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ABC MIÉRCOLES 27 9 2006 Madrid 43 Un representante de joyería muere tiroteado en el Centro al resistirse a un atraco en la calle El agresor iba en moto con otro sujeto; se bajó, vació el cargador y le golpeó en la cabeza con el arma b Un joven se abalanzó sobre el atacante en un intento desesperado de ayudar a la víctima. Éste, sin munición, se subió al vehículo en el que le esperaba su cómplice y huyeron M. J. ÁLVAREZ MADRID. A tiro limpio. La sangre volvió a correr ayer en el distrito Centro de la capital. Esta vez, a plena luz del día y en presencia de numerosos testigos, vecinos, trabajadores que aún no habían acabado su jornada laboral, turistas, y demás público que abarrotaba una de las terrazas cercanas al lugar del suceso, en pleno corazón de Madrid, sin saber que iban a ser testigos de la última muerte violenta de la región, la número 48 en lo que va de año. El protagonista fue José Manuel Mateos Redondo, un representante de joyería de 59 años, natural de Madrid, casado y padre de familia. Los hechos se produjeron minutos antes de las ocho de la tarde, a la altura del número 13 de la calle de Isabel la Católica (paralela a la Gran Vía) situada entre Callao y plaza de España. No se sabe si el infortunado se disponía a realizar alguna visita más por la zona o se encaminaba a su almacén- -situado en la cercana calle de Silva- -para dar por terminados sus quehaceres y dejar la mercancía a buen recaudo. Un atraco cada tres días y grandes pérdidas Hartazgo, impotencia y descontento. Así se resume la situación en la que se encuentra el gremio de joyeros y plateros en la región. Lo sucedido ayer evidencia los riesgos que corren estos comerciantes derivados de la inseguridad a que hacen frente desde hace una década. Porque los problemas de este sector no son nuevos, aunque sí lo es el modus operandi de los delincuentes: han vuelto a actuar a punta de pistola, ejerciendo una violencia gratuita e inusitada, recuperando los métodos de actuación del periodo 1998- 2000, el más negro del sector, con 200 delitos anuales. Los robos con fuerza e intimidación fueron el modo de actuación hasta principios del año 2000, con asaltos en las viviendas de estos comerciantes incluidos, que culminaron en secuestros y en la primera víctima mortal- -un joyero que pereció descuartizado en un descampado en 1997- Todo ello llevó a estos trabajadores a organizarse y salir a la calle para reivindicar medidas contra la ola de asaltos. Los autores, de origen colombiano en su mayoría, usaban armas de fuego y blancas. A este periodo le siguió otro caracterizado por los butrones y por los asaltos a golpe de maza o alunizajes los métodos estrella. Los protagonistas: jóvenes marroquíes, suramericanos y del Este de Europa. bía atravesado la aorta y la vena cava, por lo que falleció a causa de una hemorragia masiva. Los otros le alcanzaron el abdomen, la ingle y los muslos. Le habían intentado atracar hacía tan solo dos meses. Tampoco lograron su objetivo, aunque le abrieron la cabeza, explicó el presidente del Gremio de Joyeros Armando Rodríguez a ABC. Corren malos tiempos para este negocio, hay mucha inseguridad había dicho a sus colegas en el reciente certamen de Iberjoya. Ayer se repitió el guión, aunque está vez no lo ha podido contar. ¿Se trata de los mismos individuos? Quienes vieron al homicida explicaron que tendría unos 35 años y la tez morena. Parecía suramericano Los maletines y su coche, un Clio, se quedaron en la calle hasta que se los llevaron los agentes de la Policía Nacional, que investiga el caso. El último joyero asesinado fue Antonio Sancho Arevalillo durante un atraco en su joyería de Móstoles el 9 de junio de 2005. El Samur logró reanimarle de la parada pero pereció en el hospital AYUNTAMIENTO A cara descubierta y con un mono La espiral violenta se desató cuando la víctima estaba justo en la trasera del Teatro Lope de Vega y transitaba en dirección a la plaza de Santo Domingo. Dos individuos a bordo de una motocicleta se pararon a su altura. Mientras el que conducía el vehículo- -que llevaba el obligatorio casco- -se quedó esperando con el motor en marcha, el segundo, que vestía un mono azul e iba con el rostro descubierto, se abalanzó sobre el representante, que portaba una bolsa y un maletín, e intentó arrebatárselos. Éste se resistió cuanto pudo y se aferró con fuerza a sus pertenencias como si en ello le fuera la vida. Y le fue. Su reacción desató la ira del asaltante, quien, sin pensarlo dos veces comenzó a disparar. Una y otra vez. El ruido seco y sordo, que no cesaba, unido a los gritos, alertó a viandantes y residentes. En el suelo yacía, malherido Mateos Redondo, mientras su verdugo estaba encima de él. No se sabe bien qué ocurrió. O bien se le encasquilló la pistola o vació el cargador y se quedó sin munición. Ciego de ira, el atracador comenzó a golpearle en la cabeza con el arma. Un joven, que junto a un puñado de personas había presenciado la escena y estaba paralizado de terror, aprovechó para lanzarse sobre el agresor en un intento desesperado de ayudar a la víctima. Ante ello, el delincuente optó por abandonar el lugar La Policía inspeccionó el lugar en busca de pruebas durante horas FRANCISCO SECO Varios testigos, armados con palos, salieron detrás de los dos asaltantes, que se fugaron calle abajo El homicida, pistola en mano, intimidó a lo largo de su recorrido a los viandantes para que no le cerraran el paso junto a su cómplice, a bordo de la moto. Iba de pie, pistola en mano, intimidando a los viandantes para que no les cerraran el paso. Al llegar al final de la calle, el sentido de la marcha obligaba a continuar por Gran Vía pero, temerosos de que su huida fuera interceptada, optaron por seguir en sentido con- trario por Leganitos (donde está la comisaría del distrito) mucho más estrecha indicó Jesús Sánchez, empleado en un edificio cercano. Ahí un vehículo bloqueaba el tránsito, por lo que se subieron a la acera y circularon en sentido contrario. Todos les abrían el paso, asustados, y la gente que estaba en la terraza se refugió en un callejón cercano indicaron otros testigos. Varias personas, entre ellas una de color, provistas de palos y de otros objetos contundentes salieron corriendo detrás, pero no pudieron darles alcance. Hasta el lugar se desplazaron varias UVIS del Samur- Protección Civil. La víctima estaba en parada y había sido alcanzado por, al menos, tres disparos, aunque tenía seis heridas de bala. Los sanitarios estuvieron tratando de reanimarle por espacio de media hora y, en estado crítico, le trasladaron hasta el Clínico, en donde pereció en la mesa de operaciones, según fuentes de Emergencias Madrid. Uno de los tiros le ha-