cuenta un fulano que parece que se hubiera caído por la ventanilla de un ovni, que vive con su madre y que observa el mundo con cara de panecillo recién hecho. Lo que sabemos de Lola, una vecina que pasa por su vida como el AVE por algunas estaciones, lo sabemos por él: la vigila como si fuera un ángel y nos relata (mientras lo vemos, en un discreto efecto de reverberación) cada uno de los pasos, tropiezos, en realidad, de la expresiva Lola, una manchega en París y sin brújula. Probablemente es una historia de amor inexpresivo, o inexpresado, que transcurre con la propia lentitud de la mirada de él (el actor francés Michael Abiteboul) y que nos describe al tiempo y de un solo golpe la mujer mirada y el ojo que la mira, además de permitirle a Lola Dueñas hacer una buena jugada por su banda. Huele a gol.