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28 Nacional EL DRAMA DE LA INMIGRACIÓN MARTES 26 9 2006 ABC El único agente de este pueblo de Guinea Bissau patrulla con su vieja escopeta y su linterna para evitar que salgan cayucos. Varela, ciudad (casi) sin ley, tampoco está tan concurrida por candidatos a emigrar Feliciano, el policía de Varela TEXTO Y FOTO: LUIS DE VEGA, ENVIADO ESPECIAL VARELA (GUINEA BISSAU) Varela está casi incomunicada del resto del mundo desde que un día del pasado mes de julio el camión que llevaba varias toneladas de arroz hundió la pasarela de madera que hacía de cordón umbilical con la civilización. Nadie se ha encargado de sacar ese camión amarillo del cauce del río. Y lo que es peor, nadie se ha encargado de arreglar el amago de puente hecho de maderas y palos. Pura ingeniería africana. Si antes ya era un calvario el ir y venir- -cincuenta kilómetros hasta San Domingos que se hacen eternos- ahora todo ha empeorado. A pesar de todo, el Gobierno guineano asegura que este es uno de los puntos de salida de cayucos con emigrantes clandestinos desde su litoral hacia Canarias. También lo aseguran algunos testigos locales. Todos coinciden en que son pescadores senegaleses los que controlan el asunto. Y así lo reconoce igualmente el jefe local de Policía, Feliciano Paulo Sampa. Desde aquí es fácil salir porque no tenemos medios dice este agente de 30 años en el umbral de una casa que hace las veces de cuartelillo, a falta de algo mejor. Le acompaña una mujer ataviada con un vestido tradicional multicolor que dice que es también policía. Somos tres. Dos mujeres y yo asegura Feliciano. Pero la buena señora reconoce que en su vida ha pisado una academia ni ha empuñado un arma. A las ocho en punto de la tarde, con su camisa policial y sus pantalones de camuflaje, el solitario jefe se echa a patrullar campo a través en dirección a la playa. Alrededor, el ruido de miles de insectos se unen como auténticos cascabeles. Le acompañan su linterna, su oxidado kalashnikov y el paraguas para guardarse de la lluvia, que en esta época dibuja a menudo trazos de Venecia en el África tropical. Feliciano dirige hacia la zona donde los pescadores están dando por terminada su faena a la luz de las candelas. Algunos le saludan por su nombre. Las piraguas pintadas de colores- -más pequeñas que en Senegal- -observan mudas el paso del policía. Su paseo parece el cuento de la lechera. Si tuviera unos prismáticos si tuviera una piragua si tuviera un todoterreno y según lo dice se le ilumina el rostro. A pesar de todo, relata alguna que otra operación llevada a cabo con la ayuda de algunos vecinos que le soplan los movimientos de aquellos que quieren poner carretera y agua. Una noche me encontré a 15 senegaleses que venían preguntando por un compatriota. Estaban preparando el viaje Hasta aquí llegan todos los días ciudadanos de Senegal, Gambia o Guinea Conakry y yo les digo que han de regresar al lado senegalés explica en medio de la vegetación que se mete hasta dentro mismo del Su paseo es el cuento de la lechera. Si tuviera unos prismáticos si tuviera una piragua si tuviera un todoterreno mar. Y señala, sobre todo, el horizonte, por donde se le escapan con facilidad los que vienen a embarcar rumbo a España. Pero, a diferencia de lo que ha podido comprobar este periodista en lugares cercanos del litoral senegalés, en Varela no se atisba ningún movimiento de sin papeles ni nada que se le parezca. La localidad no es más que un poblado sin apenas vida. Hasta los apartohoteles Jordani, que unos italianos se atrevieron a levantar antes de la guerra civil de hace siete años, aparecen muertos de risa al pie de la playa. Abandonados del todo. Nos aseguran- -nosotros no lo vemos- -que en Varela hay incluso un coche, con el que tampoco se puede llegar muy lejos desde que el puente de madera pasó a mejor vida. No hay teléfono. Ni electricidad. Ni agua que no sea la del pozo, el mar, la lluvia o la importada en botellas del balneario portugués de Caramulo. Sólo el ruido de los generadores de corriente encienden algunas bombillas por la noche. Para no desentonar con sus vecinos, Feliciano Sampa no dispone de radio ni de ningún otro medio para contactar con sus superiores. ¿Y cómo lo hace? Por carta. Tres días tarda en llegar hasta la capital, Bissau, cualquier comentario que quiera hacer. Ante la insistente incredulidad del reportero, el policía admite finalmente la existencia de un pequeño locutorio en el pueblo... pero con la compañía senegalesa. Y claro, con un sueldo como el suyo de 20.000 francos al mes (30 euros) no va a pagar una llamada internacional. Sobre todo ahora que prepara su boda para el mes de diciembre. Feliciano Paulo Sampa posa con su anticuada arma y su linterna En búsqueda aún treinta inmigrantes fugados de un centro tinerfeño, según los sindicatos E. CALVO A. GARCÍA LAS PALMAS. Las instalaciones de internamiento canarias albergaban ayer a 8.849 inmigrantes. A pesar de que se han incrementado los traslados, seguimos saturados afirmó Juan Pablo González, responsable regional del Sindicato Unificado de la Policía (SUP) La falta de medios y el colapso han provocado la fuga de muchos subsaharianos apuntó segui- damente. Aunque la Delegación del Gobierno no lo reconozca, más de un centenar ha conseguido escapar y más de treinta continúan fugados Los indocumentados abandonan los centros desde que se han retomado las repatriaciones a Senegal La mayoría se queda por los alrededores de la zona de Las Raíces, pero algunos tienen conocidos en el sur y les ayudan a esconderse Por otra parte, el presidente canario, Adán Martín, manifestó ayer su disconformidad respecto a las críticas del ministro de Justicia, quien acusó al Gobierno regional de tratar con demagogia la inmigración y no ofrecer soluciones. El líder de CC, Paulino Rivero, vinculó estas críticas con un lavado de imagen para tranquilizar al conjunto de los españoles, que ya ven en este asunto su mayor preocupación. Rivero hacía estas declaraciones en un día que dejó tres cayucos en Fuerteventura con 113 inmigrantes a bordo. Al litoral de Almería llegó otra con 33 magrebíes, de los que 22 son menores.