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ABC MIÉRCOLES 27 9 2006 Internacional 35 BUENISMO FRENTE A ISLAMISMO ayan a ver World Trade Center la epopeya del 11- S filmada por Oliver Stone que se estrena en España pasado mañana. Es un monumento al relativismo y el buenismo que imperan en nuestros días. Es un perfecto retrato de la decadencia de nuestra sociedad. Claro que no cabía esperar menos de un director con tantos recursos como Stone, una de cuyas últimas obras fue una hagiografía de Fidel Castro, financiada por dos de los apellidos más ilustres de las finanzas y la banca europeas. A riesgo de parecer cinéfilo, lo que no soy, RAMÓN me atrevo a decir que la PÉREZ- MAURA nueva película de Stone, WTC es una epopeya de admirable factura sobre la capacidad de superación del hombre ante una adversidad casi infinita. La capacidad de resistencia de dos policías bajo los escombros de las torres merece un homenaje tan grande como éste- -si no superior. Mas el fraude de Stone resulta evidente desde la primera imagen. Quienes hayan visto United 93 la película- -casi documental- -de Paul Greengrass sobre el 11- S, estrenada a principios de este mes, recordarán que la primera escena de ese film retrata al terrorista que va a derribar el vuelo que da título a la obra orando y encomendándose a Alá para que le dé su protección y ayuda en la matanza que piensa perpetrar. Es decir, el causante del mal está perfilado desde el primer minuto. No esperen ver nada parecido en las dos horas de sobrecogedora narración de Stone. En su película sólo hay buenos. La caída de la torres fue como el tsunami de Indonesia: llegó por mandato divino. No había nada que pudiera hacerse para impedirlo ni ningún ser humano que fuera responsable de ello. Ni una vez en todo el largometraje se escucha o lee en los créditos las palabras Osama bin Laden Al Qaida islamistas o incluso musulmanes o árabes La lucha de los dos policías interpretados por Nicolas Cage y Michael Jimeno se da frente a un mal que surgió de ninguna parte. Sólo en una escena, unos 35 minutos después de empezar la película, cuando ya han caído las dos torres, se da un ataque de furia de un policía frente a una pantalla de televisión. El agente, fuera de sí, grita ¡Hijos de puta! -en inglés Bastards! quién sabe cómo lo traducirán. Es un insulto dirigido a la nada. Nadie es presentado como recepetor de esa furia que el 11- S debió tener un papel muy superior en Nueva York y en todo el mundo del que se le concede en la película. La obra de Oliver Stone tiene garantizado el éxito. Capta la atención del público, refleja de forma vívida la labor de los héroes de ese día y da a nuestra sociedad lo que más quiere: la convicción de que la existencia del mal- -mencionado de forma tangencial en los créditos- -es algo que no conviene mencionar demasiado. O, mejor, nunca. V El presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, durante un acto en el Palacio de Planalto de Brasilia REUTERS Lula se perdona a sí mismo y desvía el escándalo hacia sus colaboradores Los militares tercian en la campaña y critican la corrupción b El Tribunal Electoral da de plazo al presidente hasta el lunes, un día después de las elecciones, para que se defienda del escándalo del dossiergate CARMEN DE CARLOS ENVIADA ESPECIAL SAO PAULO. Lula está dispuesto a todo para salvarse y lograr la reelección este domingo. El presidente, acosado por el último escándalo de corrupción que provocó la destitución de sus más estrechos colaboradores, ha encendido el ventilador. Los primeros en recibir los aires fétidos de lo que se ha bautizado como dossiergate o compra de carpetas sucias de la oposición, son los mismos que hasta hace unas semanas formaban su círculo íntimo: el titular del PT y ex jefe de campaña, Ricardo Berzoini; los asesores presidenciales Freud Godoy y Osvaldo Vargas así como, entre otros, su íntimo amigo Jorge Lorenzzetti. Contra reloj, Lula hace lo imposible para convencer al electorado de que también es inocente del segundo gran escándalo de su Gobierno. Del primero salió indemne al alegar desconocimiento absoluto del mensalao es decir, del sueldo extraoficial adjudicado a legisladores de la oposición para que aprobaran las leyes difíciles de su Administración. De éste, con reminiscencias semánticas al watergate alega la misma ignorancia sobre la más alta trai- ción de una banda de locos Considerado el jefe de la misma por sus adversarios, Lula compareció los últimos días ante cuanta emisora de radio pudo para poner a prueba, una vez más, el efecto teflón del que goza su figura. Como una sartén nueva, según los sondeos, no se le pega lo suficiente la comida (podrida) del dossiergate calificado por él mismo como esa barbaridad por la que tendrán que pagar los responsables. El demente de Berzoini Entre los dementes mencionados apuntó a Berzoini, pero se cuidó mucho de que su propio nombre pudiera estar próximo al manicomio que trabajaba para su reelección. En ese contexto se resistió a reconocer algún error. No me equivoqué al elegirlos. Hay tanta gente que después de un año de matrimonio descubre que su mujer no es la ideal y han estado seis, siete, ocho, nueve o díez de novios... Así es la vida, son cosas de la vida dijo. Pero mientras Lula se perdona a sí mismo y condena a los suyos, el Tribunal Electoral le puso de plazo has- El presidente se resiste a reconocer algún error y compara la elección de sus colaboradores con el matrimonio ta el lunes, día siguiente de las elecciones, para que haga su descargo sobre lo que él niega: su presunta participación en el dossiergate El carpetazo saltó el 15 de septiembre cuando dos miembros del PT fueron detenidos mientras negociaban la compra de archivos que, supuestamente, recogían los trapos sucios del candidato a la Presidencia, Geraldo Alckmin y de Jose Serra, actual alcalde de Sao Paulo y candidato a la Gobernación, que encabeza todos los sondeos. En este ambiente de caldera en ebullición nuevos participantes se sumaron las últimas horas a la campaña. Uno de ellos con efecto poco favorable para Alckmin, el candidato de su partido: Fernando Henrique Cardoso. El ex presidente, con mala reputación en Brasil y excelente en el exterior, se refirió a Lula en los siguientes términos: No es Cristo, es el demonio El presidente se había referido a Berzoini como su Judas Entre el cielo y la tierra de los candidatos, las Fuerzas Armadas, por medio de los generales retirados, salieron a pegar- -en sentido figurado- -un tiro al aire de Lula. En un comunicado firmado por el general brigadier Gilberto Figueiredo y el almirante José Julio Pedrosa, habituales portavoces de sus compañeros de armas en ejercicio, advirtieron: Se torna evidente que la corrupción no actúa sólo como forma de beneficiar personas, sino que se transforma en factor de conservación del poder