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ABC MIÉRCOLES 27 9 2006 Madrid 47 MADRID AL DÍA BAROJA RAMIRO BUENO George Michael, durante el concierto de anoche en el Palacio de los Deportes, dentro de su gira internacional 25 live EFE George Michael, arrebato soul TEXTO: J. LILLO MADRID. No parece estorbarle la madurez a George Michael para reinterpretar, como anoche hizo en el Palacio de los Deportes, el papel de estrella del pop más exuberante y desinhibido del último cuarto de siglo. El divo británico eligió una enorme pantalla de vídeo- -torrencial lengua de imágenes que lamía sus pies y sus canciones- -como escenografía de un espectáculo en el que quiso dar vida a un personaje, principal, de aquella vieja MTV frente a la que bailaba en masa una audiencia hoy fragmentada y más pendiente de las señales intermitentes de internet que de una machacona mitología programada a golpe de video- clip. Cuajado de números 1, el repertorio del fundador de Wham! no ofreció dudas a ninguno de los fieles- -no había butacas para la disidencia; todos de acuerdo a la hora de aplaudir- -que llenaban el auditorio madrileño. La única incógnita era comprobar la capacidad del astro londinense para recuperar a sus años y en directo el papel que hizo célebre hace ya más de dos décadas. Prueba superada por un artista que regresa a los escenarios para ofrecer una versión prácticamente íntegra de lo que un día fue, infrecuente exhibición de fuerza en un mercado en el que la nostalgia suele servir de amparo a la ruina. Contribuye a esta creíble resurrección de George Michael la versatilidad del pop- -sin prejuicios, sin etiquetas- -para amoldarse a los distintos estados de ánimo y a las velocidades que movilizan al público. Desde muy joven, cuando compuso Careless Whisper y la editó al margen de Wham! George Michael supo explotar el seductor atractivo de las baladas arrebatadas, piezas que no ha dejado de combi- nar a lo largo de su carrera con números de baile igualmente desmelenados y, en su versión videográfica, plásticamente lujuriosos. Anoche, cosas de la edad, le ganó la partida el soul sosegado e intenso de Father Figure o Praying For Time al sonido discotequero de Too Funky y al rock, herencia de Elvis, de Faith Tiene tanto donde elegir George Michael en su propio catálogo de clásicos que, mientras envejece, no tiene más que recurrir al taburete que de vez en cuando saca a escena para sentarse y dar vida a otro personaje, ese afectado crooner que lleva dentro, bajo la luz de los focos y sin necesidad de recordar, sobre una pantalla LED, al viejo héroe de la televisión de los años ochenta. Por lo visto anoche, todavía sigue siendo aquél. Puro y sin remezclas. aroja es un camino- -de perfección o imperfecto- a la lectura durante la adolescencia y un volver a él desde cualquier edad o desde la última vuelta del camino. En su primer libro, Vidas sombrías, ya aparece Madrid y un concepto de la existencia triste y absurdo. Un pesimismo influenciado por Schopenhauer y una rebeldía en contra de lo establecido. Fue Don Pío un tipo solitario e independiente, que enojó a tirios y troyanos. Tras una breve etapa ejerciendo como médico en Cestona y algunos intentos en el periodismo y la política, se dedica a regentar una tahona de una tía suya junto a su hermano Ricardo en la capital madrileña. Un escritor con mucha miga le definió, jocosamente, Rubén Darío. Al cual se le contestó que el poeta nicaragüense era un literato con mucha pluma. O sea, un indio. Las huellas del Madrid barojiano aún permanecen. Los parajes del Viaducto, Las Vistillas, la Calle Atocha, El Rastro, y lo que entonces constituían los suburbios: Ribera del Manzanares o Cuatro Caminos. Por sus calles, casas y descampados, personajes y paisaje urbano se fusionan como en la trilogía de La lucha por la vida (La Busca, Mala Hierba, Aurora Roja) El árbol de la ciencia o en Las noches del Buen Retiro, por citar algunos ejemplos. Desde su casa de Ruiz de Alarcón, el escritor evoca sus recuerdos vascos y parisinos, escribiendo páginas sin apenas pausa, mojando en la tinta su sed aventurera. Lo suyo es una literatura de acción imaginada y sedentaria, renglones de otoño y niebla. Como mucho da un paseo por El Retiro, o marcha al Caserón familiar de Iztea para oxigenarse y seguir pergeñando tramas narrativas. Una narración a la que los exquisitos achacan despuntadas gramaticales en el hilo del tapiz donde va cosiendo con la pluma sus historias. Baroja, chamarilero del tiempo va recogiendo con notarial escepticismo lo que el mundo- -quien es ansí- deja y quita a cada ser humano, porque la vida siempre marcha, cicatera, hacia el punto final. Escritor de raza, enemigo de los dogmas, parece contarnos sus novelas en voz baja, de tú a tú. B