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38 Internacional MARTES 26 9 2006 ABC OSCAR RODOLFO CASTAÑEDA Director de Radio 10 en Guatemala Ser periodista en el tercer mundo es una profesión temeraria Tras denunciar la corrupción en importantes grupos económicos guatemaltecos, empezó a sufrir amenazas de muerte. El pasado sábado uno de sus comentaristas fue víctima de un atentado. El periodista intenta ahora hacerse oír por el mundo TEXTO: JÚNIA N. GAMA FOTO: ÁNGEL DE ANTONIO MADRID. Hablar de evasión de impuestos cavó tu tumba. Tienes ocho días para dejar el país. Un día después de haber recibido estas amenazas por medio de una llamada en directo mientras presentaba un programa en la radio, Oscar Castañeda conoció la noticia de que uno de sus columnistas, Vinicio Aguilar, había sido tiroteado mientras hacía jogging El director de Radio 10 ha sacado a su familia de Guatemala y ahora está en Madrid, empezando una peregrinación en la que desea alertar al mundo del estado de los medios de comunicación en su país. Castañeda denuncia que la prensa allí padece de un miedo crónico, resquicio de los casi 40 años de guerra civil, y que se ha prostituido por cuenta de intereses económicos. ¿Cree que el Gobierno consiente la censura en los medios? -Este Gobierno, presidido por Óscar Berger, es un Gobierno de empresarios. El país está sometido por el poder económico. La oligarquía instrumentalizó el Ejército durante la guerra y ahora lo está haciendo con el Estado. El fiscal general y jefe del Ministerio Público es un ex abogado de ese grupo económico, responsable del 80 por cien- to de la producción de pollo del país, que es muy importante en Guatemala. Además, es el grupo más grande en evasión de impuestos. Ellos son el poder paralelo. Los que se sienten y actúan como dueños del país. ¿Por qué Radio 10 fue el único medio guatemalteco en denunciar la corrupción de estos grupos? -Hemos decidido utilizar una inmediatez que no fuera sometida al análisis de los editores. Nuestra línea editorial nos es suceptible de censura. Somos independientes para todos los temas. Eso nos generó dos situaciones: por un lado, mayor audiencia. Por otro, denuncias, persecución, amenazas de muerte, interferencias en la señal y embargos económicos. Los medios en Guatemala no responden a ideología, sino a facturación. Se han prostituido. Así como me amenazaron, lo han hecho con otros, pero la mayoría prefiere optar por la comodidad y callarse. -Frente a las amenazas, ¿piensa usted salir de Guatemala? -No, ahora menos. Porque hay mucha gente que está viendo que sí hay la posibilidad de que haya un periodismo independiente. Obviamente, hay que luchar por él, pero ahora es el mo- mento de no ceder y la estrategia de comunicación que he seguido es estar aquí, haciendo valer nuestra voz fuera del país. Muchos medios internacionales han publicado noticias sobre nuestro caso, pero en Guatemala, ninguno. La solidaridad de la prensa en Guatemala, a nivel de directores y propietarios, no existe. Yo podría negociar y eso resolvería mis problemas, pero la lucha por la libertad de expresión supone algunos sacrificios. ¿Las organizaciones de protección a los periodistas tienen un papel efectivo en esos casos? -He recibido un respaldo solidario importante de estas organizaciones. En Guatemala, la Asociación de Periodistas ha tomado el caso y lo ha denunciado, pero no ha surtido efecto, ya que los medios están todos manejados. La Procuradoria de los Derechos Humanos, al conocer nuestro caso, hizo una solicitud a la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA que, ante la evidencia, solicitó al Estado de Guatemala que brinde medidas cautelares para garantizar el libre ejercicio de los derechos fundamentales y que proteja la vida de Vinicios Aguilar y la mía. ¿Qué cree que hizo el Estado? Na- Oscar Rodolfo Castañeda da. No he recibido ningún tipo de apoyo interno de Guatemala. ¿Cómo ve la libertad de expresión actualmente en relación con el período de la guerra civil en su país? -Durante la guerra la prensa tomó una decisión muy cómoda: la autocensura, por supervivencia. Hoy la prensa está secuestrada, existe una actitud de autocensura, porque es preferible hacer negocio. No es lo mismo hacer periodismo que ser una empresa mercantil de noticias. Los medios en Guatemala comercian con la información. Por lo tanto, no hay libertad de prensa. ¿Vislumbra usted alguna solución para la censura en las frágiles democracias de Latinoamerica? -La solución tal vez no sea a corto plazo. Es como construir una catedral, estamos poniendo ladrillos. Hay que consolidar la unificación de criterios. Los medios tienen que decidir si están al servicio de la sociedad o sirviéndose de ella.